COMENTARIO A ENTREVISTA A UN INTELECTUAL EN MERECIDO OCASO

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Por Marcelo Kisilevski

Respuesta al artículo sobre Norman Finkelstein

El Sr. Finkelstein sólo puede culparse a sí mismo de ser excluido del campo académico, no sólo por mentir, sino por ser un intelectual absolutamente poco serio, es decir, un fracaso como investigador. Lo único que tiene, y lo admite al final del artículo, son «pensamientos», porque de hechos comprobados, nada.

El cerco sobre Gaza nunca fue hermético, no existe un sólo colono en Gaza ya desde 2005, por lo tanto tampoco soldados, y por lo tanto tampoco ocupación. Entonces por qué hay violencia cíclica con Gaza, y mucho menos con Cisjordania?

Esa pregunta no se la hace Finkelstein, sencillamente porque no conoce el tema, no solo no sabe las respuestas, sino tampoco las preguntas. Las raíces del bloqueo, impuesto en 2007 (y no en 2006, ni siquiera acierta en el año) luego del brutal golpe de estado de Hamás contra Fatah, el gobierno palestino legítimo, deben buscarse en la épica jihadista que ve como «profanación» la mera existencia de un estado no musulmán sobre «Dar El Islam», la «Morada de la paz», tierra sagrada musulmana, profanada en su febril versión del islam por la mera existencia de Israel todo.

Pero de eso no habla Finkelstein, sencillamente porque sabe muy poco del tema. Y el agua, un viejo motivo antisemita que viene del libelo de los pozos de agua envenenados supuestamente por judíos para provocar la peste negra del siglo 14, es imbebible en Gaza porque han agotado las napas y el agua se saliniza en contacto con el mar, y porque el dinero donado por Occidente para bombas de agua y plantas desalinizadoras quedaron en los bolsillos de Al Fatah y ahora de Hamás, no sea cosa que los palestinos beban agua saludable y ya no haya cómo acusar a Israel.

Nadie dispara a mansalva a civiles adrede, ni en Gaza ni en ningún lugar, salvo que te llames Bashar el Assad y bombardees campos de refugiados palestinos sobre suelo sirio. Palestinos mueren en Gaza cuando son llevados a manifestaciones contra el enemigo externo, siempre más fácil, siempre más visible, Israel, que sirve como hoja de parra al fracaso de Hamás como gobierno en los últimos 13 años.

Y estos manifestantes «pacíficos» están armados con bombas, con botellas molotov, con globos bomba e incendiarios. Y sí, si son «luchadores por la libertad», entonces habrá bajas. Y también caerán civiles, si los utilizan como escudos humanos. Del cinismo del Hamás nada sabe Finkelstein, porque escribe libros a control remoto, citando fuentes que también representan lobbies, a los que tanto dice odiar.

En fin, Finkelstein proyecta, porque acusa a otros de utilizar el Holocausto y otras victimizaciones, cuando en realidad es él el que lo hace para intentar impulsar su ideología afiebrada, bajo el lema: «Mis padres sobrevivieron el Holocausto, no me vengan a hablar a mí de autoridad moral». Si eso no es utilizar el Holocausto para justificar su postura ideológica y moral, entonces no se entiende bien qué es manipulación.

El problema no es Finkelstein, un intelectual con bastante poca jerarquía, sino cómo un periódico que se piensa serio como «El Periódico», se presta a darle voz, pensando que así se favorece en algo la causa palestina. Pues las noticias son: flaco favor se le hace a la causa palestina cuando se defiende al Hamás, y cuando se abre el micrófono a voceros tan intelectualmente pobres como Norman Finkelstein.

Entrevista con Elisabeth Marteu sobre la posición de los Estados del Golfo sobre el plan de paz de Trump: «la amenaza iraní se ha vuelto más importante que la causa palestina»

ELISABETH MARTEU

El martes 28 de enero, representantes de varios estados del Golfo estuvieron presentes en la presentación del plan de paz de Medio Oriente en Washington, incluso cuando el texto se anunció como muy favorable para Israel. «El acuerdo del siglo», como se le conoce comúnmente, ha demostrado estar en gran medida alineado con las ideas de Benjamin Netanyahu. Especialmente pidió a los palestinos, que también estuvieron ausentes en Washington el 28 de enero, que hagan concesiones importantes, incluido el abandono de Jerusalén. A pesar de esto, varios estados acogieron con beneplácito el acuerdo en una medida sin precedentes, prueba de que las relaciones entre Israel y una parte del Golfo se han reformado profundamente en los últimos años.

Para comprender esta dinámica, Elisabeth Marteu, doctora en ciencias políticas en el Institut d’Etudes Politiques de Paris, investigadora asociada en el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) y profesora en Sciences Po Paris, responde preguntas de Claves para el Medio Oriente.

El martes 28 de enero, los embajadores de Omán, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos estuvieron presentes durante la presentación del plan Trump, junto con Benjamin Netanyahu. ¿Ya no es un tabú para ciertos países árabes anunciarse con Israel?

De hecho, su presencia en Washington junto a Donald Trump, y especialmente al primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, muestra que aparecer con Israel ya no es un tabú.


Este posicionamiento no es realmente nuevo. La elección de Donald Trump hace casi cuatro años marcó un punto de inflexión tanto para el acercamiento entre Israel y ciertos estados del Golfo, como para la publicidad de este acercamiento.


Durante la conferencia de Varsovia sobre seguridad (2019), por ejemplo, Donald Trump había reunido a los países del Golfo y a Benjamin Netanyahu sobre los temas de la amenaza iraní y el plan de paz para Oriente Medio. Por lo tanto, este evento fue un precursor de los desarrollos actuales, un primer paso para acercar a estos países. Unos meses más tarde, la conferencia en Bahrein (junio de 2019) también organizó este acercamiento.
Por lo tanto, el tabú se ha levantado por un tiempo ahora. Pero el evento del martes pasado en Washington selló este acercamiento.

Arabia Saudita, por su parte, ha sido más cautelosa, pero su posición parece haber cambiado. Ningún representante saudita llegó a la presentación del plan Trump. Sin embargo, Ryad «elogió los esfuerzos» de Donald Trump, sin recordar la necesidad de respetar las fronteras de 1967, un principio sin embargo declarado por el plan de Abdallah en 2002.

Actualmente estamos viendo una distribución de roles según los países del Golfo.

Algunos, como Omán, Bahrein y los Emiratos, asumen plenamente el acercamiento. Pero su posición no es del todo similar:
● Omán muestra su neutralidad pura con respecto al conflicto israelí-palestino. El país dice que no quiere tomar partido.
● Bahrein va más lejos. El Ministro de Relaciones Exteriores, Sheikh Khaled ben Ahmed al Khalifa, ha declarado en repetidas ocasiones que era posible un acuerdo con Israel y que existía una mayor amenaza en la región, a saber, Irán. Sin embargo, tenga en cuenta que dejará el ministerio en abril.
● Los Emiratos Árabes Unidos también asumen una convergencia de intereses, pero se miden más en sus declaraciones públicas que Bahrein.

Los sauditas, por su parte, apoyan el plan de Trump, pero están tratando de perdonar a los palestinos, al menos públicamente. Esto explica su ausencia junto a Donald Trump y Benyamin Netanyahu el 28 de enero. Ryad afirma ser el poder sunita de la región y el protector de los lugares sagrados del Islam. Por lo tanto, no se puede mostrar demasiado con Israel, para no alienar a los palestinos. La diferencia no es profunda con los otros países del Golfo, es sobre todo una cuestión de postura.

Con respecto al resto del Golfo: Qatar y Kuwait tienen posiciones bastante divergentes.
Qatar defiende la causa palestina, en particular apoyando a Hamas. Pero los qataríes han hecho declaraciones vergonzosas tras la presentación del plan Trump, porque Doha no quiere alienar al presidente estadounidense. Kuwait, por otro lado, es más firme, debido a las relaciones históricas con los palestinos. Ha acogido a muchos migrantes palestinos en el pasado, así como a la Organización de Liberación de Palestina.

En general, hay un desarrollo obvio en las relaciones entre Israel y los países del Golfo. Al apoyar el plan de Trump, aceptan la soberanía israelí sobre los lugares sagrados en Jerusalén. Dan la impresión de haber renunciado por completo a la cuestión de Jerusalén. Si bien la Liga Árabe ha condenado claramente el plan de Trump. Por lo tanto, todavía intentan al menos llegar a un consenso árabe sobre el tema, pero su posición conciliadora es muy peligrosa.

Es una admisión de debilidad por parte de estos países. Han demostrado que ya no son capaces de defender la causa palestina, que es históricamente fundamental para el mundo árabe. También muestran su fuerte dependencia de Washington.

En mi opinión, los emiratíes y los sauditas también están molestos por la actitud de los palestinos. Creen que han hecho suficientes esfuerzos por la causa palestina. Y no están en buenos términos con Mahmoud Abbas. Es de conocimiento común que los Emiratos dan la bienvenida y apoyan a Mohammed Dahlan, un ferviente oponente de Mahmoud Abbas. Por lo tanto, algunos agradecerían un cambio de liderazgo en Ramallah.

¿Por qué crees que este cambio de posición? ¿La amenaza iraní? Intereses económicos?

Las prioridades de estos líderes han cambiado. Para ellos, la amenaza iraní se ha vuelto más importante que la causa palestina. Y de hecho, también hay una dimensión económica. Quieren desarrollar el comercio, abrir sus mercados.

En mi opinión, esta ruptura también se debe a un cambio de generación a la cabeza de los países del Golfo. Los nuevos líderes más jóvenes quieren mejorar su relación con Israel. Para ellos, la causa palestina ya no representa mucho. Crecieron con la existencia del estado israelí, que no cuestionan. El punto muerto psicológico con Israel encontrado en sus predecesores ha sido levantado. El estado hebreo ya no se considera un país enemigo. Incluso ven a este país como un aliado potencial, especialmente para contrarrestar a Irán. Hasta ahora, la cuestión palestina ha sido problemática para ellos. Pero están cambiando paradigmas. Este martes 28 de enero, hubo una transferencia brutal a las posiciones pro-Israel.

Incluso enterraron la iniciativa árabe de 2002, que sin embargo escribieron. Esta iniciativa condicionó el reconocimiento de Israel a la formación de un estado palestino. Pero ahora reconocen al estado israelí incondicionalmente.

Las poblaciones de los Estados del Golfo siguen siendo predominantemente pro-palestinas. ¿Cómo van a manejar estos líderes esta gran brecha entre la opinión pública y su nueva posición?

La mayoría de los líderes del Golfo no piensan en ello porque imaginan que su población no se movilizará en torno a la causa palestina. Y si una oposición se organizara estructural y públicamente, sería señalada como «derechos humanos», e incluso podría ser acusada de ser peligrosa para la estabilidad del país, incluso «terrorista». Por ahora, las críticas se expresan principalmente en Internet, especialmente en las redes sociales.

Fuente: https://www.lesclesdumoyenorient.com/Entretien-avec-Elisabeth-Marteu-concernant-la-position-des-Etats-du-Golfe-sur.html

Conspiración contra la causa palestina

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Por Camilo Torres Perl *

“Existe una conspiración de Estados Unidos e Israel para acabar con la causa palestina”. Esta es la acusación que desde meses atrás voceros de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) han pronunciado en diversos foros y medios de comunicación: lo han repetido desde su Presidente Mahmoud Abbas, hasta su recientemente nombrado Primer Ministro, Mohammed Shtayyeh.

¿Cuál es la causa palestina que defienden los dirigentes de la ANP y cuál es la conspiración que denuncian? Hablemos primero de la conspiración.

Desde el inicio de su mandato, Donald Trump nombró a Jason Greenblatt y Jared Kushner como responsables de desarrollar un plan de paz para, una vez más, intentar dar por terminado el conflicto israelí-palestino. A este plan la administración Trump lo ha llamado “El Acuerdo del Siglo”.

Sin entrar en detalles, la propuesta tiene, a mi entender, dos ejes principales: establecer el compromiso de los principales países de la región para lograr el acuerdo y, por otra parte, minimizar los escollos que impidieron llegar a acuerdos anteriormente.

En las negociaciones de Camp David de julio de 2000 -auspiciadas por el entonces presidente Bill Clinton- Ehud Barak, el entonces Primer Ministro de Israel, propuso una solución territorial en firme (que incluía la partición de Jerusalén) para la creación del Estado Palestino, y ésta fue rechazada debido a que, según testimonio de Clinton, Yasser Arafat aseveró que la propuesta no solucionaba la situación de los “refugiados” y su derecho al retorno.

Dicho en otras palabras: Arafat deseaba que se crease el Estado Palestino, pero que los entonces casi cuatro millones de refugiados, según la descripción de la UNRWA, se volviesen ciudadanos israelíes si así lo deseaban. Es decir, Arafat pretendía no solo la creación de un Estado Palestino, sino dos estados con mayoría árabe a medio plazo.

La descripción de refugiado palestino de la UNRWA (la cual fue creada para durar un año y ya cumplió 69 de actividad) ha perpetuado su estatus de refugiado y además,  como caso único en el mundo, lo ha vuelto hereditario, contraviniendo todos los tratados internacionales sobre los refugiados. Por ello, en lugar de haber sido una solución, ha sido un multiplicador del padecimiento de una buena parte de árabes palestinos, que por cuarta o quinta generación, siguen viviendo en campos de refugiados en países árabes sin que tengan derecho a la nacionalidad del país donde nacieron.

Ante esto, la administración Trump ha cortado los fondos que transfería a la UNRWA y ha declarado que por refugiado palestino se deberá contabilizar únicamente a aquellos que se circunscriban como tales según el derecho internacional, y no según la descripción de la UNRWA. De esta manera, los refugiados palestinos no superarían los cien mil, según varias estimaciones.

Otro de los escollos con el cual las negociaciones anteriores se toparon fue la división de Jerusalén. En este sentido, la administración Trump parece haber dado un claro mensaje cuando trasladó su embajada a Jerusalén y al haber cerrado su consulado en Jerusalén del Este. Jerusalén como capital para dos estados quedaría fuera de discusión.

Sin embargo, la mayor “amenaza” a la “causa palestina” viene del giro que han dado los principales actores de Medio Oriente con respecto a su postura tradicional frente al conflicto israelí-palestino Trump, junto a su equipo encabezado por Greenblatt/Kushner, ha entendido que sin el apoyo de los principales actores de la región, ningún acuerdo sería viable a largo plazo.

En estos dos últimos años, Greenblatt y Kushner han recorrido intensamente la región buscando convencer a los países claves para que comprometan su apoyo a esta nueva propuesta.

Además de las múltiples declaraciones de dirigentes y líderes de varios países de la región, con las cuales han dejado entrever su apoyo o al menos su favorable expectativa al nuevo plan, la más importante muestra de interés en el plan Trump ha sido la asistencia de más de setenta delegaciones de países y organismos internacionales al Taller “Paz para la Prosperidad”, convocado en Bahréin entre el 25 y 26 de junio pasado.

Entre los más importantes asistentes estuvieron las delegaciones de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Egipto, Marruecos, Qatar, FMI, etc.

A partir del desarrollo de este Taller y la asistencia de representantes de las principales potencias de la región, la dirigencia palestina ha hecho airadas declaraciones y con mayor fuerza ha denunciado la mencionada “conspiración” contra la “causa palestina”.

Me referiré ahora a la “causa palestina” defendida por la dirigencia de la ANP. El ente fue fundado a raíz de los tratados de Oslo de 1993, en los cuales se conformó y reconoció a la ANP como legítima representante de los árabes palestinos y a la cual le fueron encomendadas las tareas de administrar los territorios asignados bajo su responsabilidad, así como de liderar el proceso para llegar al establecimiento del Estado Palestino.

Esta dirigencia, lastimosamente, “no ha perdido la oportunidad de perder una oportunidad”. No solo que no frenaron a los grupos violentos, como se comprometieron en los Tratados de Oslo y para lo cual fueron armados y entrenados tanto por Estados Unidos como por Israel, sino que alentaron a las organizaciones terroristas y las utilizaron cada vez que querían presionar a Israel o alejarse de las negociaciones, tal como sucedió con el estallido de la Segunda Intifada.

No solo que en el sistema educativo palestino y en todos los medios de comunicación bajo su responsabilidad se demonizan tanto al estado de Israel como al pueblo judío, sino que además, la ANP ha establecido un sistema de pensiones vitalicias para todo aquel que ejecute y/o planifique con éxito atentados terroristas contra civiles israelíes y producto de lo cual sea recluido en una cárcel israelí.

Mientras más años reciba como condena, es decir, mientras más violento y sanguinario haya sido el atentado, más alta será la pensión vitalicia para el perpetrador y su familia. Para este sistema de pensiones del terror, se estima que la ANP destina aproximadamente trescientos millones de dólares anualmente, un 7% de su presupuesto anual.

Los terroristas que mueran en atentados serán merecedores de múltiples actos conmemorativos así como de monumentos, estatuas y que sus nombres estén en calles, plazas, escuelas, estadios, etc. Con lo que serán “honrados” y recordados permanentemente por haber servido a la “causa palestina”.

Esta es la verdadera “causa palestina” contra la que Israel, Estados Unidos y cada vez más países árabes y musulmanes están “conspirando” para cambiar. Es decir, están buscando que el pueblo árabe palestino abandone el camino de la violencia y deje de lado su pretensión de destruir Israel y se centre en la opción de sentarse a la mesa de negociaciones, para encontrar un futuro de oportunidades sociales y económicas para que su sociedad progrese junto a un vecino, al cual no llegarán a amar pero, junto a quien deberán convivir civilizadamente y cooperar en la búsqueda de su bienestar.

Ahora le corresponde al resto de actores mundiales sumarse a esta “conspiración”, para que en un futuro próximo la dirigencia árabe palestina entienda que el camino de la violencia no la llevará a ningún lado y que únicamente la convivencia pacífica y tolerante le llevará a alcanzar la anhelada dignidad para el pueblo que representan.

Fuente: Aurora Israel


(*) Camilo Torres Perl –Director de Política y Comunicación de Israel Sin Fronteras

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

Crisis y redefinición del mapa de Medio Oriente

El Medio Oriente y particularmente la región del Golfo Pérsico atraen una vez más atención global. En este caso un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre Estados Unidos e Irán en un contexto del programa nuclear del gobierno de Teherán.

Por Paulo Botta*

El año pasado el gobierno del presidente Trump inició su retiro del denominado Acuerdo Nuclear 5+1 firmado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea con Irán. Para Estados Unidos el acuerdo es considerado como insuficiente para limitar el desarrollo nuclear de Irán y además no toca otros dos temas de grandes implicancias para la seguridad internacional: los desarrollos misilísticos y la política regional de Irán.

Para el resto de los países firmantes y para el Organismo Internacional de Energía Atómica, el acuerdo estaba cumpliéndose. De todas maneras, no debemos quedarnos en la superficie del cumplimiento o incumplimiento. 

Lo que está en juego es algo estructural para el sistema regional y así es como debemos entenderlo.

Más allá de las discusiones técnicas lo cierto es que la crisis nos señala cuales son algunas tendencias de la actualidad de la región. 

En primer lugar, las diferencias existentes entre Estados Unidos y los tres países europeos firmantes del acuerdo (y la Unión Europea, por cierto), Reino Unido, Francia y Alemania. El caso iraní no es el único caso donde los intereses norteamericanos y europeos chocan, lo mismo podemos decir de otros temas como las relaciones comerciales transatlánticas, las relaciones con China, etc. Seguir denominando “países occidentales” a los estados europeos (como un actor unificado) y a Estados Unidos, como si constituyeran una unidad sin diferencias, ya no refleja una realidad. Se evidencia un regreso claro al unilateralismo y una disminución de los ámbitos de cooperación particularmente en el marco de organizaciones internacionales. 

En segundo lugar, detrás de la voluntad iraní de desarrollar un programa nuclear que le permita dominar el ciclo completo del uranio se encuentra la decisión de convertirse en una potencia regional y, con eso, el deseo de reorganizar el sistema regional de Medio Oriente. Este sistema, conformado luego de la segunda posguerra mundial, está en crisis. Israel y Arabia Saudita intentan mantener su posición de preeminencia mientras que Turquía e Irán pugnan por una reorganización sustancial. En esta lucha por la conformación de un nuevo orden regional los actores, sin excepción, no dudan en traspasar las fronteras estatales en abierto desconocimiento al principio de no injerencia en asuntos internos del otro estado. Los ejemplos abundan. 

La lucha por la reorganización del sistema regional se realiza en tres niveles: estado a estado (a través de los medios clásicos de la diplomacia y las fuerzas armadas), cada estado buscando apoyo de potencias ordenadoras del sistema global y de los estados intentando ejercer diversos niveles de injerencia en el interior de los otros estados.

Los cambios en Medio Oriente no se derivan solo del intento de Irán por desarrollar una capacidad nuclear. Pensemos en las crisis de Siria e Irak, dos estados que durante la segunda parte del siglo XX intentaron ejercer posiciones de preeminencia en la región y que hoy se desangran en conflictos sangrientos. Si a eso le agregamos los conflictos, con abierta participación de actores externos, en Yemen o Libia podemos ver como el sistema regional de Medio Oriente que conocimos ya no existe.

En tercer lugar, se evidencia una accionar creciente de potencias extra regionales en Medio Oriente. No solo se trata de las potencias coloniales del siglo XIX y XX o de los Estados Unidos. Rusia y China, por poner dos ejemplos, están cada vez más activos en la región. La participación del gobierno de Moscú en la guerra de Siria es un ejemplo claro. Hoy Rusia tiene una presencia en el Mediterráneo oriental que no tenía hace solo cinco años atrás y esa presencia no va a desaparecer en el corto plazo.

Otro ejemplo es la venta por parte de Rusia de los sistemas de defensa antiaéreo S-400 a Turquía que han generado una crisis entre Washington y Ankara, ¡entre el primer y el segundo ejército de la OTAN! El gobierno del presidente Putin ha logrado lo que ni el Imperio de los zares ni la Unión Soviética lograron, que Turquía se posicione (por lo menos por el momento) del lado ruso. Las implicancias geopolíticas de lo sucedido no son menores.

En el caso chino, la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, el conjunto de proyectos de infraestructura de transporte multimodal, no solo vinculará a China con la península europea sino que rediseñará los flujos de comercio que se conformarán en base al mercado chino. La influencia comercial y financiera seguramente se traducirá en influencia política en un futuro no muy lejano. Pekín llegará para quedarse.

Como puede verse no solo estamos discutiendo los alcances del programa nuclear iraní sino la estructura del orden regional de Medio Oriente, la posición de los actores extra regionales ante el mismo y los mecanismos de reordenamiento.

Desde Hispanoamérica, entender cuáles son las modificaciones que están teniendo lugar en regiones como Medio Oriente resulta esencial. No es una curiosidad académica, es una necesidad. 

No podemos pensar en actuar en el sistema internacional sin tener un “mapa actualizado”. Los riesgos de interactuar en un mundo que pertenece al pasado son inmensos. Los errores que cometen las elites dirigentes los pagan los pueblos.

Fuente: La Mañana (Uruguay)

(*) Profesor protitular de la Universidad Católica Argentina (UCA) donde dirige el Programa Ejecutivo en Medio Oriente contemporáneo.

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

Rapto de la niñez palestina

Hamas y Fatah están despojando a la infancia palestina de oportunidades de un porvenir promisorio al adiestrarlos en una cultura de muerte y promoviendo el surgimiento de futuros terroristas

Por: Beatriz de Rittigstein

Desde su identificación como pueblo, los palestinos han tenido dirigentes corruptos y violentos, quienes lejos de actuar de forma institucional, proceden como cabecillas de bandas delincuenciales, por eso su conducción va por un camino sin sentido, muestran que la suerte de la población palestina no es el foco de sus distintas agendas personales.

En 1964, con la fundación de la Organización para la Liberación de Palestina, conocida por sus siglas OLP, se puso en boga su propósito prioritario: la destrucción de Israel; su carta fundacional lo dice: fundar un Estado independiente para los palestinos desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo. La consigna “liberar” Palestina es un eufemismo y en las décadas transcurridas desde esos inicios hasta la actualidad, ha cambiado el panorama, pero no la intención. Ello es palpable en la educación que la Autoridad Palestina brinda a sus niños, a los que adoctrina con la finalidad de proyectar la yihad, de transformarlos en mártires que pretendan matar judíos. Lo percibimos de modo concreto en los textos escolares publicados por la AP, en los cuales se falsifica la historia, se exalta el odio y el terror. También en AP TV se han observado shows en los que adolescentes difaman al Estado de Israel, por ejemplo, lo acusan de haber matado a Arafat, mintiendo con desfachatez ante un público juvenil de mente maleable.

Hamas es aún peor; lo evidenciamos en programas infantiles de Al Aqsa TV, canal creado por dicho movimiento terrorista; sus dibujos animados promovieron la supremacía islámica y la aniquilación del Estado judío. En el presente, están sus campamentos vacacionales en los que los chiquillos usan indumentaria similar a la de los terroristas, incluye entrenamiento militar, prácticas de tiro y simulación de secuestros.

Hamas y Fatah están despojando a la infancia palestina de oportunidades de un porvenir promisorio al adiestrarlos en una cultura de muerte y promoviendo el surgimiento de futuros terroristas. Con este crimen no solamente vulneran la seguridad de los israelíes quienes son sus objetivos, y la viabilidad de alcanzar un acuerdo de paz, sino también es dañino para la sociedad palestina que tendrá un relevo generacional en extremo violento, sin mayores opciones de progreso y bienestar.

bea.rwz@gmail.com

Fuente: El Universal

** Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.