Crisis y redefinición del mapa de Medio Oriente

El Medio Oriente y particularmente la región del Golfo Pérsico atraen una vez más atención global. En este caso un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre Estados Unidos e Irán en un contexto del programa nuclear del gobierno de Teherán.

Por Paulo Botta*

El año pasado el gobierno del presidente Trump inició su retiro del denominado Acuerdo Nuclear 5+1 firmado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea con Irán. Para Estados Unidos el acuerdo es considerado como insuficiente para limitar el desarrollo nuclear de Irán y además no toca otros dos temas de grandes implicancias para la seguridad internacional: los desarrollos misilísticos y la política regional de Irán.

Para el resto de los países firmantes y para el Organismo Internacional de Energía Atómica, el acuerdo estaba cumpliéndose. De todas maneras, no debemos quedarnos en la superficie del cumplimiento o incumplimiento. 

Lo que está en juego es algo estructural para el sistema regional y así es como debemos entenderlo.

Más allá de las discusiones técnicas lo cierto es que la crisis nos señala cuales son algunas tendencias de la actualidad de la región. 

En primer lugar, las diferencias existentes entre Estados Unidos y los tres países europeos firmantes del acuerdo (y la Unión Europea, por cierto), Reino Unido, Francia y Alemania. El caso iraní no es el único caso donde los intereses norteamericanos y europeos chocan, lo mismo podemos decir de otros temas como las relaciones comerciales transatlánticas, las relaciones con China, etc. Seguir denominando “países occidentales” a los estados europeos (como un actor unificado) y a Estados Unidos, como si constituyeran una unidad sin diferencias, ya no refleja una realidad. Se evidencia un regreso claro al unilateralismo y una disminución de los ámbitos de cooperación particularmente en el marco de organizaciones internacionales. 

En segundo lugar, detrás de la voluntad iraní de desarrollar un programa nuclear que le permita dominar el ciclo completo del uranio se encuentra la decisión de convertirse en una potencia regional y, con eso, el deseo de reorganizar el sistema regional de Medio Oriente. Este sistema, conformado luego de la segunda posguerra mundial, está en crisis. Israel y Arabia Saudita intentan mantener su posición de preeminencia mientras que Turquía e Irán pugnan por una reorganización sustancial. En esta lucha por la conformación de un nuevo orden regional los actores, sin excepción, no dudan en traspasar las fronteras estatales en abierto desconocimiento al principio de no injerencia en asuntos internos del otro estado. Los ejemplos abundan. 

La lucha por la reorganización del sistema regional se realiza en tres niveles: estado a estado (a través de los medios clásicos de la diplomacia y las fuerzas armadas), cada estado buscando apoyo de potencias ordenadoras del sistema global y de los estados intentando ejercer diversos niveles de injerencia en el interior de los otros estados.

Los cambios en Medio Oriente no se derivan solo del intento de Irán por desarrollar una capacidad nuclear. Pensemos en las crisis de Siria e Irak, dos estados que durante la segunda parte del siglo XX intentaron ejercer posiciones de preeminencia en la región y que hoy se desangran en conflictos sangrientos. Si a eso le agregamos los conflictos, con abierta participación de actores externos, en Yemen o Libia podemos ver como el sistema regional de Medio Oriente que conocimos ya no existe.

En tercer lugar, se evidencia una accionar creciente de potencias extra regionales en Medio Oriente. No solo se trata de las potencias coloniales del siglo XIX y XX o de los Estados Unidos. Rusia y China, por poner dos ejemplos, están cada vez más activos en la región. La participación del gobierno de Moscú en la guerra de Siria es un ejemplo claro. Hoy Rusia tiene una presencia en el Mediterráneo oriental que no tenía hace solo cinco años atrás y esa presencia no va a desaparecer en el corto plazo.

Otro ejemplo es la venta por parte de Rusia de los sistemas de defensa antiaéreo S-400 a Turquía que han generado una crisis entre Washington y Ankara, ¡entre el primer y el segundo ejército de la OTAN! El gobierno del presidente Putin ha logrado lo que ni el Imperio de los zares ni la Unión Soviética lograron, que Turquía se posicione (por lo menos por el momento) del lado ruso. Las implicancias geopolíticas de lo sucedido no son menores.

En el caso chino, la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, el conjunto de proyectos de infraestructura de transporte multimodal, no solo vinculará a China con la península europea sino que rediseñará los flujos de comercio que se conformarán en base al mercado chino. La influencia comercial y financiera seguramente se traducirá en influencia política en un futuro no muy lejano. Pekín llegará para quedarse.

Como puede verse no solo estamos discutiendo los alcances del programa nuclear iraní sino la estructura del orden regional de Medio Oriente, la posición de los actores extra regionales ante el mismo y los mecanismos de reordenamiento.

Desde Hispanoamérica, entender cuáles son las modificaciones que están teniendo lugar en regiones como Medio Oriente resulta esencial. No es una curiosidad académica, es una necesidad. 

No podemos pensar en actuar en el sistema internacional sin tener un “mapa actualizado”. Los riesgos de interactuar en un mundo que pertenece al pasado son inmensos. Los errores que cometen las elites dirigentes los pagan los pueblos.

Fuente: La Mañana (Uruguay)

(*) Profesor protitular de la Universidad Católica Argentina (UCA) donde dirige el Programa Ejecutivo en Medio Oriente contemporáneo.

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

El juego de las alianzas iraníes y estadounidenses en Oriente Medio: Pactos y actos

Por Emile Bouvier (Les Cles du Moyen Orient)

Desde mayo pasado, las tensiones han aumentado en el Golfo Pérsico entre los Estados Unidos e Irán; Una sucesión de incidentes, sobre los cuales las claves de Medio Oriente habían producido un análisis inicial, están en el origen de este deterioro de las relaciones entre el régimen de Mullah y Occidente, este último dividido sobre el tema iraní.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rodeado de sus halcones anti-iraníes John Bolton y Mike Pompeo, respectivamente Asesor de Seguridad Nacional y Secretario de Estado, parece cada vez más tentado por una confrontación militar con Irán. Faltando o no, en todos los casos había anunciado, el 21 de junio, haber cancelado en el último momento una campaña de ataques contra posiciones militares iraníes.

Por otro lado, los aliados europeos de los Estados Unidos están tratando de calmar las tensiones y salvar lo que puede ser el tratado nuclear iraní firmado en 2015, pero cuyo retiro unilateral por parte de los Estados Unidos en 2018. Tokio , leal aliado de los Estados Unidos y afectado por los incidentes en el Mar Arábigo (1), también aboga por el apaciguamiento e incluso ha expresado dudas sobre el interés de los videos transmitidos por los estadounidenses que muestran, según ellos, el Equipos anfibios iraníes posan y retiran minas de petroleros anclados frente a Omán (2).

Si los aliados tradicionales de los Estados Unidos, como Canadá o Europa, se muestran tan reacios a enfrentar la política de Donald Trump hacia Irán, ¿qué hay de sus aliados en la región y qué? ¿Sería su posición en caso de conflicto? ¿Irán, aislado en la escena internacional y profundamente arraigado en una lógica de obsesión, también puede contar con aliados en el Medio Oriente? Este artículo mostrará que, si bien los estadounidenses han desarrollado un vasto sistema de alianzas en la región, tienen dificultades con la realpolitik; Irán, por otro lado, tiene pocos aliados pero proxies leales y resistentes.

La presencia estadounidense en Oriente Medio: entre amistades, alianzas y clientelismo.


Si Rusia está ganando fuerza en Medio Oriente e Irán, Arabia Saudita o Turquía están tratando de expandir su influencia, la ubicuidad y la casi omnipotencia de los Estados Unidos son indiscutibles. El siguiente mapa muestra cuán extensa es la red de alianzas que Washington ha construido a lo largo de las décadas para responder a los diferentes problemas estratégicos que enfrentan los estadounidenses en el Medio Oriente.

Turquía, la cabeza de puente estadounidense en el Medio Oriente, es, por lo tanto, un aliado de elección dado su lugar en la OTAN, a pesar de las diferencias que actualmente se oponen a los dos países (3). La base aérea de Incirlik en el sur del país es el hogar de una importante base militar de Estados Unidos en la que se almacenan armas nucleares y sus vehículos aéreos estratégicos (incluidos los aviones B-52). Sin ser miembro de la OTAN, Jordania también es un aliado para los estadounidenses, que han podido confiar en el reino Hachemita para albergar las bases aéreas de la Coalición y proporcionar una forma de moderación en el conflicto israelí -palestino.

El Cairo también aparece como un socio de los estadounidenses en vista de las inversiones militares que conceden. Consciente del papel fundamental de Egipto en la ecuación de seguridad regional, los Estados Unidos estacionaron tropas allí y financiaron fuertemente a las fuerzas de seguridad locales.

El «bloque» del centro de la Península Arábiga compuesto por Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Qatar y Kuwait se están convirtiendo en los principales aliados de los Estados Unidos en la región. Debido a las grandes y estratégicas estrategias recíprocas que unen a Washington con estos países, entre ellos el comercio de petróleo, la venta de armas y la lucha contra la influencia iraní, la diplomacia estadounidense ha logrado crear alianzas fuertes. Si Qatar se encuentra actualmente involucrado en una importante confrontación diplomática con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, estos tres países están de acuerdo en su alianza con los Estados Unidos. El electrón libre permanente del Medio Oriente, Israel también es parte de estos aliados casi indefectibles de los estadounidenses.

Por otro lado, Afganistán, Irak, Yemen y Pakistán aparecen como los aliados clientelistas de los Estados Unidos, que dependen de su ayuda financiera y política, y pueden jugar un doble juego diplomático. Irak, por ejemplo, no ha olvidado la ocupación estadounidense de 2003 a 2011 y escucha con mucha atención a Irán, incluso más que las milicias chiíes Hachd al-Chaabi (4), apoyadas por el régimen de El mulá, fue la causa del cese de la ofensiva de Daesh contra Bagdad en 2014 y representa la columna vertebral de las fuerzas de seguridad iraquíes, incluso hoy.

Así, mientras Estados Unidos ha desplegado una vasta red de bases militares en Medio Oriente y alianzas extensas, estas últimas parecen ser altamente plurales, tanto en su naturaleza como en su robustez. La crisis actual en las relaciones entre Irán y Estados Unidos es particularmente sorprendente.

Así, mientras Estados Unidos ha desplegado una vasta red de bases militares en Medio Oriente y alianzas extensas, estas últimas parecen ser altamente plurales, tanto en su naturaleza como en su robustez. La crisis actual en las relaciones entre Irán y Estados Unidos es particularmente sorprendente.

Alianzas estadounidenses ante la crisis iraní.

Arabia Saudita aparece como el aliado más notable junto a los estadounidenses. Al afirmar que no busca confrontación, el Príncipe Mohamed bin Salman (MBS) afirmó que el reino «no dudaría en enfrentar cualquier amenaza a nuestro pueblo, nuestra soberanía o nuestros intereses vitales». MBS mantiene una retórica de guerra directa o indirecta contra Irán, y un periódico saudí propiedad del hermano de MBS convocó a Estados Unidos a realizar «ataques quirúrgicos» contra Teherán, mientras que su editor en Twitter por un «¡Golpéalos fuerte! 

Esta retórica beligerante también está acompañada por un verdadero compromiso militar: por primera vez desde 1991, Arabia Saudita se prepara, una vez más, para recibir a las fuerzas estadounidenses en su territorio, como parte de un acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y el Reino de Wahhabi el 19 de julio. El ejército de los Estados Unidos se ha asentado en la base aérea «Príncipe Sultán» abandonado después de la primera Guerra del Golfo, en la que debería estar estacionado, eventualmente, alrededor de 500 hombres y docenas de aviones militares (incluidos los cazadores). También se espera que Arabia Saudita se beneficie del despliegue de los sistemas de misiles tierra-aire Patriot. El Pentágono, una metonimia del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, justificó el envío de tropas por la existencia de «amenazas emergentes y creíbles en la región».

Además de Arabia Saudita, Estados Unidos puede contar con Israel. De hecho, su primer ministro, Benjamin Netanyahu, ha reafirmado su disposición a permanecer unido a los estadounidenses ante cualquier agresión iraní. Durante muchos años, la Primadura del Estado judío ha pedido una intervención militar en Irán para evitar que adquiera el arma atómica. Sin embargo, algunos medios, como el New York Times, informan sobre la gran reserva del personal de las FDI, el ejército israelí, ante una confrontación armada con Irán: de hecho, la presencia de De 20 a 25,000 combatientes de Hezbollah en Siria y el Líbano (5), en las inmediaciones de Israel y apoyados significativamente por Irán (6) representan una amenaza para el estado judío (7).

Sin embargo, a pesar de que estos dos aliados comparten una animosidad común y notoria contra Irán, las crecientes tensiones entre Washington y Teherán han puesto una tensión en el sistema de alianzas de Estados Unidos en el Medio Oriente. De hecho, aparte de Riyadh y Tel Aviv, la mayoría de las cancillerías de la región preferían jugar la carta de apaciguamiento y mediación, o incluso permanecer neutrales.

Por lo tanto, los Emiratos Árabes Unidos, que a menudo caminan a la sombra de Riad, parecen vacilantes. Abu Dhabi prefirió afirmar con peso que los recientes desarrollos en el Golfo Pérsico requerirían que «las mentes sabias en la región y en el mundo desencadenen una reducción de la situación». De hecho, en caso de enfrentamientos militares, debido a la posición geográfica del Emirato, su línea costera que se extiende sobre una gran parte del Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, los ingresos del petróleo y el turismo caerían (8) .

En cuanto a Qatar, su aislamiento de sus vecinos peninsulares (9) lo ha acercado a Teherán en los últimos dos años. Sin embargo, Doha actualmente enfrenta un dilema: por un lado, sus exportaciones de gas, cruciales para su economía, pasan por el Estrecho de Ormuz y, por lo tanto, dependen de la estabilidad regional. Por otro lado, Qatar es el hogar del mayor contingente de Estados Unidos en la región, con cerca de 11,000 hombres y un centenar de aviones militares instalados en la base aérea de Al-Udeid. La diplomacia de Qatar, por lo tanto, exige calma y moderación antes de que un conflicto iraní-estadounidense lo ponga en una situación muy delicada, tanto desde el punto de vista político como económico (10).

Irak, Bahrein y Kuwait, cuyas exportaciones de hidrocarburos también dependen de la estabilidad de la región y en particular del Golfo Pérsico (11), se han mantenido muy medidos en sus intenciones, y no se han expresado: Por ejemplo, en el caso de Irak, los ingresos del petróleo cubren alrededor del 95% de los gastos estatales (12); Bagdad, por lo tanto, no tiene interés en que su única salida económica sea interrumpida por los enfrentamientos armados. Bagdad reaccionó poco al fuego de misiles en una instalación de ExxonMobil en Basora el 19 de junio, por ejemplo, cuya paternidad no fue reclamada pero lleva la marca de un representante regional en Irán; Esto fue aún más importante, ya que este ataque no se dirigió al propio Basra, sino al gigante petrolero estadounidense estacionado allí.

Los otros países de la región, ya sea Jordania, Egipto o Turquía, se sienten menos preocupados por esta crisis ya que su economía no está tan vitalmente relacionada con la estabilidad. político-militar del estrecho de Ormuz como sus vecinos del Golfo Pérsico; esto es aún más importante, ya que, aunque algunos países como Turquía todavía tienen el derecho de importar petróleo iraní sin incurrir en sanciones estadounidenses, esta prerrogativa ha caducado desde el 2 de mayo (13). Así que, por el momento, mantienen una posición de observadores atentos.

El aparato diplomático-militar de Teherán: pocos, pero leales y decididos aliados.

Debido a su aislamiento diplomático, impuesto en gran parte por los Estados Unidos y las principales potencias sunitas del Medio Oriente, en primer lugar Arabia Saudita, la República Islámica de Irán tiene pocos aliados en la región. Los numerosos conflictos y guerras civiles que han estallado en los últimos años en el Medio Oriente, sin embargo, han sido oportunidades para que Teherán evite este aislamiento y cree aliados leales.

El conflicto en el Levante ha sido significativo a este respecto para Teherán, que ha brindado un apoyo sustancial a los regímenes establecidos. En Siria, el régimen iraní acudió en ayuda de Bashar al-Assad en 2012, cuando los rebeldes sirios y el Estado islámico estaban a punto de derrocar el poder alawita. Para lograr este resultado, Teherán ha podido contar con sus fuerzas armadas, pero especialmente con el Hezbolá libanés, adquirido a la causa iraní desde su creación en 1985 y que Teherán subsidia masivamente financiera y militarmente, como se mencionó anteriormente, para mantener Un proxy en la región del litoral mediterráneo estratégico.

De manera similar, Teherán ha movilizado a varios afganos chiítas, entre 10.000 y 20.000, con la promesa de salarios sustanciales y, sobre todo, documentos iraníes para ellos y sus familias. Alistados en la «Liwa Fatemiyoun» de 2014 con el objetivo de fortalecer las líneas de defensa sirias, estos afganos, a menudo jóvenes y sin ningún entrenamiento militar real, fueron enviados a las zonas de combate más intensas (14) y fueron sometidos a Grandes bajas, alrededor de 2000 muertos y 8000 heridos.

En Irak, el papel de Irán en salvaguardar el régimen iraquí sin duda habrá sido tan importante en muchos aspectos como el de la Coalición Internacional. De hecho, el apoyo de Teherán a las milicias chiítas Hashd al-Chaabi permitió a este último detener la ofensiva Daesh a unos 100 kilómetros al norte de Bagdad en junio de 2014, y luego encabezar las diversas ofensivas iraquíes. Con el objetivo de recuperar los territorios conquistados por Daesh: la Batalla de Ramadi, la primera gran reconquista del ejército iraquí en Daesh de 2014 a 2015, trajo a las milicias chiítas como un componente central de la ofensiva iraquí. Las decisivas batallas de Rutbah en 2016, en el corazón del desierto de Anbar, en el que Daech había hecho una base trasera, o la de Mosul desde 2016 hasta 2017, cuyo alcance estratégico fue tan fuerte como el significado simbólico (15), confirmó el papel central de las milicias Hashd al-Chaabi en la lucha contra Daesh. Este último también se ilustrará durante la reconquista, en septiembre / octubre de 2017, de los territorios tomados en 2014 por los Peshmergas y ubicados fuera de la región autónoma del Kurdistán iraquí.

De manera similar, en Yemen, el régimen iraní ha continuado con este patrón de apoyo a los grupos armados locales para hacer proxies; los chiítas hutíes, que han estado en guerra insurgente en Yemen desde 2014 (16), obtienen así el apoyo de Teherán desde el comienzo del conflicto. Aunque parece ser relativamente discreto al principio (17), la adhesión de los hutíes al régimen iraní es notable desde 2015 (18), el año de la intervención militar de la coalición liderada por Arabia Saudita.

El apoyo financiero potencial de Irán no se conoce ni se cuantifica con precisión; sin embargo, es bien sabido que Irán armó a los rebeldes chiítas (19). Este último, que intentó con éxito sutil (20) derrocar el poder pro-saudí en el lugar en 2014, se opone a una resistencia particular a la coalición liderada por Arabia Saudita: a pesar de su superioridad de poder de fuego. (Los saudíes despliegan todo el espectro militar contra los hutíes: fuerzas terrestres, navales y aéreas), la coalición no infligió graves reveses a los hutíes. Como resultado, hay un conflicto en el que los saudíes están empantanados y eso ya ha causado la muerte de mil soldados y la destrucción de valiosos equipos militares. como los tres aviones y nueve helicópteros derribados por los hutíes desde el comienzo del conflicto. A partir de entonces, el apoyo proporcionado por Irán sigue siendo más relevante que nunca, como lo demuestra, entre otras cosas, el disparo de un misil Houthi en un aeropuerto saudí el 12 de junio.

Conclusión

Por lo tanto, el juego de alianzas iraní-estadounidenses en Medio Oriente muestra que, a pesar del despliegue militar y diplomático desplegado por los Estados Unidos en toda la región, Irán ha logrado adquirir una red de proxies diseminados. En el Líbano, Siria, Irak y Yemen. Sin embargo, las crecientes tensiones entre Irán y los Estados Unidos han demostrado que sus aliados se oponen en gran medida al conflicto abierto debido a los intereses económicos vitales asociados con el Golfo Pérsico, y especialmente con el Estrecho de Ormuz. Ubicado en el centro geográfico de la discordia, este estrecho tan ancho como cuarenta kilómetros es, de hecho, uno de los actuales pulmones económicos del mundo; sin un sustituto efectivo de este estrecho, ninguna de las partes se arriesgará a participar en un conflicto abierto e incendiar la región.

Fuente: Les Cles du Moyen Orient, Traducción CCEIIMO.

** Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

Para leer en Les Cles du Moyen Orient: 
 en Manama, el componente económico del polémico plan de paz estadounidense en el contexto del fortalecimiento del eje anti Irán en la región 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/A-Manama- La 
  crisis en el Golfo Pérsico: la cara-a-cara -polémica-en-el-fondo-de.html Crisis en el Golfo Pérsico: el iranamericano cara a cara 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/ crisis-en-el-Golfo-árabe-la-cara-a-cara-iraní americain.html 
  Entrevista con Thierry Coville: «Irán ha demostrado que respeta el derecho internacional, no los Estados Unidos» 
https: //www.lesclesdumoyenorient.com/Entretien-avec-Thierry-Coville-L-Iran-a-montre-qu-il-respectait-le-droit.html 
 Entrevista con Clément Therme: comprensión de las crecientes tensiones entre Estados Unidos e Irán 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/Entretien-avec-Clement-Therme-How-to-the-mount-of-the-tensions-between- -Etats.html

Notas: 
(1) Uno de los camiones cisterna en los que se depositaron los chupadores de minas el 13 de junio de 2019 fue un petrolero japonés, el Kokuka Courageous. 
(2) Un miembro importante del gobierno japonés dijo que «las explicaciones de Estados Unidos no nos ayudaron a ir más allá de la mera especulación».
(3) Si bien Turquía y los Estados Unidos han podido confiar fielmente entre sí durante varios años, las diferencias se acumulan concomitantemente con la evolución política del presidente Recep Tayyip Erdogan y el surgimiento de la Rusia en la región. Las tensiones son tales que Estados Unidos está considerando adoptar sanciones contra Turquía hoy debido a la compra del sistema ruso de armas de tierra a aire S400. Además, los turcos y los estadounidenses ahora luchan por las milicias kurdas sirias de YPG / YPJ, los socios clave de Estados Unidos en el campo, que Turquía considera terroristas. El caso del predicador turco Fethullah Gülen es también un obstáculo importante entre los dos aliados de la OTAN: actualmente un refugiado en Pennsylvania,
(4) Estas milicias no forman un todo homogéneo: en realidad están formadas por una docena de grupos diferentes, pero todos comparten la misma obediencia al régimen iraní. 
(5) Basado en cifras a partir de 2017. 
(6) Aunque no se pueden obtener cifras precisas y actualizadas del apoyo financiero de Teherán a Hezbollah, algunos datos de EE. UU. Publicados en 2004 estiman que este apoyo será Total de aproximadamente $ 200 millones. Además de la ayuda financiera de Irán, Hezbolá también se benefició de su apoyo militar con, por ejemplo, la entrega de misiles tierra-tierra Fateh-110 hechos en Irán en 2018.
(7) Como prueba de la realidad de esta amenaza, un comandante de Hezbolá anunció que parte de sus fuerzas fueron redirigidas al sur de Siria, donde Israel comparte una frontera común con Siria. 
(8) De hecho, con más de 15 millones de visitantes en 2018, la ciudad más grande de Dubai, Dubai, se posiciona como la séptima ciudad más visitada del mundo, por ejemplo.
(9) Como recordatorio, en junio de 2017, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto cortaron las relaciones diplomáticas con Qatar e impusieron un bloqueo económico, aparentemente debido a su apoyo a los grupos terroristas. y sus relaciones relativamente benevolentes con Irán. De hecho, fue un conflicto de influencia más amplio entre Doha y Riyadh, que vio a su pequeño vecino del Golfo como un competidor creciente en términos económicos, políticos y, lo que es más importante, religiosos. 
(10) El ministro de Relaciones Exteriores de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman al-Thani, también intentó establecerse como mediador de la crisis y viajó a Teherán durante el mes de junio para discutir esto con su Contraparte iraní Mohammad Javad Zarif.
(11) El petróleo representó aproximadamente el 90% de los ingresos de Kuwait en 2018 y el 19% de los ingresos de Bahrein en el mismo año. 
(12) Según las cifras publicadas en 2018 por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). 
(13) Uno de los muchos desencadenantes de la crisis entre Irán y Estados Unidos ha sido la eliminación de las autorizaciones excepcionales otorgadas por Estados Unidos a un puñado de países (Turquía, Corea del Sur, Japón, India y China en particular) para continuar Para importar petróleo iraní, luego bajo sanciones económicas. 
(14) Los afganos fueron particularmente exitosos en la batalla por la toma de Aleppo en 2016 y la de Deir Ez Zor en 2017.
(15) Mosul, la segunda ciudad más grande de Irak, cayó ante Daesh en cuatro días en 2014 después de que los soldados iraquíes huyeron del avance yihadista; Daesh había hecho entonces su feudo iraquí. 
(16) Si este conflicto ahora se analiza desde un ángulo denominacional, sus raíces son más una confrontación entre movimientos tribales y un poder central que un conflicto puramente religioso o étnico. El tema de la redistribución de la riqueza y el poder también es fundamental para comprender este conflicto. 
(17) Algunos artículos atestiguan la aparente dependencia de Teherán en los hutíes; En 2015, Le Monde estimó que este apoyo era «difícil de evaluar», sin cuestionar su existencia.
(18) Un comandante Houthi anunció a Reuters en 2015 que Irán y los Houthis compartieron el diseño de una confrontación con los «planes estadounidenses». 
(19) Los houthis tienen armamentos cada vez más sofisticados y personal entrenado para usarlos. Si el uso de misiles antitanque Kornet pudiera ser una coincidencia, el uso de drones Qasef-1 de fabricación iraní o misiles Burkan-2 cada vez más regulares, también de diseño iraní. 
(20) La milicia Houthi logró en 2014 tomar la capital, Sanaa. Sin embargo, el régimen yemení fue deportado a Adén, desde donde continúa la lucha con el apoyo de los saudíes.

Bibliografía: 
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 HABIB, Yasir. Diplomacia religiosa. 2018. 
 PERTHS, Volker. Conflicto y realineación en el medio oriente. Supervivencia, 2018, vol. 60, No. 3, p. 95-104. 
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 MATTIS, Jim. Resumen de la Estrategia de Defensa Nacional 2018 de los Estados Unidos de América. Departamento de Defensa de Washington, Estados Unidos, 2018. 
 DeVore, M. (2012). Explorando la relación Irán-Hezbollah: Un estudio de caso de cómo el patrocinio estatal afecta al grupo terrorista en la toma de decisiones. Perspectivas sobre el terrorismo, 6 (4/5), 85-10 
 Juneau, Thomas. (2016). La política de Irán hacia los hutíes en Yemen: un rendimiento limitado de una inversión modesta. Asuntos Internacionales. 92, 647-663. 10.1111 / 1.468-2.346,12599.

Sitografía: 
 Gracias a Siria, Hezbollah se ha convertido en un ejército regional, Le Figaro, 16/02/2017 
http://www.lefigaro.fr/international/2017/02/16/01003-20170216ARTFIG00307-grace-a-la Syria-The-Hezbollah-Became-A-Army-Regional.php 
  Cómo los aliados de Estados Unidos en el Medio Oriente están respondiendo a las crecientes tensiones con Irán, The Time, 18/06/2019 
https://time.com/5608930 / pomepo-iran-saudi-uae-tankers / 
  EE . UU. planea una coalición de aliados a las aguas de patrulla de Irán y Yemen, The Guardian, 10/07/2019 
https://www.theguardian.com/world/2019/jul/10/ ¿Planes, coalición de militares, aliados, patrullas, aguas del Golfo de Irán y Yemen, 
  o enemigos en el Nuevo Medio Oriente? Programa de Oriente Medio de Turquía, Irán y Arabia Saudita, Wilson Center, 19/12/2011
https://www.wilsoncenter.org/event/enemies-or-allies-the-new-middle-east-turkey-iran-and-saudi-arabia 
  Conozca a los representantes: Cómo Irán extiende su imperio a través de las milicias terroristas, la Torre , 01/03/2015 
http://www.thetower.org/article/meet-the-proxies-how-iran-spreads-its-empire-through-terrorist-militias/Annual 
  Statistical Bulletin, Organización de los Países Exportadores de Petróleo , 2018 
https://asb.opec.org 
  Cómo contrarrestar los proxies de Irán, Atlantic Coucil, 18/06/2019 
https://www.atlanticcouncil.org/blogs/menasource/how-to-counter-iran-s-proxies 
  Israel presiona el caso contra Irán, no por la guerra, The New York Times, 16/05/2019 
https://www.nytimes.com/2019/05/16/world/middleeast/israel-iran-netanyahu-war. html 
 Mientras las sanciones asfixian a Irán, Hezbolá se despliega para la guerra en la frontera de Israel, Times of Israel, 2019 
https://www.timesofisrael.com/as-sanctions-choke-iran-hezbollah-said-deploying-for-war-on-israels ¿Frontera / 
  Misión cumplida? ¿Qué sigue para los combatientes afganos de Irán en Siria? Guerra en las rocas, 2018 
https://warontherocks.com/2018/02/mission-accomplished-whats-next-irans-afghan-fighters-syria/ 
  Funcionario afgano en aguas profundas después de alabar Papel de Soleimani y las milicias chiítas en Siria, Middle East Institute, 2017 
https://www.mei.edu/publications/afghan-official-deep-water-after-praising-role-soleimani-and-shiite-militias-syria 
  Exclusivo : Irán incrementa el apoyo a los hutíes en la guerra de Yemen – fuentes, Reuters, 2017
https://www.reuters.com/article/us-yemen-iran-houthis/exclusive-iran-steps-up-support-for-houthis-in-yemens-war-sources-idUSKBN16S22R 
  apoyo iraní visto crucial para Houthis de Yemen , Reuters, 2015 
https://www.reuters.com/article/us-yemen-houthis-iran-insight/iranian-support-seen-crucial-for-yemens-houthis-idUSKBN0JT17A20141215 
  Entendiendo los orígenes de la guerra en Yemen, The World, 2015 
https://www.lemonde.fr/les-decodeurs/article/2015/04/17/comprise-the-origines-de-la-guerre-au-yemen_4617215_4355770.html 
  Los misiles de los Houthis: proliferación balística y grupos armados no estatales, Fundación para la Investigación Estratégica, 2018
https://www.frstrategie.org/publications/recherches-and-documents/houth-missile-primary-proliferation-and-non-state-non-groups-11-2018 
  La Jihad Islámica insinúa que podría afectar a Israel en caso de guerra entre Estados Unidos e Irán, Times of Israel, 2019 
https://www.timesofisrael.com/islamic-jihad-hints-it-may-strike-israel-in-case-of-us-iran-war/

La reunión trilateral Israel-EE. UU.-Rusia: motivos y ramificaciones

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Por Zvi Magen

La reunión de los asesores de seguridad nacional de los Estados Unidos, Rusia e Israel a fines de junio es un logro de la política de Israel, que navega entre los intereses de Moscú y Washington y es parte en el diálogo de las superpotencias sobre el futuro de Siria y La intervención iraní en ese país. Para los Estados Unidos y Rusia, este es otro paso en sus esfuerzos por crear vínculos más estrechos y centrar el diálogo entre ellos en asuntos de disputa. 

La elección de Israel como sede de la reunión fue para enfatizar su papel regional, y también es posible que tanto Washington como Moscú tengan interés en expresar su apoyo a Israel en el contexto de Siria y de Irán. Israel tiene interés en participar en conversaciones sobre temas regionales, pero al hacerlo, también podría estar invitando a una medida de riesgo.

Los asesores de seguridad nacional de los Estados Unidos, Rusia e Israel se reunirán en Israel a fines de junio. Esto marca un logro para la política de Israel, que ha logrado navegar entre los intereses de Moscú y Washington y ser parte en el diálogo de las superpotencias sobre el futuro de Siria y sobre la intervención iraní en ese país. Para Estados Unidos y Rusia, este es otro paso en sus esfuerzos por crear vínculos más estrechos y centrar el diálogo entre ellos en asuntos que están en disputa. Este artículo pretende despejar al menos algo de la niebla que nubla la reunión.

 

La agenda de esta reunión, cuyo formato es inusual, aún no se ha hecho público. Los informes de los medios internacionales sugieren que pretende ser una discusión sobre un acuerdo sobre Siria. Este marco implicaría la discusión de la continua intervención de Irán en ese país. Pero se puede suponer que, dado el discurso mejorado entre Rusia y los Estados Unidos, la reunión tendrá un valor diplomático inherente en sí misma, y ​​que también abordará los problemas globales en las respectivas agendas de los poderes.

 

La intención (por parte de los Estados Unidos e Israel, al menos) parece ser discutir el desarrollo de una política compartida sobre Siria e Irán. En cuanto a Siria específicamente, se puede suponer que tratarán de promover un acuerdo sobre la base de las conversaciones lideradas por la ONU en Ginebra, en contra de las conversaciones celebradas en Astana en las que Rusia, Irán y Turquía participaron. Aquí, el objetivo sería avanzar la reforma política en Siria. Rusia, por su parte, exigiría un acuerdo de Estados Unidos para el papel oficial del presidente Bashar al-Assad y para su candidatura en las próximas elecciones presidenciales en Siria. Dado el empeoramiento de la crisis entre Irán y los Estados Unidos en la región del Golfo, los Estados Unidos esperan que Rusia apoye su política sobre la cuestión iraní,

 

No debe descartarse que el pivote en la política de Oriente Medio de Rusia, expresado en su acercamiento y estrecha cooperación con Israel después de un período visiblemente frío, así como en la creciente tensión con Irán y el régimen de Assad, se deba principalmente a su apuesta por crecer más cerca de los Estados Unidos. La reunión programada para llevarse a cabo en Israel es aparentemente otra manifestación de esto.

 

El creciente acercamiento entre Washington y Moscú es evidente recientemente por los contactos regulares entre altos funcionarios de ambos lados. Una reunión entre el presidente Donald Trump y el presidente Vladimir Putin también está programada al margen de la cumbre del G20 en Tokio. Sin embargo, aún es demasiado pronto para evaluar el éxito de este proceso, entre otras cosas debido a la presión doméstica que se aplica a cada presidente para evitar gestos que podrían mejorar las relaciones.

 

El presidente Trump puede sentirse más libre, al menos después de la publicación del informe del Asesor Especial Mueller, al menos cuando se trata de mantener un diálogo con Rusia. También parece que la administración Trump está actualmente interesada en tratar de aprovechar la disposición de Rusia para discutir la remoción de las fuerzas iraníes de Siria, en cooperación con Israel, e incluso tomar medidas frente a Irán para mitigar las tensiones en el Golfo y Alentar a Irán a aceptar nuevas negociaciones sobre el acuerdo nuclear. Un factor que contribuye al interés de Rusia en mejorar los lazos con los Estados Unidos es su deseo de lograr un rápido final de la crisis siria mientras se cobran las fichas que obtuvo en el país, así como de mejorar las relaciones con Occidente, a saber, Europa. con respecto a la esfera postsoviética, con la esperanza de que se eliminen las sanciones,

 

Aún así, sigue sin estar claro si la esperanza estadounidense de redactar entendimientos con Rusia se cumplirá. Cabe recordar que Rusia e Irán son socios en la lucha de la guerra siria junto con el régimen de Assad, aunque, como ya se dijo, las brechas en sus posiciones sobre la configuración del futuro de Siria se han ido incrementando gradualmente. Las tensiones también han aumentado entre ellos recientemente, a la luz de la crisis entre Irán y los Estados Unidos.

 

La intención de Rusia de cambiar el patrón de su cooperación con Irán mientras se acerca a Occidente y a Israel parece haberse decidido ya hace un año. Por ejemplo, el ruso propuso a Estados Unidos e Israel tanto en la cumbre de Helsinki de julio de 2018 como en la conferencia de París que se celebrará más adelante en noviembre, que obligaría a Irán a abandonar Siria. Sin embargo, parece que la implementación del plan encontró resistencia entre los jugadores influyentes dentro de Rusia, quienes temían un acercamiento con los Estados Unidos y un abandono de Irán y, por lo tanto, preferían una confrontación continua entre las superpotencias, con Irán como un socio anti-occidental. No obstante, parece que el presidente Putin recientemente logró progresar con esto, a pesar del hecho de que las brasas de la recalcitación de la oposición todavía están ardiendo. Por lo tanto, es demasiado pronto para evaluar qué tan serio es el liderazgo ruso sobre el plan. Su implementación todavía está muy lejos debido a la oposición de Irán y el régimen sirio.

 

El liderazgo ruso también ha hecho esfuerzos para mejorar las relaciones con Israel. Este esfuerzo ha sido especialmente notable dada la oposición dentro de Rusia a cambiar su política en el Medio Oriente. La crisis entre los países tras el incidente en el que un avión de reconocimiento ruso fue derribado sobre Siria en septiembre de 2018 fue avalada por la oposición. Terminó a fines de febrero de 2019, cuando, durante una reunión entre el presidente Putin y el primer ministro Netanyahu, Rusia le ofreció a Israel un nuevo marco para cooperar en la creación de un acuerdo en Siria que implicaría la eliminación de las fuerzas extranjeras, principalmente Irán, del territorio del país. . Es posible que este movimiento esté destinado a ayudar a avanzar los entendimientos entre Moscú y Washington.

 

Parece que Rusia también intentará alentar la salida de las fuerzas estadounidenses de Siria, aunque también exigirá que coordinen su salida con Moscú para que pueda hacer arreglos para llenar el vacío que los estadounidenses dejarán en el área noreste del país . El control de Assad es buscado por el régimen de Assad; los iraníes, que quieren controlar la frontera entre Irak y Siria y los campos minerales en el este de Siria; Combatientes kurdos bajo las Fuerzas Democráticas de Siria (SDF); y Turquía, que hará cualquier cosa para impedir la autonomía kurda en el norte.

 

En resumen, parece que la reunión ruso-estadounidense-israelí programada constituirá otra etapa en la renovación del diálogo entre Estados Unidos y Rusia, cuyo propósito principal es abordar asuntos que son cruciales para ambas partes en las esferas internacionales. En el marco de la reunión, se planea una discusión para redactar una política común con respecto a la influencia iraní y siria en ella, la eliminación de fuerzas extranjeras del territorio del país, así como un intento de reunir la voluntad de una acción conjunta para resolver los desafíos de la región. . En cuanto a Siria específicamente, las conversaciones se centrarán en la estabilización y en un acuerdo político para el país, pero es dudoso que Estados Unidos esté dispuesto a cooperar con Rusia a cambio de reconocer el régimen de Assad o ayudar a financiar la reconstrucción de Siria. En cuanto a Irán,

 

La elección de Israel como sede de la reunión fue para enfatizar su papel regional, especialmente dado el hecho de que el acercamiento ruso-estadounidense aún no ha ganado un amplio apoyo en los Estados Unidos ni en Rusia, para el caso. Es posible que tanto Washington como Moscú tengan interés en expresar su apoyo a Israel en el contexto de Siria y de Irán. Israel, que tiene un papel en este diálogo, tiene interés en participar en conversaciones sobre asuntos regionales relacionados con Siria e Irán. Sin embargo, al hacerlo, Israel también podría estar invitando a una medida de riesgo, ya que las conversaciones podrían conducir a acuerdos que se relacionarán principalmente con un acuerdo político y el apuntalamiento de la estabilidad de Siria, sin abordar los intereses israelíes en ese contexto.

 

De cualquier manera, la reunión en Israel de los asesores de seguridad nacional representa un logro diplomático para Israel. Incluso si los participantes no llegan a acuerdos prácticos sobre el futuro de Siria y la remoción de las fuerzas iraníes del país, el hecho mismo del evento mejora el estado de Israel y la posibilidad de que pueda ejercer influencia sobre un futuro alojamiento en Siria . Rusia ya ha prometido limitar la actividad iraní y, en ocasiones, toma medidas importantes para demostrar que está cumpliendo su promesa, incluso redistribuyendo las fuerzas y representantes de Irán lejos de la frontera con Israel.

 

Durante la reunión, el asesor ruso intentará ganar legitimidad para el continuo gobierno de Assad en Siria y reconocer que ganó la guerra civil y que es insustituible, al menos en los próximos años. Por lo tanto, es recomendable que Israel exija, a cambio de un reconocimiento del gobierno de Assad, el establecimiento de un canal de enlace militar con el régimen sirio, a fin de coordinar las expectativas: para evitar malentendidos; asegurar que el régimen impida la acción de grupos terroristas y representantes iraníes en los Altos del Golán; y para evitar una escalada debido a que cualquiera de los dos lados lea erróneamente las intenciones y acciones del otro.

Fuente: The Institute for National Security Studies

¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?

Federico Martín Gaón

Entre los analistas está en boga preguntarse cuál es la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente, si es que acaso existe. Como vengo discutiendo en este espacio, desde la presidencia de Barack Obama se percibe que la hegemonía norteamericana en tierras árabes está terminando.

Esta impresión estriba en una serie de decisiones de alto nivel que mermaron la reputación de Washington para con sus aliados. A los efectos de sintetizar, entre otras cosas podría decirse que la retirada estadounidense de Irak facilitó la rápida expansión de la insurgencia yihadista, dando pie al llamado Estado Islámico (ISIS). Durante la Primavera Árabe, la Casa Blanca abandonó a su suerte a los autócratas amigos, dando lugar a un renacimiento islamista que, en Egipto, llevó a los hermanos musulmanes al poder. En cambio, Obama no mostró empeño por apoyar revueltas populares en países enemigos, so pena de contrariar al Gobierno iraní con el que finalmente acodó el pacto nuclear. Tampoco hizo valer las líneas rojas que él mismo estableció para amedrentar al régimen damasceno, posibilitando que los rusos intervinieran Siria sin miedo a retaliaciones.

Indistintamente de si estas políticas constituyen errores o aciertos, la presidencia de Donald Trump parece seguir transitando por esta ruta. Más allá de una postura dura contra Irán, el mandatario anunció la retirada de un número reducido mas no obstante significante de tropas en Siria, ofreciendo concesiones gratuitas a rusos e iraníes. Si existe una estrategia estadounidense, esta podría describirse como un desentendimiento orquestado de Medio Oriente. Para los críticos, la ambigüedad distintiva del presidente habla más bien de un enajenamiento improvisado, sugiriendo que –si bien Estados Unidos está retirándose de dicha región– no sabe cómo hacerlo de forma ordenada y sin causar embrollos.

Esta es la disyuntiva que plantea la revista Mosaic a lo largo de cinco artículos publicados en enero y planteados con el formato de un debate. ¿Tiene Estados Unidos un plan para Medio Oriente?

Existe una estrategia: retirarse de Medio Oriente sin contrariar a los aliados es viable

Michael Doran introduce la cuestión argumentando la existencia de una estrategia racional de retirada que viene siendo ejecutada desde los tiempos de Obama. Se refiere a ella como “doctrina [Sarah] Palin”, en referencia a un postulado lacónico articulado por la antigua gobernadora de Alaska y excandidata a vicepresidente. En 2013, la republicana dijo tener la solución al problema de la conflagración siria, afirmando que lo mejor es “dejar que Alá lo resuelva”. Doran argumenta que, pese a diferencias políticas, tanto Obama como Trump han adoptado la creencia aislacionista de que las botas estadounidenses no contribuirán a la paz o a la seguridad de Medio Oriente, y que por tanto las opciones militares son una carga innecesaria en el tesoro nacional.

Para Doran, miembro del Hudson Institute, los marcados contrastes de estilo entre el demócrata y su sucesor republicano son un asunto secundario. En este sentido, poco importa que Obama diera la imagen de ser más sobrio y ordenado al llevar a cabo sus decisiones. Lo que sí vale, por otra parte, son las convicciones subyacentes entre uno y otro presidente. Aunque ambos líderes creen en la inutilidad de invertir recursos castrenses en una región tan convulsionada, Obama hipotetizaba que los históricos aliados de Washington no han hecho otra cosa salvo provocar conflicto y embarrar el escenario. Doran sugiere que Trump, en cambio, intenta ejecutar esta retirada sin contrariar innecesariamente a sus aliados históricos, mitigando así el impacto a la Casa Blanca.

Doran argumenta que Estados Unidos puede retener su influencia a través de sus aliados, por lo que debe empoderarlos y velar por sus intereses en el plano internacional. Identifica a Israel, Arabia Saudita y Turquía como los tres principales amigos de Washington capaces de hacer frente a tres problemas fundamentales en la región: las zonas o Estados fallidos como Siria y Yemen, los grupos terroristas o yihadistas sunitas, y finalmente las milicias chiitas vinculadas a Irán. Según esta mirada, con Obama Estados Unidos falló en avanzar una solución para estos problemas porque no hizo cosa relevante que no causara distancia con sus tres mejores aliados. Sucintamente hablando, el demócrata se peleó con los israelíes y los sauditas por su acercamiento a Irán, y se ganó el oprobio de Turquía por su asistencia a las fuerzas kurdas (YPG, SDF), empujando a Ankara a la órbita de influencia rusa.

El autor ilustra esta diferencia haciendo analogía a una mesa de negociaciones. Obama entendió Medio Oriente como si fuera una mesa redonda, en donde Irán y Rusia tenían un rol protagónico como pares de Estados Unidos. Obama creía que rusos e iraníes tenían ambiciones puramente defensivas y que las palabras duras eran solo eso: palabras; a lo sumo utilizadas para expresar frustración por la falta de legitimidad y seguridad en la arena internacional. Coincido con Doran al indicar que esta noción errada permitió a Teherán llevarse concesiones gratuitas, expandiendo sus operaciones militares en Irak, Siria y Yemen, haciendo de Medio Oriente un lugar más impredecible; socavando la imagen de Estados Unidos como un aliado confiable.

 

La concepción de Trump entiende a Medio Oriente como si fuera una mesa rectangular. En un lado están los norteamericanos y sus aliados tradicionales. En el otro, adversarios como Rusia, Irán, las milicias chiitas y los terroristas sunitas. Bajo este esquema, Estados Unidos tiene el desafió de elevar la capacidad de negociación y disuasión de sus amigos, a la par que debe mediar entre sus peleas internas

En definitiva, Doran sostiene que la única opción viable es utilizar este enfoque, acaso una visión pragmática o realista que hace a una estrategia coherente. Trump debe por tanto apoyar y aprovechar la capacidad de sus aliados para contener a los adversarios de Estados Unidos.

No existe una estrategia: un sistema de seguridad sin el componente militar es inviable

El primer comentario al artículo de Michael Doran lo hace Elliot Abrams, un prominente neoconservador que sirviera como asistente y consejero en las administraciones de Ronald Reagan, George W. Bush y Trump. (Recientemente ha sido nombrado Representante Especial para Venezuela). Para Abrams, la premisa fundamental que introduce Doran está errada. Es muy difícil sino imposible desentenderse militarmente de Medio Oriente y sin embargo velar por los intereses de los aliados, especialmente a la hora de contener a Rusia e Irán.

Abrams argumenta que para construir un sistema de seguridad es necesario ensuciarse las manos. No alcanza con facilitar inteligencia y armamento a los aliados. Si lo que se busca es disuadir a los enemigos y garantizar un orden regional favorable, inevitablemente hay que colocar fichas en el campo de juego. Esto no significa dar luz verde a una invasión a gran escala, o a la presencia indeterminada de grandes contingentes. Más bien, el veterano funcionario apunta a la necesidad de preservar la presencia de tropas en puntos vitales. Critica así –y creo que con justa razón– el impulso del presidente por evacuar a los 2.000 soldados asentados en Siria, decisión que le costó al comandante en jefe la renuncia de James Mattis, el hasta hace poco Secretario de Defensa, y el evidente malestar de John Bolton, el Consejo de Seguridad Nacional.

Tal como marca Abrams, existe consenso bipartisano acerca de la importancia de mantener números reducidos de tropas en Medio Oriente para prevenir mayor infiltración iraní, yihadista, o dar lugar a injerencia rusa: precisamente los problemas principales que Doran identifica. Por esta razón, Abrams duda de que Trump tenga la claridad que describe su contraparte cuando ilustra la mesa rectangular.

Para este autor, las decisiones de los últimos dos años reflejan el auge y decadencia de los múltiples personajes que tuvieron protagonismo en el proceso de toma de decisiones. El caso es visible con los constantes cambios de gabinete en la administración Trump. Desde este punto de vista, Doran interpreta una estrategia coherente para Medio Oriente en donde no la hay. Abrams asegura que la posición anterior es demasiado optimista, prometiendo falsamente resultados rápidos y baratos evitando el inevitable componente militar. La mejor apuesta, posiciona en cambio, consiste en exigir un liderazgo que entienda que no hay sistema defensivo sin la dimensión castrense y sin un involucramiento activo en los asuntos que competen a los intereses de seguridad nacional y a las metas de los aliados.

Estrategia o no: en Medio Oriente Estados Unidos es crónicamente inconsistente

Martin Kramer, historiador de Medio Oriente, interviene en segundo lugar. Kramer comienza por cuestionar la consistencia de Michael Doran, notando que antes de que Trump anunciara en diciembre que traería a los soldados en Siria a casa, el intelectual se mostraba en contra de tal medida. Efectivamente, hasta el año pasado Doran argumentaba que Washington tenía que sancionar una presencia permanente en Siria para evitar que Irán tenga acceso terrestre para aprovisionar a sus aliados desde Irak y a través del noreste sirio. Incluso llegó a recomendar el establecimiento de una base en el medio del país, situada en el valle de Éufrates, bajo la premisa de que esto contrarrestaría la influencia de Rusia.

Apoyándose en estas contradicciones, Kramer duda que la estrategia que Doran identifica tenga sentido o asegure tranquilidad a largo plazo. Según expone, dejar el vecindario árabe a la buena de Rusia e Irán es un riesgo elevado como para ser desdeñado. Cualquier garantía que Washington le ofrezca a sus aliados –como cancelar el plan nuclear con Irán, comprometerse a no apoyar a las fuerzas kurdas, o trasladar la embajada norteamericana a Jerusalén– difícilmente podrá servir de compensación por una geopolítica que los aliados interpretan como adversa y duradera.

Es imposible saber que actitud tomarán los sucesores de Trump cuando se enciendan las alarmas y los aliados pretendan cobrar la póliza de seguros ofrecida directa o indirectamente por el actual inquilino de la Casa Blanca. El rechazo de Trump al acuerdo nuclear pactado por Obama muestra que en el traspaso de poder no hay cauciones que aseguren que un presidente entrante respete lo que dijo su predecesor.

Sin embargo, Kramer piensa también que los aliados de Estados Unidos sobredimensionan muchos de los riesgos existentes en Medio Oriente. Duda de que Siria se vaya a convertir en un bastión iraní (yo también lo hago) a partir de la retirada de las tropas norteamericanas, pero así todo reconoce que dichas acciones son un golpe a la reputación y credibilidad de su país.

Ahora bien, el argumento que el autor quiere introducir tiene que ver con la reflexión que permite la perspectiva histórica. Tal y como Doran se muestra inconsistente, Estados Unidos es crónicamente ambivalente y contradictorio en su accionar en Medio Oriente, siendo rehén de la coyuntura internacional y las diferencias ideológicas entre republicanos y demócratas a lo largo del tiempo; problemas propios de cualquier potencia que además sea democrática. No por poco, consciente de esta inconsistencia recurrente, el liderazgo israelí está intentando capitalizar la pérdida de influencia estadounidense acercándose a sus vecinos y forjando un entendimiento con Rusia. (Recomiendo el magistral libro de Dennis Ross, Doomed to Succeed: The U.S.-Israel Relationship from Truman to Obama, que da cuenta de dichas inconsistencias norteamericanas a lo largo de las décadas).

No hay estrategia: tampoco aliados necesariamente confiables y permanentes

Steven A. Cook, miembro del Council on Foreign Relations, escribe la cuarta respuesta. Cook vuelve a la noción de una geopolítica adversa, coincidiendo en que los aliados de Estados Unidos recibirán con escepticismo cualquier consuelo que Washington pueda dispensar para mitigar el impacto de su aislacionismo. Como es el caso de la relación entre Israel y Rusia, esta coyuntura llevará a los tradicionales aliados a tomar cartas en el asunto y procurar la consecución de sus propios intereses, aún si deben contrariar las preferencias de Estados Unidos.

Esto puede ser dañino para la estrategia que Doran concibe. Para ilustrar, el autor se vale del caso de Arabia Saudita. Dejando de lado el asesinato (geopolíticamente incorrecto) del periodista Jamal Khashoggi en octubre del año pasado, Cook argumenta que los sauditas han actuado irresponsablemente en asuntos de elevada trascendencia, complicando y atentando contra el orden que Estados Unidos quisiera establecer. En otras palabras, aunque los aliados son en definitiva aliados, sin la supervisión que solo la presencia activa de la primera potencia mundial puede dar, el comportamiento de países amigos puede convertirse en un lastre y en un dolor de cabeza para la diplomacia estadounidense.

Cita por ejemplo la renuncia forzada que Riad le impuso al primer ministro libanés, Saad Hariri, en noviembre de 2017, por no ser lo suficientemente vocal en su oposición a Irán. Pero el tiro salió por la culata, pues los analistas coinciden en que el incidente fortaleció el agarre de Hezbollah en el país de los cedros. También cita el bloqueo saudita de Qatar en junio de ese mismo año, una medida que no ha tenido éxito en obligar a Doha a alejarse de Irán, creando una fractura en los países sunitas del Golfo; retrasando los esfuerzos norteamericanos por limitar la influencia iraní. Finalmente, Cook hace un análisis parecido en relación con la intervención sunita en la guerra civil en Yemen.

Por otro lado, el autor hace un balance más negativo de Turquía, cuestionando su papel como uno de los principales amigos de Estados Unidos en la región. Es una crítica similar a la que esbocé al abordar la membrecía de Turquía en la OTAN. Cook evoca la identidad islamista del Gobierno turco y menciona una medida afinidad entre Ankara y Teherán, incluyendo gestiones para ayudar a Irán a evadir sanciones internacionales. Asimismo, ataca el postulado de Doran de que Estados Unidos enojó sin necesidad a Recep Tayyip Erdogan al apoyar a los grupos kurdos que combatían al ISIS. Cook marca correctamente que Ankara fue reticente (algunos dirían cómplice) a enfrentarse a los yihadistas, siendo que no quería terminar por fortalecer a la resistencia kurda, especialmente tan cerca de la frontera turca. Visto así, el autor marca que Obama acudió a los kurdos solo después de que los turcos se rehusaran a ayudar en la lucha contra el califato.

 

Para Cook es evidente que es necesario replantear un sistema de seguridad sin Turquía, y la estrategia que Washington adopte tiene que prever que sus amigos de la vieja guardia kemalista ya se han jubilado, dando lugar a una nueva élite profundamente antiestadounidense. Por ello, el analista encuentra paradójico que Doran critique a Obama por poner a los adversarios en una posición de igualdad en la mesa redonda, y empero defienda la necesidad de apoyar a Turquía, un peso pesado que cuestiona con ahínco a Occidente.

Offshore balancing: un sistema de seguridad a lo Guerra Fría

Volviendo a las premisas, en los debates que plantea Mosaic el primer colaborador siempre tiene la oportunidad de responder las críticas de sus colegas. En este caso, Michael Doran revindica lo siguiente: pese al carácter imprevisible o desatinado del presidente, bajo su liderazgo Estados Unidos mantiene coherencia en cinco puntos principales.

Primero, la aversión por desplegar tropas en el terreno. Segundo, la determinación no obstante de utilizar la fuerza en ocasiones puntuales para intimidad a los adversarios. Tercero, su disposición mucho más favorable hacia los aliados que la que mostraba Obama. Cuarto, rechaza la anticuada noción izquierdista de que el conflicto israelí-palestino es la dinámica central del conflicto en Medio Oriente. Quinto, es muy hostil a Irán y consciente del riesgo que presentan sus ambiciones.

Concluye por consiguiente que, si la administración Trump produce caos, entonces se trata de un caos con una forma por lo pronto positiva. Asegura que no hay que sobredimensionar el riesgo que supone la retirada de tropas de Siria, y sostiene que durante la Guerra Fría Estados Unidos trabajó con sus aliados sin desplegar contingentes para no provocar a la Unión Soviética. Este es el sistema de seguridad que propone Doran: que los aliados persigan sus intereses, tomando en cuenta las preferencias norteamericanas a contraprestación de armamento, dinero y apoyo diplomático.

Sobre las aparentes contradicciones que subraya Martin Kramer, Doran se defiende admitiendo que, como perdió el debate, es momento de move on y seguir adelante. Ahora que la retirada de tropas se vuelve una realidad, es momento de abandonar las críticas y esbozar nuevos argumentos constructivos para refinar la estrategia de seguridad en Medio Oriente.

En cuanto a Turquía, a razón de los postulados de Steven Cook, Doran opina que su colega exagera el grado de amistad entre Ankara y Teherán, aludiendo a rivalidades geopolíticas históricas, incluyendo la actual tensión entre ambas capitales sobre la legitimidad del Gobierno de Bashar al-Assad. Y en defensa de Arabia Saudita, Doran cree que las políticas de Riad, aunque tal vez excesivas en su antiiranismo, no dejan de ser positivas para los objetivos estadounidenses. Para él, sus colegas exponen argumentos liberales, idealistas, ponderando consideraciones morales en donde no debería haberlas.

Tener valores en común no es prerrequisito para formar una alianza dentro de un sistema de seguridad. Lisa y llanamente, define que Washington necesita ser servicial a Turquía y perdonar los excesos de Arabia Saudita a los efectos de contrarrestar el orden estratégico que busca Irán. Este es un argumento muy parecido al que realizan los reconocidos teóricos realistas John Mearsheimer y Stephen Walt al hablar de offshore balancing, concibiendo a Estados Unidos como un “equilibrador a distancia”. Esta concepción propone utilizar a los aliados para dirimir la influencia de los poderes rivales, y solo intervenir militarmente cuando no quede otra salida.

En mis artículos suelo indicar que Estados Unidos parece no tener estrategia en Medio Oriente. El debate que ofrece Mosaic reafirma esta percepción. Las medidas contradictorias entre una administración y la siguiente hablan de visiones contrapuestas que a veces pueden confundirse como improvisación o desinterés. Haya estrategia o no, lo cierto es que Washington no tiene una política clara para con todas las partes involucradas. A mi criterio esto es grave. Para bien o para mal, las percepciones ocupan un papel central en las relaciones internacionales e influyen en el comportamiento de los Estados, tanto aliados como enemigos.

En mi opinión, el desentendimiento de los norteamericanos con Medio Oriente, orquestado o no, arriesga dar impresiones equivocadas. Por eso, de momento creo que el principal desafío de Estados Unidos en la materia consiste en encontrar un balancear entre políticas contradictorias, y reafirmar el tipo de equilibrio por el cual quisiera velar.

Fuente: https://federicogaon.com

¿Qué hiciste Trump?

Bryan Acuña, CCEIIMO

El presidente Donald Trump siguiendo sus promesas de campaña, tomo la decisión de sacar las tropas estadounidenses de Siria, o al menos de esa forma lo ha dejado entrever en estos días. El movimiento según indica, obedece a que han logrado vencer al DAESH, criterio no compartido por el resto de aliados de la OTAN, principalmente los países europeos que han formado parte de las operaciones; por ejemplo Francia y Alemania.

Y es que pese a lo manifestado por el presidente estadounidense, es imposible acabar con algo que surgió como un movimiento ideológico fuertemente viral. Lo que la coalición logró contra la estructura islamista fue desmembrar su pujante “empresa”, decapitar algunos de sus liderazgos y desperdigarlos por varias regiones donde se aprovechan de los vacíos legales y de poder para seguir actuando, como ocurre en Libia y en el Magreb africano. O actúan como “lobos solitarios” cometiendo atentados de baja intensidad, que se endosan fácilmente como logros de la “Guerra contra los infieles”.

El movimiento es tan repentino y sorpresivo que desubica a otros actores internacionales, haciendo pensar que el gobierno de Trump está entregando en bandeja de plata el dominio del Levante Mediterráneo al Kremlin; algo que ya domina de facto desde hace tiempo pero que con esta movida se haría oficial.

Sumaría además una zona de respiro para los intereses de la República Islámica de Irán en sus afanes por crecer en influencia en la región, sumando el poder que manifiesta en Siria, más lo logrado con la retirada de tropas estadounidenses de Irak, aplomado en el Líbano a través de fichas importantes en el poder político como militar por medio de Hezbollah, así como ser el soporte más importante del grupo islamista Hamas en Gaza, logrando así tener tres eventuales frentes para confrontar indirectamente a Israel a través de luchas de desgaste.

El retiro estadounidense significaría que en Israel tendrán que acostumbrarse a negociar en ruso, algo que ya de todos modos desde la época de Obama han logrado asimilar. Y si bien el gobierno de Trump ha sido el que mayores apoyos le ha brindado a Israel en las últimas décadas, salvo que el movimiento en Siria tenga “trampa”, esto le traerá dolores de cabeza a los israelíes, en un barrio donde no hay tiempo para aburrirse.

Mientras que por otro lado, se da por un hecho que Assad no será removido del poder y la victoria finalmente quedó en manos del líder alauita, aunque con un país resquebrajado por luchas tribales y sectarias que no facilitará el proceso de devolverlo a una condición anterior; eso simplemente no ocurrirá.

Por otro lado a los kurdos, una de las principales fuerzas que aprovecharon la ruptura momentánea del liderazgo sirio, quedan a la expectativa ante el temor que esto sea un retroceso, principalmente ante la amenaza de Turquía, quienes en su afán de tener más poder en Oriente Próximo decidan seguir minando el posicionamiento y autodeterminación kurda en la región, causando además que el gobierno de Ankara siga violando sistemáticamente los derechos de esta población. Además que las aspiraciones turcas son las de convertirse de nuevo en la principal potencia del mundo islámico en general, y es hacia donde Erdogan y sus seguidores apuntan desde hace años.

Regresando brevemente al tema kurdo, está claro que se desaprovechó la posibilidad de generar un enroque estratégico a través del fortalecimiento a las posiciones kurdas y se fue dejando una vez más en el olvido a esta nación que pudo transformarse en el pivote geopolítico que se necesitaba para romper con la media luna de dominio que ha estructurado inteligentemente Moscú en colaboración directa con Teherán y por el contrario en estos momentos por la coyuntura es posible que al menos en Siria los kurdos estén decididos en cierta forma alinearse con las fuerzas militares del gobierno de Assad contra los sueños expansionistas del gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

Estados Unidos mantendrá sus apoyos a los aliados de la zona (Israel y Arabia Saudita principalmente), pero más desde el ámbito material, principalmente a través de la venta de armamento y equipo de defensa, pero en el terreno mantendrá cierta distancia. Sin embargo, cuidado con hacer una apreciación errónea, ya que Estados Unidos no se va del todo, aún poseen importantes bases militares en regiones aledañas, que de ver amenazados sus intereses estratégicos, regresaría a dar golpes en la mesa.

Pero la distancia que decidieron tomar, corta un importante canal de comunicación para consensuar una agenda que mantenga el equilibrio del poder favorable, decidiendo dar la iniciativa a otros actores que no desaprovecharán la oportunidad.

Fuente: El Mundo CR