Santa Sofía y el orientalismo del siglo 21 Paulo Botta

Board of Directors
Por Paulo Botta (Instituto de Relaciones Internacionales Universidad Nacional de La Plata)*

La decisión del Presidente turco Recep Erdogan de hacer que la Catedral de Santa Sofía deje de ser un museo, lo que era desde 1934, y vuelva a ser utilizada como mezquita, es decir el uso que se le dio desde 1453 cuando los otomanos conquistaron Constantinopla hasta aquella fecha, ha acaparado la mayoría de los titulares de los medios que se ocupan de temas internacionales.

La decisión ha generado rechazo comprensible a nivel de las comunidades cristianas en aquel país y en el exterior, que ven esta decisión de Erdogan como un claro ejemplo de su política de “re-islamización” o de “neo-otomanismo”.

También fue rechazada por parte de los Estados Unidos y de la misma UNESCO. Rusia, por su parte, ha considerado al tema como una decisión de política interna turca, algo que tiene más de realismo político que cualquier otro componente.

Todas las reacciones externas eran esperables, y no podían dejar de realizarse, aunque más como una formalidad que con una clara voluntad de modificar la decisión turca.

Sin embargo, eso no es lo esencial a la hora de analizar lo realizado por el Presidente Erdogan sino que tanto la decisión de Erdogan como las reacciones generadas nos muestran importantes tendencias en el sistema internacional y entre quienes estamos interesados en analizarlo.

En primer lugar, hay que entender que se trata de una decisión motivada por factores internos así como derivados de la búsqueda de enfatizar un aspecto central de la identidad del país.

A nivel interno, en un contexto complicado, ya sea por la crisis económica o por el impacto social del coronavirus o el desgaste normal de un dirigente en el poder desde hace una década, Erdogan tiene una necesidad ineludible de dar a su base electoral algo que ya se había prometido pero que nunca, en más de una década al frente del país, había concretado: hacer que Santa Sofía vuelva a ser una mezquita. Se trata de un punto central en los musulmanes turcos que él representa.  Es un tema de importancia identitaria para su grupo político, aunque no era urgente.

Así, en medio de la actual crisis, que no es turca, ni regional, sino global, esta decisión aparece como un gesto poco costoso en términos políticos internacionales pero que le puede asegurar amplios beneficios internos.

Por otra parte, le asegura alcanzar dos elementos esenciales de toda política exterior: enfatizar su identidad islámica y ganar prestigio frente a otros actores que compartan estos valores. El precio a pagar, no ha sido muy alto. De nuevo, como cuando nos hemos referido a Putin, realismo puro.

Esta decisión debería hacernos ver, desde este rincón del mundo, desde “casi el fin del mundo”, parafraseando al Papa Francisco, ciertas tendencias actuales que pueden resultar de interés.

La identidad, por un lado, es un elemento esencial en toda sociedad. La autopercepción es incluso más influyente que la realidad misma. Afirmar ciertos aspectos de la vida social, como en este  caso la religión, es algo que comparten muchos líderes lo que no significa que lo hagan convencidos (no podemos juzgar su interior) pero entienden ese reflejo social y lo utilizan para construir poder.

En segundo lugar, varias décadas de internacionalismo liberal nos han hecho caer en una visión cómoda, simplificada e incorrecta de otras sociedades. Se cree que los valores propios, denominados occidentales, son universales y que todos deben aceptarlos so pena de ser considerados como parte de la pre-modernidad.

Lo cierto es que estos valores no son universales y que creerlo genera lo que denominados la “falacia del espejo”, es decir, pensar que los demás van a reaccionar como uno lo haría. Nada más alejado de la verdad. Para escapar a esa falacia es necesario conocer al otro, sus valores, su lógica discursiva interna, sus percepciones, y para ello hay que salir del punto de vista propio. Los orientalismos decimonónicos, que veían al otro como un objeto, han dado lugar a uno del siglo 21, donde se cree inocentemente que porque uno crea algo los demás deben de hacerlo, por el solo peso de la universalización forzada o indiscutible de esos valores occidentales.

Creo que en el fondo los aspavientos liberales no se originan en la incomodidad que les genera la idea que Santa Sofía sea una mezquita, en términos religiosos, sino que alguien no acepte sus valores, en términos políticos. No piden que Santa Sofía vuelva a ser una Catedral, sino que siga siendo un museo. Piden la continuidad del laicismo, no un regreso a valores cristianos. En un mundo donde se fortalecen las tendencias identitarias, muchas de ellas con base religiosa, la decisión de Erdogan les resulta tan extraña como si el reflejo del espejo no se moviera fielmente.

El próximo 24 de julio cuando Santa Sofía se convierta oficialmente en mezquita agregaremos un nuevo hito al listado que reúne los errores de comprensión al analizar otras sociedades que se mueven basadas en otros valores.

Hasta que no podamos desarrollar un conocimiento real y comprehensivo de otras sociedades y sus culturas políticas seguiremos sorprendiéndonos.

Argentina, como un país medio con escaso margen para el error o para dilapidar oportunidades, necesita más que nunca entender el mundo sin anteojeras ideológicas y sin esa expectativa de la universalización de valores, que no es la tendencia actual. Para ello las universidades y el desarrollo de los estudios regionales, cumplen un papel central.

Fuente: iri.edu.ar

* Paulo Botta es Coordinador del Departamento de Eurasia

Manos de angel

Cuando el estado turco fascista lanzó los ataques de invasión contra Afrin con mercenarios en enero de 2018, lo justificó con la «amenaza a la seguridad» por la existencia de un gobierno autónomo kurdo en su frontera, antes de esa fecha, no se disparó una sola bala desde Afrin hacia el lado turco, mientras que estas tierras ubicadas en el extremo más occidental de Rojava habían sido atacadas por morteros y obuses de Turquía docenas de veces. Poderes como la ONU y la UE que no se opusieron a la ocupación fascista del régimen AKP-MHP de esta región kurda dentro de las fronteras estatales sirias conocían muy bien este hecho. A pesar de las intensas protestas y reacciones de su propio público, respaldaron la ocupación, que creó una violación muy grave de los derechos internacionales.

Estos poderes, que cuentan con su democracia, su presunta lealtad a los derechos y la ley, son conscientes de que los mercenarios utilizados por Turquía en 2013 en el norte de Siria y Rojava no son diferentes de ISIS. Por ejemplo, Amnistía Internacional informó en 2016 de las masacres de civiles y los delitos de tortura cometidos por la División Sultán Murat establecida por Turquía en 2013. La ONU también señaló en un informe publicado en febrero de 2017 que la misma fuerza cometió una masacre en el barrio Şêx Meqsût para vengarse de los kurdos.

Sin embargo, el Estado turco permitió a los mercenarios poner fin a una administración autónoma democrática, ecológica, liberal y femenina y establecer un régimen fascista.

La dominación de campo de ISIS, que presumen de terminar (como si hubieran tenido pérdidas en el campo), ahora continúa con un emblema diferente, en áreas donde el poder autodestructivo y la gente se autogobiernan. Efrîn, Serêkaniyê, Girê Spî. Aquí, bajo el liderazgo de las fuerzas YPG-YPJ, se construyó sobre ellas un sistema democrático, pluralista, multicultural, femenino, libertario, liberado de las pandillas apoyadas por el estado turco.

Ahora hay un régimen fascista monista, islamista, anti-kurdo y misógino. Borra todo lo relacionado con los kurdos, estas tierras que no están relacionadas con los turcos están siendo turquificadas y están sujetas a la asimilación popular y al genocidio cultural. Los kurdos, que no pueden dejar / abandonar el área de ocupación, son secuestrados, torturados y asesinados todos los días. Se envían a las familias imágenes de torturas disparadas por teléfono móvil y, si no se paga el rescate, se suspenden las amenazas de asesinato.

El peso mayor de esta ocupación genocida es hacia las mujeres. Son secuestradas y llevadas cautivas. Son violadas y asesinadas. Son tomadas de sus familias y esclavizadas en regiones como Idlib. Esta vez, lo mismo que ISIS hizo con las mujeres Êzîdî, la División Sultán Murat, que se pagó a Turquía bajo el nombre de ayuda a refugiados de la UE y la ONU, se pagó por las mujeres kurdas. No hay diferencia.

Todos gritaron cuando lo hizo ISIS. Se callan cuando lo hacen mercenarios y violadores como la División Sultan Murat, establecida y dirigida por Turquía. Ellos lo ignoran. Incluso ofrecen apoyo financiero.

Por eso son responsables de la masacre de mujeres cometidas en Afrin. También son culpables. Porque no solo permiten sino que brindan apoyo material y moral.

Por lo tanto, en lugar de esperar a que denuncien las violaciones de derechos humanos cometidas en Afrin, es necesario revelar y exponer sus alianzas, crear y difundir estos informes a través de la solidaridad con las organizaciones civiles.

Las palmas de Angel Nebîh Xelîl, 16, Efrînli, cuyo cuerpo estaba en Azez, nos dice esto. Miré las fotos que mostraban su cuerpo sin vida tirada en el suelo durante mucho tiempo. Cayó boca abajo después de ser golpeada en la cabeza.

Su mano derecha aparece en una foto tomada después de que su funeral se realizara. Su mano está cerrada, tiene tierra en su palma. Sus manos envueltas en el suelo en el último momento de su corta vida. Tomó su tierra con el puño.

Esa mano no ha salido de mis ojos durante días. La mano del ángel de Efrin. Los dedos de esa mano están en el cuello de todas las fuerzas estatales occidentales, que aprueban abiertamente la invasión de Rojava por parte de Turquía. Debes saberlo. Debes recordarlo.

Fuente: https://yeniozgurpolitika.net/

Traducción libre: CCEIIMO

Turquía, Pakistán, Malasia y Qatar forman una nueva y preocupante alianza

Fathom – Jonathan Spyer

Por JONATHAN SPYER*

Esta alianza emergente es un reflejo de un cambio de poder en el mundo islámico lejos de su centro árabe tradicional.

El nombre del predicador islamista salafista fugitivo Zakir Naik es poco conocido en Occidente. Naik, fundador de la Fundación de Investigación Islámica con sede en Mumbai, está siendo perseguido por las autoridades indias por cargos de lavado de dinero y discurso de odio.


Naik es un predicador islamista popular en su país natal. Se le conoce como «quizás el ideólogo salafista más influyente de la India» y «el evangelista salafista más importante del mundo». Sus puntos de vista sobre temas como la homosexualidad, la apostasía y los judíos son los esperados (los dos primeros merecen la pena de muerte, el tercero «controla EEUU»).

Las autoridades indias observan evidencia de que dos de los siete terroristas que llevaron a cabo un ataque mortal en un café en Dhaka, Bangladesh, el 1 de julio de 2016, se inspiraron en sus enseñanzas.


En sí mismo, el predicador fugitivo solo tiene un interés pasajero. Sin embargo, las actividades de Naik son dignas de mención, porque la lista de sus partidarios y sus actividades en su nombre arrojan luz sobre un nexo emergente en el mundo islámico que merece mayor atención.

Parece que esta alianza cristalizadora tendrá una consecuencia considerable en el período de apertura, sobre todo para Israel y algunos de sus socios en la región y más allá.

Huyendo de las autoridades indias, Naik ha sido el afortunado receptor de la residencia permanente en Malasia. Allí, su caso se ha convertido en una causa célebre. El Partido Islámico de Malasia, que tiene cuatro ministros en el gobierno actual, se opone vociferantemente a acceder a los llamados indios para su extradición.


Los informes en varios medios de comunicación indios afirman que la concesión (inusual) de residencia permanente al predicador fugitivo se produjo como resultado de una solicitud del gobierno de Pakistán. Los informes sugieren además que «Pakistán también está utilizando sus relaciones con Turquía y Qatar para proporcionar fondos a Zakir Naik».

Naik, por su parte, ha elogiado al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Hablando con un grupo islamista, encabezado por Bilal Erdogan, en 2017, el predicador indio se refirió al líder turco como «uno de los pocos líderes musulmanes que tiene las agallas para apoyar abiertamente al Islam», y agregó: «Oh mundo musulmán, despierta. … Que Erdogan sea el próximo líder del mundo musulmán «.


LA DISPUTA en torno a Naik arroja luz sobre las florecientes relaciones entre tres países musulmanes importantes: Turquía, Pakistán y Malasia. Esta alianza emergente es un reflejo de un cambio de poder en el mundo islámico lejos de su centro árabe tradicional.


Ankara, Islamabad y Kuala Lumpur, con Qatar como socio adicional, constituyen hoy un nexo de poder emergente, construido alrededor de una orientación común hacia un Islam político sunita conservador. Este nexo está unido tanto por enemistades comunes como por afectos comunes. Sus enemigos son India, Israel y (a nivel retórico) el Occidente cristiano.


Mientras tanto, sus rivales dentro de la diplomacia del mundo islámico son Arabia Saudita, que tradicionalmente ha dominado la Organización de la Conferencia Islámica, el principal organismo diplomático panislámico y los Emiratos Árabes Unidos.


La cristalización de esta nueva alianza ha sido evidente durante algún tiempo. A fines de septiembre de 2019, Erdogan, el primer ministro malasio Mahathir Mohamad y el primer ministro paquistaní Imran Khan se reunieron al margen de la 74a Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Los tres acordaron en esa reunión establecer un canal de televisión en inglés para combatir la ‘islamofobia’ en Occidente.


Mahathir luego buscó convocar una cumbre en Kuala Lumpur, en diciembre de 2019, para identificar, según un comunicado de prensa que anunciaba la cumbre, «lo que salió mal, con el fin de reclamar la fama y la gloria del mundo musulmán de antaño». Al informar a los medios de comunicación en Putrajaya, Malasia, sobre la cumbre, Mahathir sugirió que «tal vez, puede considerarse como el primer paso hacia la reconstrucción de la gran civilización musulmana».


Los países invitados a la cumbre de Kuala Lumpur fueron Turquía, Pakistán, Qatar e Indonesia. Mahathir describió a los países invitados como «unas pocas personas que tienen la misma percepción del Islam y los problemas que enfrentan los musulmanes».


La posterior presión saudita sobre Pakistán impidió su asistencia a la cumbre de KL. Sin embargo, las actividades diplomáticas conjuntas de los países invitados han continuado a buen ritmo. Hasta ahora, estos esfuerzos se han dirigido principalmente a la India, con el foco en el tema del territorio en disputa de Cachemira.


Cachemira parece ser un asunto de particular interés para el presidente turco, en su esfuerzo por presentarse como un líder panislámico y en su deseo de acercarse a Pakistán.


Turquía celebró una conferencia internacional sobre el tema el 21 de noviembre de 2019. Un senador paquistaní, Sherry Rehmen, participó en esta reunión. Durante la visita de Erdogan a Pakistán a principios de 2020, el presidente turco mencionó a Cachemira seis veces durante un discurso de 25 minutos en una sesión conjunta del parlamento pakistaní.


Erdogan comparó a Cachemira con la lucha turca por Gallipoli contra los británicos y los franceses en la Primera Guerra Mundial. “Fue Canakkale ayer, y hoy es Cachemira. No hay diferencia ”, afirmó, en declaraciones que llevaron a la India a emitir una gestión oficial ante el embajador turco en Nueva Delhi, contra la injerencia en sus asuntos internos.


Malasia también adoptó un tono nuevo y vociferantemente crítico sobre el tema. Mahathir, poco antes de su renuncia a fines de 2019, dijo que India había «invadido y ocupado» Cachemira y estaba «tomando medidas para privar a algunos musulmanes de su ciudadanía».


Vale la pena señalar que, en contraste con este activismo diplomático, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos sostienen que Cachemira sigue siendo un asunto interno de la India.


Esto refleja la creciente cercanía entre Riad y Nueva Delhi, expresada también en las principales inversiones en India anunciadas por el Príncipe Heredero Mohammed bin Salman durante su visita a India en 2019.


La alianza emergente entre Turquía, Pakistán, Malasia y Qatar tiene sentido estratégico e ideológico desde el punto de vista de sus miembros.
Refleja el reposicionamiento actualmente en curso en Asia, a raíz de la hegemonía estadounidense posterior a la Guerra Fría. Estos países están unidos por una perspectiva central similar y tienen algunos adversarios emergentes comunes.

Turquía y Qatar, de hecho, han participado en una asociación de facto en la última década, basada en la oposición común a Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. También están unidos en apoyo al Islam político sunita en toda la región en su forma de Hermandad Musulmana, y no menos importante en su iteración palestina: el movimiento Hamas. Pakistán y Malasia son reclutas naturales para este bloque emergente. India parece ser actualmente su principal objetivo diplomático.


Esta alianza también comparte una enemistad profunda con el estado judío. Sus adversarios, India y Emiratos Árabes Unidos, son socios estratégicos emergentes de Jerusalén. Zakir Naik, ubicado en Malasia, con cuentas bancarias de Qatar y el músculo diplomático de Pakistán y Turquía protegiéndolo, respirando fuego y azufre contra apóstatas, homosexuales y judíos, es su símbolo apropiado.

*El escritor es director del Centro de Informes y Análisis de Medio Oriente y miembro investigador del Foro de Medio Oriente y del Instituto de Estrategia y Seguridad de Jerusalén. Es autor de Days of the Fall: A Reporter’s Journey in the Syria and Iraq Wars.

Turquía se incluye por primera vez entre los 5 principales importadores de armas rusas

Según los resultados del año pasado, Turquía se incluye por primera vez entre los cinco principales importadores de armas rusas, dijo Dmitry Shugayev, Director del Servicio Federal de Cooperación Técnico-Militar de Rusia, informa RIA Novosti.

«En 2019, se firmaron un total de $ 17 mil millones en contratos [respectivos]», agregó.

Actualmente, India, China y Egipto también se encuentran entre los mayores importadores de armas rusas.

Pero el quinto país no se menciona oficialmente.

Fuente: Armenian News

El ocaso del Sultán

Por David Castillo Fernández, Estudiante Relaciones Internacionales Universidad Internacional de las Américas

  • La arriesgada política internacional de Erdogan aumenta tensiones en una región convulsa como Medio Oriente.
  • Su estrategia le ha generado fuertes crispaciones con Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos.

Erdogan se ha convertido a lo largo de sus más de 15 años en la cúpula del Gobierno de Turquía en un líder incontestable dentro de la política interna del país. Dirigió un país con una consolidada estabilidad dentro de un régimen político parlamentario con el cargo de Primer Ministro desde el año 2003 cuando vence en las elecciones parlamentarias y posteriormente en el año 2014 se convierte en Presidente de la República, con lo que inicia un proceso de reforma constitucional para dar un mayor protagonismo a la Jefatura del Estado y convertirse en un sistema presidencialista, estas modificaciones fueron aprobadas en el año 2017, tanto en el parlamento como en referéndum.

            Ni siquiera el intento de Golpe de Estado perpetrado en el año 2016 debilitó su posición como hombre fuerte de Estado dentro de la estructura de Turquía, pero podría ser su estrategia agresiva de política exterior desarrollada en los últimos años en Medio Oriente y el Norte de África su perdición.     

            Turquía se ubica en un espacio de vital importancia geoestratégica, se encuentra en dos continentes, su ciudad más importante Estambul se encuentra en territorio europeo y el resto, la Península de Anatolia, se ubica en Asia. Además de ello, el Estrecho del Bósforo ubicado en su territorio, es el que une al Mar Negro con el Mediterráneo. Por lo que con estas decisiones en los últimos tiempos, ha generado importantes tensiones y dificultades en sus relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y países influyentes del Medio Oriente y el Norte de África.

            La Guerra Civil en Siria, país vecino de Turquía, dio una oportunidad a Erdogan de posicionar sus tropas en el límite entre ambos países y de atacar a uno de sus mayores enemigos, que es interno y externo, la población kurda. La fuerte represión dentro del mismo territorio turco y las constantes avanzadas dentro de territorio sirio para atacar a los bastiones kurdos que se enfrentaban en ese momento tanto al Gobierno de Al-Asad como al Estado Islámico.

            Estas intromisiones en el territorio kurdo han provocado una escalada de tensiones entre Erdogan y Putin que han parecido una montaña rusa en los últimos tiempos pero que están llegando a un punto álgido en este año, según lo anotado por el Diario El País de España, en nota del 12 de febrero titulada “La escalada en Siria tensa la relación entre Turquía y Rusia”, comenta lo siguiente, “Recep Tayyip Erdogan ha roto su moderación hacia Rusia. El presidente turco ha acusado este miércoles a Moscú de participar en la “masacre” de civiles junto a las fuerzas de Bachar el Asad en la provincia siria de Idlib y criticó las “promesas incumplidas” del Kremlin. Rusia respondió acusando a Turquía de no cumplir con los acuerdos destinados a contener las hostilidades en la volátil región y de agravar la situación. Una escalada de ásperos comentarios entre Ankara y Moscú, que hasta ahora han mantenido una alianza diplomática —aunque incómoda porque apoyan a bandos opuestos— para trazar las directrices de una eventual paz en Siria. Ahora, la relación se está agriando.”

            Y en los últimos días, el conflicto aumenta y Erdogan decide no solo mantenerse en Idlib, que es uno de los últimos bastiones de la oposición al Gobierno de Al-Asad, si no que ha aumentado su presencia militar en la ciudad, lo que ha tensionado aún más la frágil cuerda que sostiene la “alianza” entre Moscú y Ankara.

            Pero este no es el único flanco abierto del “Sultán”, el tema de los refugiados sirios que cuentan miles y que intentan desde hace años cruzar a las fronteras de la Unión Europea, llegando a Grecia, han provocado otra escalada de tensiones y amenazas, debido a que el Gobierno Turco asegura que ya no puede sostener a los refugiados e información a la que han accedido distintos medios de comunicación confirma que hasta las mismas autoridades turcas han impulsado a los refugiados a salir de su país. Esto pese a que el encargado de las relaciones internacionales de la UE, Josep Borrell confirma que desde 2016 existe un acuerdo migratorio entre ambos países que Turquía está incumpliendo.

            A los anteriores conflictos también se debe sumar otra intervención de Erdogan, ahora en el norte de África, específicamente en el conflicto interno de Libia, que ha provocado importantes tensiones con países como Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes que en esta situación cuentan con el aval de Rusia. Informaciones internacionales confirman un acercamiento entre la facción del Ejército de Liberación Nacional Libio de Haftar con el Gobierno Sirio de Al-Asad y también un llamado explícito de Haftar en apoyo al Gobierno de Grecia que está enfrentando el tema migratorio sirio.

            El liderazgo fuerte y retador de Erdogan le ha dado importantes réditos como mantenerse en la primera línea del gobierno turco por más de 15 años, pero su desgaste se percibe tanto en el aspecto nacional donde en las últimas elecciones municipales fue derrotado en las ciudades grandes resaltando Estambul, como en el ámbito internacional donde en los últimos años ha convertido a su país en un foco de conflictos y tensiones siendo una zona de contacto y conexión entre importantes partes del mundo (Europa, Rusia y Medio Oriente), por eso considero que si no hay un cambio de rumbo, de actitudes y comportamientos de ultraliderazgo personalista por parte de Erdogan, nos acercamos al ocaso del “Sultán” de Turquía.