Conspiración contra la causa palestina

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Por Camilo Torres Perl *

“Existe una conspiración de Estados Unidos e Israel para acabar con la causa palestina”. Esta es la acusación que desde meses atrás voceros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) han pronunciado en diversos foros y medios de comunicación: lo han repetido desde su Presidente Mahmoud Abbas, hasta su recientemente nombrado Primer Ministro, Mohammed Shtayyeh.

¿Cuál es la causa palestina que defienden los dirigentes de la ANP y cuál es la conspiración que denuncian? Hablemos primero de la conspiración.

Desde el inicio de su mandato, Donald Trump nombró a Jason Greenblatt y Jared Kushner como responsables de desarrollar un plan de paz para, una vez más, intentar dar por terminado el conflicto israelí-palestino. A este plan la administración Trump lo ha llamado “El Acuerdo del Siglo”.

Sin entrar en detalles, la propuesta tiene, a mi entender, dos ejes principales: establecer el compromiso de los principales países de la región para lograr el acuerdo y, por otra parte, minimizar los escollos que impidieron llegar a acuerdos anteriormente.

En las negociaciones de Camp David de julio de 2000 -auspiciadas por el entonces presidente Bill Clinton- Ehud Barak, el entonces Primer Ministro de Israel, propuso una solución territorial en firme (que incluía la partición de Jerusalén) para la creación del Estado Palestino, y ésta fue rechazada debido a que, según testimonio de Clinton, Yasser Arafat aseveró que la propuesta no solucionaba la situación de los “refugiados” y su derecho al retorno.

Dicho en otras palabras: Arafat deseaba que se crease el Estado Palestino, pero que los entonces casi cuatro millones de refugiados, según la descripción de la UNRWA, se volviesen ciudadanos israelíes si así lo deseaban. Es decir, Arafat pretendía no solo la creación de un Estado Palestino, sino dos estados con mayoría árabe a medio plazo.

La descripción de refugiado palestino de la UNRWA (la cual fue creada para durar un año y ya cumplió 69 de actividad) ha perpetuado su estatus de refugiado y además,  como caso único en el mundo, lo ha vuelto hereditario, contraviniendo todos los tratados internacionales sobre los refugiados. Por ello, en lugar de haber sido una solución, ha sido un multiplicador del padecimiento de una buena parte de árabes palestinos, que por cuarta o quinta generación, siguen viviendo en campos de refugiados en países árabes sin que tengan derecho a la nacionalidad del país donde nacieron.

Ante esto, la administración Trump ha cortado los fondos que transfería a la UNRWA y ha declarado que por refugiado palestino se deberá contabilizar únicamente a aquellos que se circunscriban como tales según el derecho internacional, y no según la descripción de la UNRWA. De esta manera, los refugiados palestinos no superarían los cien mil, según varias estimaciones.

Otro de los escollos con el cual las negociaciones anteriores se toparon fue la división de Jerusalén. En este sentido, la administración Trump parece haber dado un claro mensaje cuando trasladó su embajada a Jerusalén y al haber cerrado su consulado en Jerusalén del Este. Jerusalén como capital para dos estados quedaría fuera de discusión.

Sin embargo, la mayor “amenaza” a la “causa palestina” viene del giro que han dado los principales actores de Medio Oriente con respecto a su postura tradicional frente al conflicto israelí-palestino Trump, junto a su equipo encabezado por Greenblatt/Kushner, ha entendido que sin el apoyo de los principales actores de la región, ningún acuerdo sería viable a largo plazo.

En estos dos últimos años, Greenblatt y Kushner han recorrido intensamente la región buscando convencer a los países claves para que comprometan su apoyo a esta nueva propuesta.

Además de las múltiples declaraciones de dirigentes y líderes de varios países de la región, con las cuales han dejado entrever su apoyo o al menos su favorable expectativa al nuevo plan, la más importante muestra de interés en el plan Trump ha sido la asistencia de más de setenta delegaciones de países y organismos internacionales al Taller “Paz para la Prosperidad”, convocado en Bahréin entre el 25 y 26 de junio pasado.

Entre los más importantes asistentes estuvieron las delegaciones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Marruecos, Qatar, FMI, etc.

A partir del desarrollo de este Taller y la asistencia de representantes de las principales potencias de la región, la dirigencia palestina ha hecho airadas declaraciones y con mayor fuerza ha denunciado la mencionada “conspiración” contra la “causa palestina”.

Me referiré ahora a la “causa palestina” defendida por la dirigencia de la ANP. El ente fue fundado a raíz de los tratados de Oslo de 1993, en los cuales se conformó y reconoció a la ANP como legítima representante de los árabes palestinos y a la cual le fueron encomendadas las tareas de administrar los territorios asignados bajo su responsabilidad, así como de liderar el proceso para llegar al establecimiento del Estado Palestino.

Esta dirigencia, lastimosamente, “no ha perdido la oportunidad de perder una oportunidad”. No solo que no frenaron a los grupos violentos, como se comprometieron en los Tratados de Oslo y para lo cual fueron armados y entrenados tanto por Estados Unidos como por Israel, sino que alentaron a las organizaciones terroristas y las utilizaron cada vez que querían presionar a Israel o alejarse de las negociaciones, tal como sucedió con el estallido de la Segunda Intifada.

No solo que en el sistema educativo palestino y en todos los medios de comunicación bajo su responsabilidad se demonizan tanto al estado de Israel como al pueblo judío, sino que además, la ANP ha establecido un sistema de pensiones vitalicias para todo aquel que ejecute y/o planifique con éxito atentados terroristas contra civiles israelíes y producto de lo cual sea recluido en una cárcel israelí.

Mientras más años reciba como condena, es decir, mientras más violento y sanguinario haya sido el atentado, más alta será la pensión vitalicia para el perpetrador y su familia. Para este sistema de pensiones del terror, se estima que la ANP destina aproximadamente trescientos millones de dólares anualmente, un 7% de su presupuesto anual.

Los terroristas que mueran en atentados serán merecedores de múltiples actos conmemorativos así como de monumentos, estatuas y que sus nombres estén en calles, plazas, escuelas, estadios, etc. Con lo que serán “honrados” y recordados permanentemente por haber servido a la “causa palestina”.

Esta es la verdadera “causa palestina” contra la que Israel, Estados Unidos y cada vez más países árabes y musulmanes están “conspirando” para cambiar. Es decir, están buscando que el pueblo árabe palestino abandone el camino de la violencia y deje de lado su pretensión de destruir Israel y se centre en la opción de sentarse a la mesa de negociaciones, para encontrar un futuro de oportunidades sociales y económicas para que su sociedad progrese junto a un vecino, al cual no llegarán a amar pero, junto a quien deberán convivir civilizadamente y cooperar en la búsqueda de su bienestar.

Ahora le corresponde al resto de actores mundiales sumarse a esta “conspiración”, para que en un futuro próximo la dirigencia árabe palestina entienda que el camino de la violencia no la llevará a ningún lado y que únicamente la convivencia pacífica y tolerante le llevará a alcanzar la anhelada dignidad para el pueblo que representan.

Fuente: Aurora Israel


(*) Camilo Torres Perl –Director de Política y Comunicación de Israel Sin Fronteras

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

Crisis y redefinición del mapa de Medio Oriente

El Medio Oriente y particularmente la región del Golfo Pérsico atraen una vez más atención global. En este caso un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre Estados Unidos e Irán en un contexto del programa nuclear del gobierno de Teherán.

Por Paulo Botta*

El año pasado el gobierno del presidente Trump inició su retiro del denominado Acuerdo Nuclear 5+1 firmado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea con Irán. Para Estados Unidos el acuerdo es considerado como insuficiente para limitar el desarrollo nuclear de Irán y además no toca otros dos temas de grandes implicancias para la seguridad internacional: los desarrollos misilísticos y la política regional de Irán.

Para el resto de los países firmantes y para el Organismo Internacional de Energía Atómica, el acuerdo estaba cumpliéndose. De todas maneras, no debemos quedarnos en la superficie del cumplimiento o incumplimiento. 

Lo que está en juego es algo estructural para el sistema regional y así es como debemos entenderlo.

Más allá de las discusiones técnicas lo cierto es que la crisis nos señala cuales son algunas tendencias de la actualidad de la región. 

En primer lugar, las diferencias existentes entre Estados Unidos y los tres países europeos firmantes del acuerdo (y la Unión Europea, por cierto), Reino Unido, Francia y Alemania. El caso iraní no es el único caso donde los intereses norteamericanos y europeos chocan, lo mismo podemos decir de otros temas como las relaciones comerciales transatlánticas, las relaciones con China, etc. Seguir denominando “países occidentales” a los estados europeos (como un actor unificado) y a Estados Unidos, como si constituyeran una unidad sin diferencias, ya no refleja una realidad. Se evidencia un regreso claro al unilateralismo y una disminución de los ámbitos de cooperación particularmente en el marco de organizaciones internacionales. 

En segundo lugar, detrás de la voluntad iraní de desarrollar un programa nuclear que le permita dominar el ciclo completo del uranio se encuentra la decisión de convertirse en una potencia regional y, con eso, el deseo de reorganizar el sistema regional de Medio Oriente. Este sistema, conformado luego de la segunda posguerra mundial, está en crisis. Israel y Arabia Saudita intentan mantener su posición de preeminencia mientras que Turquía e Irán pugnan por una reorganización sustancial. En esta lucha por la conformación de un nuevo orden regional los actores, sin excepción, no dudan en traspasar las fronteras estatales en abierto desconocimiento al principio de no injerencia en asuntos internos del otro estado. Los ejemplos abundan. 

La lucha por la reorganización del sistema regional se realiza en tres niveles: estado a estado (a través de los medios clásicos de la diplomacia y las fuerzas armadas), cada estado buscando apoyo de potencias ordenadoras del sistema global y de los estados intentando ejercer diversos niveles de injerencia en el interior de los otros estados.

Los cambios en Medio Oriente no se derivan solo del intento de Irán por desarrollar una capacidad nuclear. Pensemos en las crisis de Siria e Irak, dos estados que durante la segunda parte del siglo XX intentaron ejercer posiciones de preeminencia en la región y que hoy se desangran en conflictos sangrientos. Si a eso le agregamos los conflictos, con abierta participación de actores externos, en Yemen o Libia podemos ver como el sistema regional de Medio Oriente que conocimos ya no existe.

En tercer lugar, se evidencia una accionar creciente de potencias extra regionales en Medio Oriente. No solo se trata de las potencias coloniales del siglo XIX y XX o de los Estados Unidos. Rusia y China, por poner dos ejemplos, están cada vez más activos en la región. La participación del gobierno de Moscú en la guerra de Siria es un ejemplo claro. Hoy Rusia tiene una presencia en el Mediterráneo oriental que no tenía hace solo cinco años atrás y esa presencia no va a desaparecer en el corto plazo.

Otro ejemplo es la venta por parte de Rusia de los sistemas de defensa antiaéreo S-400 a Turquía que han generado una crisis entre Washington y Ankara, ¡entre el primer y el segundo ejército de la OTAN! El gobierno del presidente Putin ha logrado lo que ni el Imperio de los zares ni la Unión Soviética lograron, que Turquía se posicione (por lo menos por el momento) del lado ruso. Las implicancias geopolíticas de lo sucedido no son menores.

En el caso chino, la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, el conjunto de proyectos de infraestructura de transporte multimodal, no solo vinculará a China con la península europea sino que rediseñará los flujos de comercio que se conformarán en base al mercado chino. La influencia comercial y financiera seguramente se traducirá en influencia política en un futuro no muy lejano. Pekín llegará para quedarse.

Como puede verse no solo estamos discutiendo los alcances del programa nuclear iraní sino la estructura del orden regional de Medio Oriente, la posición de los actores extra regionales ante el mismo y los mecanismos de reordenamiento.

Desde Hispanoamérica, entender cuáles son las modificaciones que están teniendo lugar en regiones como Medio Oriente resulta esencial. No es una curiosidad académica, es una necesidad. 

No podemos pensar en actuar en el sistema internacional sin tener un “mapa actualizado”. Los riesgos de interactuar en un mundo que pertenece al pasado son inmensos. Los errores que cometen las elites dirigentes los pagan los pueblos.

Fuente: La Mañana (Uruguay)

(*) Profesor protitular de la Universidad Católica Argentina (UCA) donde dirige el Programa Ejecutivo en Medio Oriente contemporáneo.

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

El jefe de la UNRWA y varios funcionarios señalados por corrupción y abuso de autoridad

Un informe confidencial de la controversial Agencia de la ONU para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA, por sus siglas en inglés) denuncia por abuso de autoridad y corrupción a sus máximas autoridades.

El reporte elaborado por el Departamento de Ética de UNRWA, y publicado por el canal qatarí Al Jazeera, acusa a su comisionado general, el suizo Pierre Krahenbuhl de 53 años, y a su círculo cercano de “abuso de autoridad para obtener ganancias personales, suprimir el disenso legítimo y conseguir por otros medios sus objetivos personales”.

El informe sugiere que el “círculo interno” está conformado por el comisionado general, Pierre Krahenbuhl, la vice comisionada general Sandra Mitchell, que renunció a la organización en julio pasado, el jefe ejecutivo Hakam Shahwan, que abandonó la agencia en julio, y la alta asesora del comisionado general, María Mohammedi.

El informe sostiene que la conducta de esos funcionarios representan “un enorme riesgo a la reputación de la ONU” y que “debería considerarse cuidadosamente su inmediata salida” de la organización, que en 2017 manejaba un presupuesto de más de 900 millones de dólares.

El reporte denuncia una “creciente falta de cumplimiento de las reglas de la agencia y los procedimientos establecidos”, en tanto que el personal administrativo está padeciendo “baja moral, miedo a la represalia… desconfianza, secreto, amenazas, intimidación y marginalización”. El resultado es un manejo “altamente disfuncional”.

Entre otras cosas, la publicación en Al Jazeera también indica que el comisionado general de la UNRWA llevó con él a María Mohammedi a varios viajes desde el año 2014 y expresó un «interés particular» por ella. Incluso Krahenbuhl la asignó como «asesora senior» en febrero del 2015.

Al Jazeera indicó que varias personas en el personal de la UNRWA dijeron que la relación entre ellos, Krahenbuhl y Mohammedi, iba más allá de lo profesional y que el comisionado general la llevaba a la gran mayoría de sus viajes e incluso utilizaba su posición para que ella viajara junto a él en clase ejecutiva.

Asimismo, el reporte indicaba que Krahenbuhl estaba ausente de su oficina en Jerusalén alegando «viajes de trabajo.. durante 28-29 días al mes».

Krahenbuhl respondió a las acusaciones en Al Jazeera diciendo que conoce sobre la elaboración del reporte del comité de ética de UNRWA y que en el mes de marzo le avisaron que las acusaciones serían investigadas: «Di instrucciones para una total cooperación con la investigación. No estoy todo el tiempo de vacaciones y no quiero responder a acusaciones específicas o rumores porque puede interferir en las investigaciones y romper las reglas que tenemos como personal de la ONU».
Según el reporte en Al Jazeera, la situación se ha deteriorado de forma considerable desde comienzos del 2018, coincidiendo con la reducción y finalmente la suspensión  del apoyo del gobierno norteamericano a UNRWA.

La administración Trump redujo de forma significativa su aporte a la agencia de la ONU en el 2018,  pasando de un aporte anual de 360 millones de dólares a solo 60 millones y en agosto anunciaron que dejarían de enviar ayuda a UNRWA de forma definitiva.

El Departamento de Estado había explicado que «el modelo de negocios y las prácticas fiscales que han marcado a UNRWA por años son simplemente insostenibles y han estado en crisis por muchos años» al tiempo que enfatizaron que EEUU no se comprometería más «con financiar esta operación irremisiblemente defectuosa».

Fuente: Aurora Israel

El significado de la ocupación

Philologos*

Escuchamos mucho sobre «la Ocupación» en estos días. No hay necesidad de decir cuál. Pero ¿de dónde viene el término y cuánto vale?

Escuchamos mucho sobre «la Ocupación» en estos días. No hay necesidad de decir cuál.

«Ha llegado el momento de poner fin al apoyo de nuestra comunidad para la Ocupación», comienza un comunicado de prensa de la organización judía IfNotNow, que ha estado presionando a los candidatos presidenciales demócratas para que exijan un retiro israelí inmediato de Judea y Samaria o, para aquellos que prefieren no hacerlo. use esos nombres aunque sean los tradicionales tanto en las fuentes judías como en la mayoría de los idiomas de Europa: los «territorios palestinos» o «Cisjordania» del río Jordán. Los redactores del comunicado de IfNotNow no se molestaron en ser más específicos. Asumieron que todos saben quién está ocupando a quién.

Como término en el derecho internacional, la «ocupación» se remonta a fines del siglo XIX, cuando se introdujo para eliminar el antiguo concepto del derecho de conquista, que reconocía el derecho de un país victorioso a conservar el territorio conquistado a perpetuidad. El artículo 42 del Convenio de La Haya de 1899 establece:

El territorio se considera ocupado cuando en realidad se coloca bajo la autoridad del ejército hostil. La ocupación se aplica solo al territorio donde dicha autoridad está establecida y se puede ejercer.

A continuación, el artículo 43 deja en claro que el gobierno de la potencia ocupante se considera temporal y que no tiene derecho a alterar las leyes del gobierno anterior derrocado por la guerra:

Una vez que la autoridad del poder legítimo haya pasado realmente a manos del ocupante, este último tomará todas las medidas posibles para restablecer y asegurar, en la medida de lo posible, el orden público y la seguridad, respetando, a menos que sea absolutamente impedido, las leyes. En vigor en el país.

Este lenguaje se incorporó textualmente en el Convenio de La Haya de 1907, internacionalmente vinculante. Posteriormente, se adoptaron cláusulas similares en el Cuarto Convenio de Ginebra de 1949, que se refería principalmente a los derechos de los civiles que, en un momento dado, y de cualquier manera, se encuentran en las manos, en caso de conflicto u ocupación. de una parte en el conflicto o [de una] potencia ocupante de la cual no son nacionales».

Estrictamente hablando,cuando la Fuerza de Defensa de Israel arrebató Judea y Samaria y sus habitantes árabes al ejército jordano de ocupación en las hostilidades de la Guerra de los Seis Días de 1967, Israel se convirtió en una potencia ocupante según el derecho internacional. Que dicha ley sea en gran parte una ficción que no tenga un cuerpo creíble o eficaz para interpretarla o hacerla cumplir es irrelevante para lo que dice.

De manera similar, el hecho de que Judea y Samaria siempre han sido considerados por los judíos como parte de su patrimonio de la Tierra de Israel; o que eran una parte indiscutible del territorio prometido al pueblo judío como su «hogar nacional» por la Declaración Balfour de 1917, ratificada posteriormente por la Liga de las Naciones; o que la línea de armisticio de 1949 entre Israel y Jordania, trazada al final de la Guerra de Independencia de Israel, nunca fue reconocida por Jordania como más que una demarcación improvisada que sería borrada por la destrucción de Israel; o que fue Jordania la que comenzó la lucha de 1967; o que la resolución 242 posterior a 1967 de la ONU no exigía que Israel se retirara de toda Cisjordania; o que Jordania cedió su reclamo del área a la Organización de Liberación de Palestina en 1988; o que muchas de las facultades administrativas han sido delegadas por Israel a la Autoridad Palestina (AP); o que la AP no ha tomado el tipo de pasos que podrían permitir que la «Ocupación» termine; todo esto, aunque es cierto, no cambia la letra de la ley.

De hecho, a partir de 1967, el propio Israel invocó repetidamente el Cuarto Convenio de Ginebra como una legitimación.de su presencia en Judea y Samaria, y el Tribunal Superior de Justicia de Israel ha aceptado esto como la base de varios fallos sobre las acciones de Israel allí. Esta fue una posición conveniente para los gobiernos israelíes. Por un lado, facilitó que Europa y los Estados Unidos aceptaran el control israelí sobre Cisjordania y se opusieran a algunas de sus características, como los asentamientos. Por otro lado, sirvió como una excusa para que el gobierno después del gobierno en Jerusalén dejara de tomar decisiones políticamente difíciles acerca de la disposición final de Judea y Samaria al posponer esas decisiones a un día teórico en el que un acuerdo de paz podría negociarse con los palestinos y el mundo arabe

Pero, ¿cuánto tiempo puede durar una ocupación «temporal»? La ocupación francesa y belga de Renania después de la Primera Guerra Mundial duró doce años. La ocupación británica de Islandia durante la Segunda Guerra Mundial duró cinco años. La ocupación estadounidense de Japón en la posguerra duró siete. Lo mismo hizo la ocupación aliada de Alemania. La «ocupación» israelí de Judea y Samaria ha durado 52 años. Esto golpea al mundo, no del todo sin razón, como una perversión del concepto y contribuye a dar a la «Ocupación» su mal nombre.

Es interesante comparar a Israel con otros países a este respecto. India, cuando tomó posesión de Cachemira en su guerra de 1948 con Pakistán, no invocó el Cuarto Convenio de Ginebra ni afirmó que estaba «ocupando» el territorio que conquistó. Tampoco los turcos invadieron Chipre en 1974 o los rusos en Crimea. Todos se comportaron según el derecho de conquista. Aunque todos han sido o están acusados ​​de violaciones a los derechos humanos en estas áreas, ninguno se está encogiendo por temor a las ruedas de la justicia internacional. Tampoco pueden ser acusados, como lo ha hecho repetidamente Israel, por violar hipócritamente las disposiciones del Cuarto Convenio de Ginebra, que nunca acordaron aplicar.

Tal vez sea realmente el momento de comenzar a «terminar la Ocupación», no por el hecho de que Israel se haya adherido a la demanda de que se comprometa en una retirada imposible e indeseable de toda Judea y Samaria como lo exigen sus enemigos (con quienes se debe clasificar a IfNotNow) pero al enfrentar la necesidad de decidir, o al menos de forma seria y abierta a debatir, el futuro permanente del área de una manera que sus gobiernos han evitado hacer hasta ahora. Una ocupación de 52 años, cualquiera que sean sus excusas, es un poco demasiado larga.

Fuente: Mosaic Magazine

*Philologos: el renombrado columnista de lengua judía, aparece dos veces al mes en Mosaic.

** Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

El desarrollo de Gaza: ¿ha disminuido la resiliencia de la sociedad?

A pesar de las afirmaciones de que los eventos del año pasado redujeron el nivel de resiliencia de la sociedad en las comunidades de desarrollo de Gaza, prevalece un alto nivel de funcionamiento sistémico, incluso mayor, en relación con la capacidad civil para enfrentar los desafíos de seguridad inmediatos. Además, la población local sigue aumentando y la construcción está en aumento. La pregunta crítica es si las «rondas de escalada» continuadas con el tiempo afectarán negativamente la alta capacidad de recuperación funcional en el área. Es posible que el estrés mental entre la población y la alta resiliencia social coexistan, especialmente si se cumplen dos condiciones. La primera (ya existente) es que los líderes locales continúan brindando un alto nivel de servicios básicos, incluida una respuesta razonable a las interrupciones de seguridad. La segunda condición (que no existe) es la esperanza que brinda el gobierno con respecto a la posibilidad de una solución sostenible que impida, o al menos reduzca en gran medida las interrupciones de seguridad recurrentes en la región. La ausencia de una solución a la continua amenaza de Gaza y la ambigüedad con respecto al enfoque de Israel con respecto a Hamas crea un vacío que podría tener un impacto perjudicial en la resiliencia en el desarrollo de Gaza.

La resiliencia social, tal como se define a través del prisma de la funcionalidad, representa la capacidad de un sistema para contener las repercusiones de una interrupción grave, recuperarse rápidamente y reanudar la funcionalidad normal e incluso mejorada. Los estudios que realizamos en las llamadas comunidades de desarrollo de Gaza entre 2006 y 2016 encontraron que la resiliencia de la sociedad está en un alto nivel. Los criterios considerados en la investigación anterior incluían la capacidad organizativa, el liderazgo y la confianza social. El análisis atestiguó la alta capacidad funcional de las localidades durante los ataques de Hamas. Además, estas mismas comunidades experimentaron un impresionante crecimiento demográfico, social y económico entre y después de las interrupciones. Esto sucedió a pesar de la amenaza en curso en la región, que se multiplicó en tres rondas de choques violentos con Hamas, incluida la Operación Protectora (borde) (verano de 2014), que se destacó por sus 50 días de duración y la interrupción significativa que causó en la vida diaria.

Desde marzo de 2018, ha habido cambios marcados en la naturaleza de las amenazas de seguridad a lo largo de la frontera de Gaza. Después de más de tres años y medio de relativa calma, luego del cese al fuego que puso fin a la Operación Borde Protector, las localidades en desarrollo de Gaza se vieron nuevamente sometidas a intensas presiones de seguridad. Éstas comprendían las «Marcas de retorno» a lo largo de la valla fronteriza y globos explosivos y cometas incendiarias, que han provocado numerosos incendios en el área que infligieron daños ambientales significativos y perturbaron constantemente la vida diaria. Estos incidentes se unen al hostigamiento constante de la población de diversas maneras, así como a rondas de escalamiento cortas pero intensas, caracterizadas por cantidades significativas de disparos de alta trayectoria (incluidos los misiles antitanque lanzados directamente a los vehículos). Las FDI respondieron con ataques a las posiciones militares de Hamas y la Jihad Islámica y límites a la zona de pesca de Gaza y, más recientemente, la suspensión del suministro de combustible a la central eléctrica en la Franja de Gaza. Este tipo de ocurrencias repetidas han socavado gravemente la rutina diaria de la población israelí, creando una gran tensión psicológica.

Este artículo cuestiona si estas tendencias también han resultado en un cambio genuino en la capacidad de recuperación social de la población, como han argumentado recientemente algunas personas en la región. De hecho, varias voces de la población local, los funcionarios públicos y los líderes regionales han señalado recientemente las posibles señales de «desmoronamiento de la resiliencia» entre los individuos y las comunidades locales. Sostienen que, en algunas de las comunidades, una vez que se dan referencias comunes a una «guerra de desgaste interminable», en algunas de las comunidades prevalece el temor y la incertidumbre, lo que da lugar a hablar de abandonar el área (especialmente entre las familias con niños), una reducción en el número de nuevos residentes potenciales , la incapacidad de los centros de resiliencia para hacer frente al número de solicitantes, y la falta de esperanza de tranquilidad, o una tregua de largo alcance, que permitirá la rutina normal. «Hemos alcanzado el punto de saturación» es una metáfora común utilizada por la población local para describir su grave situación.

Este artículo cuestiona si estas tendencias también han resultado en un cambio genuino en la capacidad de recuperación social de la población, como han argumentado recientemente algunas personas en la región. De hecho, varias voces de la población local, los funcionarios públicos y los líderes regionales han señalado recientemente las posibles señales de «desmoronamiento de la resiliencia» entre los individuos y las comunidades locales. Sostienen que, en algunas de las comunidades, una vez que se dan referencias comunes a una «guerra de desgaste interminable», en algunas de las comunidades prevalece el temor y la incertidumbre, lo que da lugar a hablar de abandonar el área (especialmente entre las familias con niños), una reducción en el número de nuevos residentes potenciales , la incapacidad de los centros de resiliencia para hacer frente al número de solicitantes, y la falta de esperanza de tranquilidad, o una tregua de largo alcance, que permitirá la rutina normal. «Hemos alcanzado el punto de saturación» es una metáfora común utilizada por la población local para describir su grave situación.

Al mismo tiempo, en lo que respecta a la capacidad civil para hacer frente a los desafíos de seguridad inmediatos, prevalece un nivel alto e incluso mejorado de funcionamiento sistémico. Los órganos comunitarios y regionales establecidos en los últimos años (equipos de emergencia comunitarios, centros de resiliencia, salas de guerra, equipos de alerta, equipos de extinción de incendios y una conexión directa con la división regional de las FDI) funcionan de manera óptima. Abordan las necesidades de la población con dedicación, profesionalismo, perseverancia, sensibilidad y comprensión con respecto a las necesidades emocionales, incluido el deseo de salir temporalmente de las comunidades afectadas y «recargar las baterías» después de escalas estresantes. En otras palabras, los sistemas de emergencia civil con experiencia funcionan en medio de un alto nivel de resiliencia civil, complementado por la defensa sólida y continua multifacética proporcionada por las FDI.

La resiliencia de la sociedad también se mide por un impulso continuo del crecimiento civil. Por ejemplo, junto con el número insignificante de familias que optaron por abandonar el desarrollo de Gaza, el año pasado fue testigo de la continua absorción de nuevas familias: diez familias fueron aceptadas como miembros plenos del Kibbutz Kfar Azza, otras cuatro familias se unieron al Kibbutz Nahal Oz , y se espera que otras familias se establezcan en el área antes de que finalice este año (los dos kibutzim son parte del Consejo Regional de Sha`ar Hanegev, que solo el año pasado ha demostrado un crecimiento impresionante de la población, aumentando de 5,000 a 8,700 residentes ). La cercana ciudad de Sderot también está experimentando un rápido crecimiento, ya que la población saltó de aproximadamente 23,000 residentes en 2016 a más de 28,000 en la actualidad.

Además, a pesar de las continuas interrupciones de seguridad, no hay signos de una reducción en el impresionante crecimiento económico del área. Las nuevas construcciones importantes en Sderot y las localidades rurales son claramente visibles. Se están llevando a cabo nuevos proyectos económicos, como la cooperación entre Sderot y Sha`ar Hanegev para establecer un parque industrial conjunto. El desarrollo de Gaza continúa, con la ayuda masiva del estado, para prosperar y construirse como una región próspera, que refleja una resistencia distintiva y estable.

La pregunta crítica es si las continuas «rondas de escalada» a lo largo del tiempo, que crean graves interrupciones y, por lo tanto, aumentan la sensación de estrés y tensión social, afectarán negativamente la alta capacidad de recuperación funcional en el área. Aunque no hay una respuesta inequívoca a esta pregunta, en el contexto de la experiencia pasada en Israel y en el extranjero con respecto a las perturbaciones causadas por eventos naturales o provocados por el hombre, no es inconcebible que ambos fenómenos (estrés mental entre los residentes y alta resiliencia social) coexistan, especialmente si , en el caso israelí, se cumplen dos condiciones. La primera (ya existente) es que los líderes locales continúan brindando un alto nivel de servicios básicos, incluida una respuesta razonable a las interrupciones de seguridad, y lo que es más importante, para crear un «sentido de unión», comunidad y pertenencia. La segunda condición (que no existe) es la esperanza que brinda el gobierno con respecto a la posibilidad de una solución sostenible que impida, o al menos reduzca en gran medida las interrupciones de seguridad recurrentes en la región. Mientras tanto, el gobierno continúa proyectando la falta de una política clara con respecto a Hamas y se abstiene de presentar un enfoque con respecto a la solución futura al conflicto en curso. La ausencia de una solución a la continua amenaza de Gaza y la ambigüedad con respecto al enfoque de Israel con respecto a Hamas crea un vacío que podría tener un impacto perjudicial en la resiliencia en el desarrollo de Gaza, que es un interés nacional israelí principal.

Fuente: The Institute for National Security Studies (INSS)