Escombros, refugiados y la periferia de Siria

Jon B. Alterman

Es difícil decir cómo se ve la “victoria” en Siria, pero parece que durante algún tiempo Bashar al-Assad ganó una. Él controla todos los principales centros de población del país, sus adversarios sirios están en desorden y sus antagonistas regionales e internacionales ya no están disputando su gobierno. Hace ocho años, parecía poco probable que la audaz apuesta de Assad a la represión para derrotar a una oposición de base amplia funcionara. Incluso hace cuatro años, antes del compromiso militar de Rusia, su posición parecía tenue. Mientras que aún se avecina una batalla para asegurar el noroeste del país, la verdadera pregunta pendiente es en qué términos sus adversarios depositarán sus armas.

Aunque Assad está ganando el control, su país está en ruinas. Las ciudades y la infraestructura han sido destruidas, y la mitad de todos los sirios han sido expulsados ​​de sus hogares (aproximadamente uno de cada cinco forzados fuera del país). Los gobiernos occidentales están apostando a que la necesidad de Assad de reconstruir el país les dará un impulso para configurar el tipo de paz que emerge. Su confianza está fuera de lugar. En su lugar, deberían preocuparse por apuntalar a los aliados que limitan con Siria. En un juego de pollo sobre el futuro del Levante, Assad parece dispuesto a esperar a que salgan todos, y los millones de refugiados de Siria son parte de su plan.

No es así como se suponía que terminaría la guerra civil siria. Cuando los manifestantes pacíficos tomaron las calles de Siria, muchos pensaron que los días de Assad estaban contados. Assad hábilmente volvió sangrienta su batalla, tomando un manto secular contra los yihadistas en guerra y obligando a los sirios a elegir entre los dos lados. Los intentos de EE. UU. De debilitar a Assad y los jihadistas a la vez para crear un espacio para una gobernabilidad más democrática nunca tuvieron mucha tracción. La falta de voluntad para luchar en Siria y un claro mandato legal solo para combatir a Al Qaeda y sus diversas ramificaciones, tanto en forma como en la política estadounidense limitada.

El abrupto anuncio de los Estados Unidos en diciembre de que retiraría rápidamente las tropas de Siria oriental dado que el grupo del Estado Islámico había sido diezmado, selló el acuerdo. El futuro de Siria se decidiría en gran medida por los antagonistas que todavía están activos en el terreno: Siria, Irán, Rusia y Turquía.

Es importante destacar que ninguno de esos países tiene el estimado de $ 250 mil millones, o más, necesarios para reconstruir Siria. China podría decirse que tiene los medios, pero ha mostrado poco interés por un compromiso profundo en Siria. Los países europeos han tratado de poner a prueba la ayuda como palanca, ofreciendo la posibilidad de asistencia a cambio de una “gobernanza inclusiva”. Los Estados Unidos proporcionan alivio a las poblaciones vulnerables, pero recortaron la asistencia de estabilización en agosto de 2018 (y se proponen terminarla), dictaminando ayuda de reconstrucción mientras Assad esté en el poder.

Y sin embargo, los refugiados le dan a Assad influencia. Jordania alberga entre 600.000 y 1,3 millones de refugiados sirios, y el Líbano alberga a más de un millón. Ambos son países con vínculos íntimos con los gobiernos del oeste y del golfo. Otros tres millones de refugiados en Turquía y medio millón en Europa amplían aún más el círculo del dolor. Assad ha hecho difícil que muchos regresen.

Para Assad, el desplazamiento de los refugiados es un alivio. Él no necesita proporcionarles alimentos, servicios o trabajos, y su ausencia libera viviendas para los aliados que han perdido los suyos. La ausencia de los refugiados también ayuda a garantizar que los más propensos a ser hostiles con él se mantengan a distancia, ayudando a garantizar que las áreas actualmente en régimen pro régimen estén fuertemente a favor del régimen y permitiéndole enfocar la atención de seguridad en las fronteras que busca. reincorporar.

Quizás lo más importante es que el gobierno de Assad ha logrado sobrevivir en las condiciones actuales y puede seguir haciéndolo. La guerra contra los yihadistas reunió a la población detrás del gobierno, especialmente a las comunidades minoritarias que durante mucho tiempo se han sentido vulnerables en Siria. Recuerdos frescos de la ferocidad del gobierno silencian a cualquiera que busque culpar al régimen en lugar de a sus antagonistas por las terribles condiciones económicas.

Compare esta situación con un país como Jordania, cuya población (según algunas estimaciones) aumentó más del 50 por ciento en la última década. La guerra siria ha devastado el comercio jordano y los ingresos del gobierno se han desplomado. La demanda de agua, electricidad, educación y atención médica se ha disparado. El desempleo ha aumentado y las protestas se están expandiendo, entre otras cosas por parte de hombres jóvenes que buscan trabajo.

Si bien los sirios en el Líbano han servido durante mucho tiempo como trabajadores de bajos salarios, la ola actual de refugiados pone aún más presión sobre la economía libanesa que en Jordania. Con algo así como una de cada cuatro personas dentro de las fronteras de Líbano y un sirio desplazado, hacen que el ya frágil sistema libanés llegue a su punto de ruptura. La política volátil del Líbano está en llamas sobre Siria, especialmente a medida que los combates se extinguen. Incluso en ausencia de un acuerdo, muchos libaneses argumentan que el conflicto ha terminado y que es hora de que los sirios regresen a sus hogares, incluso cuando a menudo no hay un hogar al que regresar, ya pesar del hecho de que el gobierno sirio no lo hace. No quiero que muchos vuelvan. El derecho internacional humanitario prohíbe el regreso forzado de los refugiados, pero eso parece tener pocas consecuencias en un país que siente que los refugiados lo han expuesto a amenazas existenciales.

Turquía alberga a la mayoría de los refugiados sirios, pero con una población total muchas veces mayor que la de Líbano y Jordania, siguen siendo menos del cinco por ciento de la población. Mientras tanto, un número relativamente pequeño está en Europa, pero han arruinado la política europea desde el Atlántico hasta los Urales.

La semana pasada, un alto funcionario del Golfo me dijo que Assad podría ganar la guerra, pero que probablemente enfrentará problemas de legitimidad cuando no reconstruya el país en tiempos de paz. Ese puede ser el caso. Pero para los gobiernos occidentales, es probable que los desafíos más inmediatos y serios provengan de los entornos políticos más libres en Jordania y el Líbano, ya que los gobiernos están cada vez más desesperados por hacer más con menos. A medida que la guerra se desvanece, la asistencia occidental también se desvanecerá y, sin embargo, persistirán los grandes problemas de los refugiados. Assad puede obtener su ayuda todavía, no porque ningún gobierno quiera salvar a Assad. En lugar de eso, será persuadir a Assad para que retire a los ciudadanos de Siria para salvar a los vecinos de Siria.
(Este comentario apareció originalmente en la edición de marzo de  Middle East Notes and Comment , un boletín informativo del Programa CSIS Middle East).

Jon B. Alterman es vicepresidente senior, ocupa la Cátedra Zbigniew Brzezinski en Seguridad Global y Geoestrategia, y es director del Programa de Medio Oriente en CSIS.

Los comentarios  son producidos por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), una institución privada exenta de impuestos que se enfoca en temas de políticas públicas internacionales. Su investigación es no partidista y no propietaria. El CSIS no toma posiciones políticas específicas. En consecuencia, todas las opiniones, posiciones y conclusiones expresadas en esta publicación deben entenderse como exclusivas del autor (es).

© 2019 por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Todos los derechos reservados.

Traducción de CCEIIMO fuente original del artículo CSIS │Center for Strategic & International Studies

¿Qué queda de la ambiciosa visión de Al Qaeda para Siria?

Yoram Schweitzer
Yoram Schweitzer

La “Primavera árabe” encontró a al-Qaeda en su punto más bajo desde la fundación de la organización, resultado de la guerra mundial contra el terrorismo, que se centró principalmente en al-Qaeda. Sin embargo, las reverberaciones de los trastornos en el mundo árabe, que muchos pensaron que sonarían la sentencia de muerte de la organización, en realidad demostraron ser su salvavidas, porque llevaron a la desestabilización del régimen y al derrocamiento de los líderes nacionales que se encontraban entre los peores enemigos de al-Qaeda. 

En respuesta a la guerra civil en Siria, el líder de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, identificó a Siria como el escenario principal de la próxima yihad mundial y estableció varios objetivos estratégicos ambiciosos. Pero sus planes de largo alcance fueron descarrilados por Abu Bakr al-Baghdadi, el jefe de la afiliada de al-Qaeda en Irak, quien desafió al liderazgo de al-Zawahiri y su hegemonía como el jihadista global más importante. 

Hoy, cuando uno examina los éxitos de al-Zawahiri y los compara con sus grandes ambiciones con respecto a Siria, uno concluye que la montaña era solo una colina, y que ninguno de sus planes para Siria se cumplieron. Aun así, no se puede descartar el riesgo futuro, ni se puede ignorar la posibilidad de que individuos y organizaciones intenten llevar a cabo actos terroristas a nivel internacional.  Teniendo en cuenta los llamamientos de los líderes yihadistas a los seguidores en Occidente para lanzar ataques terroristas, los inmigrantes de Oriente Medio, así como los ciudadanos occidentales que son veteranos del combate en Siria (e incluso algunos que no participaron en la lucha real), podrían Intenta cumplir con sus directivas.

En una declaración pública poco frecuente en la Conferencia de Seguridad de Munich de febrero de 2019, el Jefe del MI6, Alex Younger, advirtió sobre la reactivación de la amenaza de Al Qaeda en aquellas áreas de Siria que sufren un vacío de gobierno. Según Younger, los eventos en Idlib, dominados por satélites de Al Qaeda con muchos europeos cada vez más radicales, deberían preocupar enormemente a Occidente. Su declaración aborda un tema frecuente de los últimos años en los círculos de inteligencia y entre investigadores y analistas, a saber: ¿Al-Qaeda y sus afiliados en todo el mundo están ganando o perdiendo fuerza, especialmente desde el surgimiento del Estado Islámico? Una respuesta parcial se puede encontrar en la situación de la organización en Siria, dada, según el líder de al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, La importancia de Siria como la arena jihadista global central y las ambiciones declaradas de jihad global para hacer de Siria el eje clave en la reactivación del campamento, que alcanzó un nadir a principios de la década. En este contexto, las interrelaciones y la afinidad entre al-Qaeda y la organización yihadista salafista Hay’at Tahrir al-Sham son altamente significativas.

La eliminación de la gran mayoría de los bastiones del Estado Islámico en Siria y el debilitamiento de la mayoría de las organizaciones de oposición en el país dejaron a Hay’at Tahrir al-Sham, contando con varios miles de combatientes (las estimaciones varían de 20,000 a 30,000), como la fuerza militar dominante en La provincia de Idlib, donde se encuentra principalmente. Desde que inició sus operaciones en 2012 como extensión de al-Qaeda en Irak, donde se llamaba Jabhat al-Nusra, esta organización, que en el pasado fue identificada como el representante de al-Qaeda en Siria, sufrió una serie de transformaciones en términos de ideología y Alianzas políticas durante el curso de la guerra civil siria.

Los trastornos de la Primavera Árabe encontraron a al-Qaeda en su nadir desde la fundación de la organización, resultado de la guerra mundial contra el terrorismo, que se centró principalmente en al-Qaeda. Como resultado, la mayoría de sus comandantes, incluido el legendario líder Osama bin Laden, fueron arrestados o asesinados. Las reverberaciones de los trastornos en el mundo árabe, que muchos pensaron que sonarían la sentencia de muerte de la organización, en realidad demostraron ser su salvavidas, porque llevaron a la desestabilización del régimen y al derrocamiento de los líderes nacionales que se encontraban entre los peores enemigos de al-Qaeda. 

En respuesta a la guerra civil en Siria, al-Zawahiri identificó a Siria como el escenario principal de la próxima yihad global y estableció varios objetivos estratégicos ambiciosos: liberar a Siria de la herética Bashar Assad y convertir a la nación en un estado gobernado por la ley religiosa islámica; liberando a Jerusalén de la ocupación israelí; y capacitar a miles de combatientes yihadistas que se ofrecieron como voluntarios para luchar en Siria y convertirlos en un ejército islámico que continuaría librando una guerra de jihad global. Pero sus planes de largo alcance fueron descarrilados por Abu Bakr al-Baghdadi, el jefe de la afiliada de al-Qaeda en Irak, quien desafió al liderazgo de al-Zawahiri y su hegemonía como el jihadista global más importante. 

En 2013, al-Baghdadi se separó de al-Qaeda, fundó ISIS y declaró la fundación del Estado Islámico. quien desafió el liderazgo de al-Zawahiri y su hegemonía como el yihadista global más antiguo. En 2013, al-Baghdadi se separó de al-Qaeda, fundó ISIS y declaró la fundación del Estado Islámico. quien desafió el liderazgo de al-Zawahiri y su hegemonía como el yihadista global más antiguo. En 2013, al-Baghdadi se separó de al-Qaeda, fundó ISIS y declaró la fundación del Estado Islámico.

Cuando Abu Bakr al-Baghdadi anunció la fundación de ISIS, Abu Mohammad al-Julani, el líder de Jabhat al-Nusra, eligió jurar lealtad a al-Zawahiri e identificarse plenamente con al-Qaeda. Pero después de algunos años de lucha, las relaciones se enfriaron entre Jabhat al-Nusra, con su orientación local siria, y al-Qaeda. La distancia cada vez mayor entre las dos organizaciones se hizo evidente por el cambio de nombre del primero a Jabhat Fatah al-Sham (el Frente de la Victoria de la Gran Siria) y más tarde, en 2017, a su nombre actual: Hay’at Tahrir al-Sham ( La Autoridad para la Liberación de la Gran Siria). 

También se manifestó por desacuerdos públicos sobre la estrategia y los aliados potenciales. Si bien por primera vez pareció que la confusión de la conexión oficial entre las dos organizaciones fue una decisión que tomó Al-Julani con la bendición de Al-Zawahiri, Más tarde se supo que los dos, y sus partidarios y portavoces, incluidos los líderes religiosos influyentes, tenían diferencias de opinión esenciales. Por lo tanto, es dudoso que sea apropiado incluir a Hay’at Tahrir al-Sham entre el campamento mundial de al-Qaeda.

El quid de la división entre Hay’at Tahrir al-Sham y al-Qaeda fue el deseo de los líderes de Hay’at Tahrir al-Sham de conducir una política pragmática adecuada a las circunstancias dinámicas de la guerra civil siria. Al-Julani comenzó a desdibujar el vínculo de su organización con al-Qaeda mientras se relacionaba con grupos rebeldes de otras tendencias ideológicas e incluso con naciones activas en la arena, ante todo Turquía. 

Al-Zawahiri advirtió a los líderes de Hay’at Tahrir al-Sham contra estas relaciones, que consideraba una trampa de la miel: Turquía es un miembro de la OTAN con vínculos inextricables con Estados Unidos y Occidente que también colabora estrechamente con Rusia y China, y Es por tanto un enemigo jurado de los musulmanes. 

Pero Hay’at Tahrir al-Sham decidió no escuchar sus consejos y continuó trabajando con Turquía. aunque esto llevó a disputas dentro de la organización entre los leales a al-Julani y las incondicionales de al-Qaeda. Este último exigió mantener el juramento de lealtad a al-Zawahiri y permanecer sujeto a él y a su organización, mientras que evita las alianzas con locales y entidades externas que no forman parte de la mentalidad jihadista salafista. 

En contraste, los líderes de Hay’at Tahrir al-Sham optaron por llevar a cabo una política pragmática que les permitiría sobrevivir y promover su lucha principal, es decir, la guerra contra el régimen de Assad, mientras levantaban un puño pesado contra los rebeldes.

Estos desacuerdos llevaron a una división entre las filas de Hay’at Tahrir al-Sham. Los que se opusieron a la separación de al-Qaeda fundaron Ḥurrās ad-Dīn, identificados con la organización de al-Zawahiri. Las diferencias ideológicas entre las organizaciones se profundizaron y llevaron a choques violentos. 

Además de las relaciones con Turquía, la disputa se centró en el alcance de la autonomía de Ḥurrās ad-Dīn en Idlib, donde Hay’at Tahrir al-Sham tiene un control indiscutible y reprime violentamente a los disidentes, lo que reduce considerablemente el alcance de acción de Ḥurrās ad-Dīn. Ḥurrās ad-Dīn exigió las armas que los miembros de Hay’at Tahrir al-Sham habían confiscado durante la división. Los arrestos periódicos de los líderes de Durrās ad-Dīn han empeorado la tensión entre los lados.

La tensión entre Hay’at Tahrir al-Sham y la extensión siria restante identificada con al-Qaeda y los desacuerdos entre Hay’at Tahrir al-Sham y al-Zawahiri reflejan la tensión existente dentro de Hay’at Tahrir al-Sham en una Gama de temas. Por lo tanto, es claro que aunque la organización tiene claramente una orientación jihadista salafista, entre las organizaciones jihadistas globales que pertenecen a una red de afiliados de al-Qaeda no es, de hecho, no puede contabilizarse.

Cuando uno examina los éxitos de Ayman al-Zawahiri y los compara con su visión y vastas ambiciones con respecto a Siria, uno concluye que la montaña era solo un grano de arena. Nada de sus planes para Siria o Israel se cumplió. La única pregunta abierta es si, y en qué medida, puede persuadir a los combatientes del campo yihadista salafista en Siria, especialmente de Ḥurrās ad-Dīn y en particular a los extranjeros entre sus filas, a que se muden de Siria y operen en el extranjero para avanzar en la agenda mundial de la jihad.

Sin duda, después de los trastornos en el mundo árabe y detrás de la cortina de humo del Estado Islámico, el “campo” de al-Qaeda logró extenderse a nuevas regiones y aumentar su membresía. Sin embargo,

Con respecto a las advertencias hechas por el Jefe del MI6, Alex Younger, no se puede descartar el riesgo futuro que plantean las organizaciones y los individuos que se identifican como jihadistas salafistas, ya sea que estén afiliados a al-Qaeda o al Estado Islámico, ni se puede ignorar la posibilidad de que algunos pretendan Para llevar a cabo actos terroristas a nivel internacional. Dado el llamado de los líderes a sus seguidores en Occidente para hacer todo lo posible por dañar a los estados en los que viven, a los inmigrantes de Medio Oriente, así como a los ciudadanos occidentales que son veteranos del combate en Siria (e incluso algunos que lo hicieron). no participar en la lucha real) y se inspiran en los llamamientos de sus líderes, podrían tratar de cumplir con sus directivas.

Fuente: The Institute for National Security Studies (INSS)

*El autor es investigador principal, jefe del Programa sobre Terrorismo y Conflictos de Baja Intensidad.

Perdiendo por “Ganar”: las guerras de Estados Unidos en Afganistán, Irak y Siria

Por Anthony H. Cordesman

Estados Unidos ha alcanzado el punto donde la tercera administración consecutiva está librando guerras en las que Estados Unidos a menudo obtiene victorias tácticas serias y afirma que se está moviendo hacia una forma más amplia de victoria, pero no puede anunciar una estrategia clara para poner fin a una guerra determinada. o trayendo una paz estable. Una vez más, una nueva Administración parece haberse enfocado en el nivel táctico del conflicto y llamó a esto una estrategia, pero no ha tenido una estrategia clara para terminar la lucha en términos favorables.

Más que eso, la nueva administración parece haber aceptado el legado de la administración anterior al abandonar en gran parte el lado civil de cada guerra. Se trata de grandes insurgencias y guerra civil como si fueran movimientos terroristas limitados. No tiene una clara estrategia civil-militar, planes para operaciones de estabilidad u opciones para crear el nivel de gobernabilidad y desarrollo que pueda traer una paz duradera. No tiene una gran estrategia y está luchando la mitad de una guerra.

Perdiendo por “Ganar”: Afganistán

Las nuevas ofensivas talibanes en Afganistán son otra advertencia más del hecho de que Estados Unidos está involucrado en una guerra de desgaste que no tiene garantía de ganar a nivel militar, y donde no tiene una estrategia aparente para lidiar con la falta de unidad política de Afganistán. , el liderazgo y la incapacidad de darle a su pueblo progreso económico y libertad frente a la corrupción.

Estados Unidos ha progresado en la creación de fuerzas afganas más efectivas y ha proporcionado suficiente personal de trenes y asistencia para proporcionar ayuda seria al Ejército afgano. También proporcionó más apoyo aéreo. El apoyo aéreo de combate aumentó de un mínimo de 411 incursiones por año que en realidad dispararon municiones en 2015 a 1,248 en 2017. Dicho de otra manera, Estados Unidos. aumentó la cantidad de incursiones que realmente disparan municiones por mes desde un promedio de menos de 100 incursiones en 2008 a más de 500 en los primeros cinco meses de 2108.

Dicho esto, los combates recientes no han demostrado que estos pasos estén haciendo que el país sea más seguro o que puedan detener el lento crecimiento de la influencia talibana y el control sobre determinados distritos. Pakistán sigue siendo un problema, y ​​ahora Irán y Rusia parecen dispuestos a tratar con los talibanes por su cuenta. Los Estados Unidos. y las fuerzas del gobierno afgano pueden no estar perdiendo, pero no hay evidencia clara de que se acerquen a ninguna forma de ganar.

Además, Estados Unidos está haciendo un trabajo mucho peor al intentar luchar en la mitad civil de la guerra. Prácticamente ha detenido cualquier esfuerzo importante en la construcción de la nación y puede estar planeando recortes importantes en la estabilidad limitada y las operaciones cívico-militares que todavía lleva a cabo. Esto simplemente no es un enfoque viable en lo que es efectivamente una guerra de estado fallida.

El gobierno central débil y dividido de Afganistán ha hecho algunos progresos bajo el presidente Ghani, pero no está nada claro que las próximas elecciones puedan ser más exitosas que la última, o traer el nivel de gobierno unido, honesto y efectivo que el país necesita desesperadamente. para evitar que la influencia talibana crezca y elevar el nivel de apoyo popular hasta el punto en que realmente haya ganado corazones y mentes.

Diecisiete años después, EE. UU. No tiene una estrategia real en Afganistán más allá de la esperanza de que los talibanes se agoten primero y estén dispuestos a negociar en los términos del gobierno, o de alguna manera estar

dispuesto a dividir el país, y aceptar una división que le da el control de una parte sustancial a expensas del gobierno. Los Estados Unidos no solo no pueden responder la pregunta de “¿cómo termina esta guerra?” Estados Unidos no puede responder la pregunta de “¿por qué debería terminar esta guerra?”

Perdiendo por “Ganar”: Siria

Afganistán, sin embargo, es apenas el único caso ilustrativo. La guerra en Siria se ha convertido en una victoria de Assad. Estados Unidos ha vencido en gran medida a ISIS como un protoestado o califato, pero ha empoderado a Assad en el proceso. Una combinación de terrorismo de estado, poder aéreo ruso y apoyo iraní y de Hezbollah, le han dado al régimen de Assad una segunda vida. Ya controla el 75% de la población restante y gana cada día más control.

Pese a todo lo que se habla de derrotar al terrorismo en Siria, la última estadística START sobre terrorismo también muestra que ISIS solo ha sido responsable de menos del 30% de los actos terroristas en Siria e Iraq entre 2012 y 2017. Solo ha sido responsable de 31 % de los incidentes solo en Siria, incluso si se excluyen todos los actos de terrorismo de estado del régimen de Assad. Además, el régimen de Assad se enfrenta a una nueva gran lucha contra los restos de las fuerzas rebeldes sirias en la región noroccidental de Idlib, en Siria. Turquía está interviniendo activamente contra los kurdos de Siria, los mismos grupos que fueron la clave para que Estados Unidos apoye la lucha en el terreno.

El lado civil de la guerra es aún peor que en Afganistán, en parte porque Siria era un país mucho más desarrollado cuando comenzó la guerra. Los estudios del Banco Mundial muestran que la economía de Siria está devastada, y la ONU estimó a comienzos de este año que casi la mitad del país estaba en riesgo por el impacto de la guerra. Nadie sabe cómo estimar con precisión el costo de reconstruir y recuperarse de la guerra, incluso si los sirios pudieran ponerse de acuerdo sobre cómo hacerlo y encontrar el dinero. Peor aún, los estudios del Banco Mundial también muestran que Siria ha perdido el equivalente a una década de desarrollo, y no hay una fuente creíble de los niveles mucho más altos de ayuda que necesitaría para permitir que su economía se recupere y satisfaga las necesidades de su gente y sane la salud. ira y divisiones políticas y económicas masivas entre árabes y kurdos, sunitas y otras sectas, y sus regiones.

Una vez más, EE. UU. No puede responder la pregunta de por qué la lucha debería terminar o puede terminar en una paz estable. De hecho, al menos el lado público de la estrategia estadounidense parece consistir en gran medida en victorias tácticas contra ISIS y pretender que el resto de Siria y la región no existen o que mágicamente se volverán pacíficas y estables debido a algunas negociaciones formales de paz. A diferencia de Afganistán, ni siquiera existe el armazón de un plan para dar forma a la futura estructura de las fuerzas militares de los Estados Unidos en Siria o su seguridad. Nunca ha habido un plan de estabilidad o operaciones civiles y militares significativas. EE. UU. No solo ha estado peleando la mitad de una guerra, en el mejor de los casos ha estado luchando contra menos de un tercio del enemigo.

A pesar de todas las conversaciones sobre negociaciones y negociaciones de “paz”, un país dividido con enclaves rebeldes y en gran parte kurdos no puede tener una paz real o estable. Sin embargo, incluso una victoria total de Assad significaría entonces que un dictador alauita intente gobernar a una población sunita en gran parte hostil que ha perdido unos 400,000 civiles, ha sido aterrorizada por bombas de barril y armas químicas, y ha visto a millones de desplazados o expulsados ​​del país. También dejaría a Israel, Turquía y los vecinos árabes de Siria para tratar con Rusia, el impacto de la influencia iraní y de Hezbolá, y el desbordamiento del renacimiento casi inevitable de alguna forma de ISIS o el surgimiento de otra nueva resistencia extremista islámica suní.

Perdiendo por “ganar”: Iraq

Y luego, está Iraq. Los EE. UU. Han tenido un mejor desempeño militar por segunda vez de lo que lo hicieron entre 2003 y 2011. Como fue el caso en Afganistán, EE. UU. Finalmente comenzó a concentrarse en esfuerzos verdaderamente serios para desarrollar fuerzas terrestres eficaces en combate en 2015. Luego envió entrenar y ayudar a las fuerzas a avanzar para apoyarlos en el combate real. También aceptó el hecho de que no había posibilidades de éxito en la lucha contra los talibanes en Afganistán o el EIIS en Irak, Siria, sin cantidades masivas de poder aéreo de Estados Unidos.

El lado militar

El resultado final ha sido un éxito, al menos en la lucha contra el ISIS hasta el punto de destruir su capacidad para ocupar ciudades clave de Iraq, y su “califato”. Al mismo tiempo, este éxito se ha logrado a costa de una importante expansión del papel militar y de seguridad de Irán en Iraq y del aumento de las milicias chiítas y sunitas.

Estados Unidos no ha reconstruido las fuerzas iraquíes a un nivel en el que tienen una capacidad creíble para disuadir o defenderse contra Irán, y las tensiones entre las fuerzas árabes bajo el control del gobierno central en Bagdad y los kurdos Peshmerga en el norte llevaron a una confrontación importante. en 2018, donde las fuerzas gubernamentales recuperaron grandes áreas ocupadas por el Pesh Merga, pero las fuerzas árabes y kurdas permanecieron tan divididas como siempre.

Una vez más, “ganar” a nivel militar ha sido en gran medida un éxito táctico sin una estrategia aparente para ganar incluso el lado militar de una paz estable. Y aquí, es útil examinar el enfoque general de los EE. UU. En las tres guerras en el pedido presupuestario del Presidente para el año fiscal 2019 al Congreso, solicitudes que proporcionan muchos más detalles que la casi total falta de detalles en la nueva Estrategia de Defensa Nacional.

La Administración solicitó un mínimo de ayuda civil de cualquier tipo, pero solicitó un aumento en el costo de la solicitud del Departamento de Defensa para tales operaciones para las tres guerras, desde $ 60.1 mil millones en FY2018 a $ 64.2 mil millones en FY2019, mucho más bajo que el pico de $ 187 mil millones en FY2008. También quedó claro a partir de la solicitud presupuestaria para el año fiscal 2019 -y las declaraciones del Secretario de Defensa y altos funcionarios estadounidenses- que se buscaba un aumento significativo en el tren directo y ayuda a las fuerzas afganas, iraquíes y sirias en el terreno.

La cantidad de tropas que EE. UU. Realmente envió para ayudar a las fuerzas de combate aliadas en cada país nunca se dejó en claro, y los informes mensuales actuales del Departamento de Defensa sobre personal militar y civil en el extranjero no incluyen entradas para Afganistán, Irak o Siria. Sin embargo, la solicitud de presupuesto para el año fiscal 2019 sí indicó que los EE. UU. Planeaban mantener el número total de personal militar promedio realmente desplegado en Afganistán, Irak o Siria. a 12,000 (menos de 3,000 a 6,000 más en personal “temporal”).

Este fue un recorte masivo de 187,000 en el año fiscal 2008, pero mucho más alto que el mínimo de 8,000 tropas en el año fiscal 2017. También hubo un aumento importante en otros niveles de apoyo, aunque el Departamento no proporcionó un descanso del número de contratistas o civiles, y las justificaciones presupuestarias no proporcionan ninguna forma clara de vincular los informes del Departamento de Defensa con el Departamento de Estado completo. esfuerzo civil OCO

Otros informes de AFCENT mostraron que EE. UU. Volvió a hacer incrementos masivos en su apoyo aéreo activo para las fuerzas terrestres locales. Estados Unidos aumentó el apoyo aéreo de un mínimo de 1.411 incursiones por año que en realidad dispararon municiones en Iraq y Siria en 2014, a entre 10.000 y 12.000 por año en 2015-2017. Estados Unidos redujo drásticamente el número de incursiones de ataque por mes en 2018, pero

solo después de hacer incrementos masivos en tales salidas en la lucha para después de liberar a Mosul e infligir grandes derrotas en ISIS tanto en Irak como en Siria.

Igualmente importante, la presentación del presupuesto para el año fiscal 2019 no describió ninguna forma de plan o estrategia para ninguna de las tres guerras por la porción del gasto de guerra de los EE. UU. Dedicada a operaciones de contingencia en el extranjero (OCO) más allá del próximo año fiscal. No hizo ningún intento de definir una estrategia o un presupuesto del mundo real para el período restante de FY2020 hasta FY2023 en el Plan de Defensa de Futuro Año. La Administración tampoco ha hecho ningún intento de este tipo desde que presentó su solicitud presupuestaria, ni describió ningún plan para aumentar las fuerzas iraquíes, redujo la influencia iraní, redujo el creciente flujo de ventas de armas rusas o ayudó a crear algunos sistemas nacionales para la regla de ley y seguridad local.

El lado civil

En cuanto al aspecto civil, Estados Unidos parece haber ignorado casi deliberadamente la advertencia del Banco Mundial sobre el costo de la reconstrucción de las áreas dañadas durante los combates con ISIS o los costos mucho más altos de la reforma económica que pueden satisfacer las necesidades del pueblo iraquí y ganar su apoyo para el gobierno central. Del mismo modo que EE. UU. De hecho abandonó los esfuerzos serios para construir la nación y las operaciones de estabilidad en Afganistán en 2014, y nunca intentó restaurarlos cuando renovó un gran apoyo militar; Estados Unidos puso fin a tales esfuerzos en Iraq en 2011 y nunca los renovó, ya que prácticamente se quebró bajo las presiones combinadas de una necesidad masiva de reformas estructurales, el costo de los combates y grandes reducciones en los ingresos de exportación de petróleo.

De manera similar, Estados Unidos parece haber hecho poco para ayudar a que Irak eleve uno de los niveles de gobernanza más bajos del mundo, o para moldear un resultado de las elecciones de 2018 que sería menos divisivo que las elecciones de 2010 que ayudaron a Maliki. un aspirante a autoritario, renovó las divisiones entre sunitas y chiítas, y fuerzas militares iraquíes polarizadas y corruptas. De hecho, es un poco complicado saber cuál de los tres gobiernos en los países en los que Estados Unidos está luchando actualmente está calificado por el Banco Mundial como el que tiene los niveles más bajos de gobernabilidad. En cuanto a la corrupción, tanto Abadi como Ghani han hecho algunos progresos en sus respectivos países, pero Transparency International clasifica a Siria como el tercer país más corrupto del mundo, Afganistán sigue en el puesto 4, e Irak ocupa el puesto 11.

El resultado de las elecciones iraquíes sigue sin aclararse y puede seguir siéndolo durante algunos meses, dados los problemas tanto para crear una coalición como para hacerla funcionar realmente. Sin embargo, ya está claro que podría empoderar fácilmente a Irán, volver a dividir Iraq entre chiítas y sunitas, y / o dejar una disputa enconada entre el gobierno central y los kurdos. Tal resultado bien podría convertir la “victoria” de los EE. UU. Sobre el “califato” ISIS en una gran victoria para Irán y una derrota para los Estados Unidos, pero parece ser un aspecto más del futuro de lo que nadie en la Administración está dispuesto a cara o dirección pública.

Llegar a las manos con algunas realidades sombrías

Es mucho más fácil expresar estos problemas que sugerir las soluciones, especialmente dado que todas las opciones involucradas ahora presentan riesgos e incertidumbres importantes y ninguna de las opciones es particularmente buena. Un conjunto de opciones es la eliminación gradual o la eliminación progresiva de cada conflicto. Estas opciones deben tomarse mucho más en serio, al igual que establecer condiciones muy claras para el continuo apoyo militar y militar de los EE. UU. A Afganistán e Irak, condiciones basadas en un entendimiento serio de que Estados Unidos realmente actuará si no se cumplen. Declarar victoria y marcharse es una cosa. Establecer las condiciones adecuadas y marcharse con una justificación completa si no se cumplen es otra muy distinta.

Afganistán

Sin embargo, la importancia estratégica de cada guerra y país también debe tenerse en cuenta. Afganistán no es el centro de una gran actividad terrorista internacional. Es solo un país de muchos que podría convertirse en un centro de terrorismo internacional. La retirada de los Estados Unidos podría simplemente transferir sus problemas de estabilidad y seguridad a Pakistán, Irán, Rusia y sus vecinos de Asia Central.

Cambiar la condicionalidad en Afganistán de la retórica a la realidad y hacer que el precio de mantener la unidad política, el éxito en el desarrollo de las fuerzas de seguridad locales y la reforma económica sea exigente. Sin embargo, el costo de permanecer en un estado fallido en el tiempo es demasiado alto. Además, el costo político para los Estados Unidos de tener que actuar de conformidad con esa condicionalidad puede ser mucho más aceptable que un compromiso abierto al éxito parcial del Afganistán o un fracaso final.

Visto desde esta perspectiva, una forma de paz con la participación de los talibanes en el gobierno afgano o la división del país también puede ser una opción. Sin embargo, es muy probable que divida al país en facciones étnicas y sectarias, vea el resurgimiento de los talibanes como la facción dominante o cree una nueva forma de guerra civil. Las negociaciones de paz con demasiada frecuencia se convierten en una forma de guerra por otros medios o en el preludio de nuevas formas de luchas de poder.

Siria

Siria es la peor de una serie de malas opciones. Se está perdiendo efectivamente, a excepción de las áreas kurdas que han apoyado a los Estados Unidos. Apoyar una coalición de kurdos y algunos árabes en el noreste con una base de contingencia puede valer la pena, particularmente si Irak merece la ayuda estadounidense para crear un amortiguador estratégico. Sin embargo, EE. UU. No debería proporcionar un apoyo abierto si implica involucrarse en las luchas kurdas más amplias con Turquía o apoyar a un movimiento kurdo sirio con un conjunto de objetivos ideológicos fundamentalmente impracticables.

Tampoco está nada claro que Estados Unidos y sus aliados continúen incluso con la ayuda humanitaria a una Siria dominada por Assad / Rusia / Irán – apoyen mucho cualquier ayuda al desarrollo. En todo caso, EE. UU. Debería comenzar ahora a evaluar el tipo de ayuda que podría brindarle a cualquier facción sunita o rebelde renovada, tanto ahora en Idlib como después.

Irak

Irak presenta el mayor riesgo de que las victorias tácticas estadounidenses terminen en grandes pérdidas estratégicas que realmente importan a Estados Unidos. Su ubicación como un puente terrestre que Irán puede usar para expandir su influencia estratégica, su estatus como una gran potencia petrolera y su papel en la conformación La seguridad del Golfo y el flujo seguro de las exportaciones mundiales de petróleo hacen que sea mucho más un interés estratégico que Afganistán o Siria.

Esto hace que ofrecerle a Iraq apoyo militar y económico sostenido sea una prioridad más, junto con la creación de un esfuerzo civil para brindar ayuda y asistencia a su gobierno si su gobierno emerge de las actuales elecciones como un socio estratégico potencial serio. Al mismo tiempo, EE. UU. Necesita estudiar seriamente qué pasaría si Irak se inclina hacia Irán y consulta con sus socios árabes sobre las opciones.

Opciones más amplias

Finalmente, EE. UU. Debería considerar dos opciones más amplias.

En primer lugar, tratar de crear algún tipo de esfuerzo internacional amplio que pueda ser coordinado por el Banco Mundial para ofrecer ayuda condicional para reformas económicas, de gobierno y políticas serias. Estados Unidos no tiene que ser el líder en la “construcción nacional”. Tener un cuerpo más neutral e internacional, con experiencia especializada, puede ser la mejor respuesta para no luchar solo en la mitad de una guerra en el futuro. Una cosa está clara, sin embargo, realmente no hay una respuesta puramente militar a ninguna de las tres guerras actuales de Estados Unidos, para lidiar con las causas del terrorismo y lidiar con otros conflictos como la lucha en Yemen o en varios estados subsaharianos.

En segundo lugar, EE. UU. Necesita aprovechar las lecciones militares de sus guerras actuales para dar forma a sus compromisos con futuras “guerras” que involucran campañas de terrorismo y contrainsurgencia. Encontrar la mejor combinación de esfuerzos de entrenamiento y asistencia y el uso del poderío aéreo es una lección crítica, que permitirá a los EE. UU. Enfocarse en otras prioridades estratégicas como Rusia y China. Sin embargo, la cuestión más crítica puede ser definir las condiciones que realmente merecen la intervención de los Estados Unidos. De una forma u otra, EE. UU. Se ha visto envuelto en tres guerras de “estado fallido”. Respaldar socios estratégicos reales es una cosa. Dejar que la esperanza triunfe sobre la experiencia es otra muy distinta.

Anthony H. Cordesman ocupa la Cátedra Arleigh A. Burke de Estrategia en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, DC Ha sido asesor en Afganistán del Departamento de Defensa de los Estados Unidos y del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Fuente: CSIS | Center for Strategic & International Studies

Traducción: CCEIIMO | Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios sobre Israel y Medio Oriente.

La guerra en Siria justificada con excusas

Por Bryan Acuña Obando, Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios de Israel y Medio Oriente.

El conflicto en Siria cambia de dirección una y otra vez: lo que comenzó como una herencia de las denominadas Primaveras árabes, se transformó en un invierno islamista, y posteriormente tomó forma de división de facto de los territorios sirios hacia una realidad más de agrupaciones nacionales (chiitas, sunitas, kurdos, etc.), para finalmente convertirse en el campo de práctica militar entre las dos principales fuerzas hegemónicas; Rusia y Estados Unidos, con asistencia de sus aliados.

Sin duda, poco tiene que ver hoy la situación de Siria con la eufemística guerra contra el terrorismo, ni tampoco parece estar relacionada con el apoyo hacia grupos opositores al régimen de los Assad, sino que por el contrario, lo que se vive en la actualidad en este país asiático evidencia que se trata de una lucha por demostrar qué potencia tiene el «botón más grande» sin temor de utilizarlo de ser necesario.

Lo anterior explica como la operación realizada por el bloque occidental contra objetivos sirios el pasado 14 de abril en castigo por el uso de armamento químico contra población civil en la zona de Duma una semana antes se trataría de una demostración de «virilidad» por parte del Gobierno estadounidense contra Rusia e indirectamente contra el propio Gobierno en Siria y además contra el régimen de Irán que tiene presencia militar y paramilitar en la zona.

Con esto, el presidente Donald Trump estaría dando a entender que a diferencia de su antecesor, él sí actuaría por el prestigio de los Estados Unidos, algo que meses atrás no se consideraba, ya que los movimientos del presidente estadounidense parecían estar enfocados más en la región asiática cercana a China y no tanto en Medio Oriente, donde su presencia se concentraba en blindar países aliados, pareciendo que una presencia directa se extendiera en un país como Siria no estaría contemplado sino que por el contrario señalaría una eventual salida de militares estadounidenses y reubicación en otras regiones de contención.

Existía descuido e indiferencia en las políticas relacionadas con el Medio Oriente por parte del Gobierno de Washington, algo que, al parecer, dio un giro que podría estar relacionado con la contratación del nuevo consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, catalogado como un halcón político dispuesto a recomendar medidas poco convencionales como bombardear países que eventualmente se puedan transformar en un peligro para los intereses del gobierno estadounidense o realizar una propuesta de división entre las regiones sunitas de Irak y Siria, aprovechando la división de facto que ha vivido la zona por la guerra, para crear una especie de Sunistán que serviría como zona tapón para evitar la expansión del poder ruso – iraní. También habría propuesto una región kurda independiente, lo que podría explicar la posición beligerante turca contra esa población en los últimos meses.

Por otra parte, desde la visión siria, el argumento utilizado por el gobierno de Al Assad es el de estar luchando contra grupos terroristas asociados con el Estado Islámico o Al Qaeda, lo cual se pone en duda, ya que los primeros han perdido fuerza en el Levante, y se han alineado principalmente dentro de aldeas poco determinantes en Siria e Irak, pero principalmente se han movilizado hacia Libia aprovechando el vacío de poder para ganar reconocimiento político y reestructurar su proyecto. Mientras que el apoyo de Al Qaeda al movimiento Jabha Fateh Al Sham (anteriormente Frente Al Nusra), es casi simbólico y la fuerza que posee no da para generar mayor caos que alguna seguidilla de atentados, como ocurre en otros países, su concentración también se ha movilizado hacia África, donde estos grupos tienen apoyo, aprovechándose de los vacíos legales que dejan gobiernos corruptos de esa región, aunque también hay un importante grupo de Al Qaeda en el Yemen donde controlan la extracción y comercio en el mercado negro de petróleo yemenita aprovechando los enfrentamientos que hay entre los grupos hutíes apoyados por Irán y las fuerzas pro gubernamentales apoyados por importantes miembros de la Liga Árabe.

La lucha directa del régimen de Assad es contra los grupos opositores que se han concentrado en algunas ciudades contra las que se han dado la mayoría de los golpes militares, incluyendo Guta Oriental, donde además de grupos insurgentes, hay milicias islamistas anti gubernamentales, y fuerzas insurgentes que recibieron en algún momento apoyo militar y logístico por parte de Occidente. El Gobierno sirio los combate y sale fortalecido ante la indiferencia de la Comunidad Internacional que lleva varios años ignorando voluntariamente el sufrimiento que millones de personas están viviendo en el país, ante una de las mayores catástrofes de la historia ocurridas después de la II Guerra Mundial.

Es en el aspecto anterior Assad ha encontrado un cheque en blanco para hacer uso de armas químicas, como una forma de «limpiar» de manera generalizada focos de tensión y así no tener que gastar muchos recursos para lograr sus objetivos. Se ha dado cuenta que no recibirá nada más allá que una palmada en la espalda o un «castigo simbólico». Casi medio millón de muertos y millones de refugiados no se compensan con golpes en objetivos militares específicos, la comunidad internacional al mismo tiempo realiza este tipo de acciones como una forma de calmar las críticas ante su silencio criminal, mientras por el otro lado, el gobierno sirio recibe apoyo alcahueta a través de Rusia, quienes también ven en el tema un asunto de posicionamiento estratégico.

Luego del bombardeo contra objetivos sirios, queda la duda el nivel hasta el cual pueda escalar una tensión entre estadounidenses y rusos. El «polémico saludo» que se dieron la embajadora Nikki Haley de Estados Unidos con su par de Rusia, Vasily Nebenzia en Naciones Unidas el pasado 10 de abril, dejaba la duda si se trataba de un aspecto ya conversado previamente; lo que podríamos llamar un «compadre hablado», mientras otros señalan que este movimiento del presidente Trump tendría como finalidad desviar la atención de las crisis que a lo interno vive su gestión en el país, siendo el presidente que gobierna desde Twitter, lo que parece ayudarle con esta movida militar.

Rusia por su parte amenazó con una respuesta, la cual podría quedarse solo en el aspecto diplomático y hacer toda una gestión desde los principales foros internacionales, no hay intenciones de golpear militarmente ningún objetivo occidental directamente, porque no está preparado para una escalada mayor de forma convencional, sin embargo, podría sumarse a golpes fuertes contra zonas sirias donde aún sobreviven importantes bastiones opositores o a través del blindaje al gobierno de Bashar Al Assad, lo que sí parece claro es que en estos momentos ningún grupo hegemónico lanzará una guerra total por Siria, todos los movimientos son calculados y hasta avisados, los muertos los pone este devastado país, la lucha que se da evidentemente demuestra que no es por hacer valer los derechos humanos de nadie, y no queda claro cuál será el próximo cambio que sufra el conflicto para seguir justificando de forma miserable los miles de muertos que va cobrando la peor tragedia hasta este momento en pleno siglo XXI.

Fuente: WSIMAG

¿Es Legal la Intervención Humanitaria Unilateral bajo el Derecho Internacional?

Por: Bernie Arauz

Publicado originalmente en el Observatorio de la Política Internacional.

Los criterios de legitimidad de un régimen en el sentido normativo provienen del sistema legal internacional. El argumento más importante es que los Estados aceptan cada vez más que sus gobiernos deben cumplir las expectativas jurídicas de la comunidad internacional si se quiere que sean aceptados como legítimos. La mayoría de estas expectativas jurídicas, como la protección de los derechos humanos, el Estado de derecho o gobernanza efectiva en la medida de lo posible, etc. se establecen en tratados internacionales de derechos humanos y en aquellos que establecen organizaciones regionales, como ECOWAS, la OEA, la ASEAN o el Consejo de Europa. En consecuencia, los Estados han reconocido que sus gobiernos no solo necesitan la legitimidad nacional, es decir, la aceptación del pueblo, sino que también la legitimidad internacional, en otras palabras, la aceptación de la comunidad internacional. Así, por ejemplo, El Reino Unido, Francia y Alemania afirmaron en agosto de 2011: “nuestros tres países creen que el presidente Assad, el cual recurre a la brutal fuerza militar contra su propio pueblo y es responsable de la situación, ha perdido toda legitimidad y puede ya no pretenden liderar el país”.

Trasfondo de problema

Siria reconoció públicamente que poseía armas químicas en julio de 2012, por ejemplo, el gas mostaza, los agentes de ampollas y los agentes nerviosos, como el sarín y el VX. Asimismo, las potencias occidentales han defendido que Siria tiene la capacidad de liberar a estos agentes usando bombas aéreas, misiles balísticos y cohetes de artillería. Existe evidencia documentada por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), la ONU y la comunidad de inteligencia de las potencias occidentales de que en varias ocasiones el régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad, ha usado estos agentes contra la población civil, relativamente a gran escala, en ocasiones múltiples.

El 14 de septiembre de 2013 Estados Unidos y Rusia acordaron plan detallado para la contabilidad, inspección, control y eliminación de las armas químicas de Siria. El plan requiere que Siria presente una declaración completa de su arsenal químico y proporcione acceso a inspectores de la OPAQ y la ONU a todos los sitios de armas químicas. Según el plan una vez concluidas las inspecciones, la reserva de armas y agentes químicos debería ser destruida a mediados de 2014. (1)

La OPAQ y posteriormente la Resolución 2118 del Consejo de Seguridad de la ONU del 27 de Setiembre de 2013 endorsaron el plan alcanzado entre los Estados Unidos y Rusia. La Resolución 2018 determina que el uso de armas químicas en cualquier lugar constituye una amenaza a la paz y la seguridad internacionales. También recuerda que Siria se adhirió el 22 de noviembre de 1968 al Protocolo Relativo a la Prohibición del Empleo en la Guerra de Gases Asfixiantes, Gases Tóxicos o Similares y de Medios Bacteriológicos, firmado en Ginebra el 17 de junio de 1925. Asimismo, se observa que el 14 de septiembre de 2013 Siria depositó ante el Secretario General su instrumento de adhesión a la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y sobre su Destrucción y declaró que cumpliría sus disposiciones y las observaría fiel y sinceramente, aplicando la Convención provisionalmente a la espera de su entrada en vigor para la República Árabe Siria. (2) De igual manera, el Consejo de Seguridad decide que, en caso de incumplimiento de esta resolución, incluida la transferencia no autorizada de armas químicas, o cualquier uso de ellas por cualquier persona en la República Árabe Siria, conllevará a la imposición de medidas en virtud del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas (3).

En contraste, a pesar de que la OPAQ haya declarado en 2014 de que Siria destruyó el 92 por ciento del arsenal químico, y que para enero de 2016 la destrucción completa del arsenal haya sido declarada, ataques químicos ha ocurrido con frecuencia. Human Rights Watch ha documentado 85 ataques con sustancias químicas 2013, muchos de ellos comisionados por los actores no estatales. La más reciente alegación de estos ataques químicos que contenían cloro ocurrió el 7 de abril de 2018 en Douma.

A raíz del ataque químico del 7 de abril en Siria, Estados Unidos, el Reino Unido y Francia llevaron a cabo ataques aéreos con misiles el 13 de abril de 2018. El fin de los ataques fue destruir o degradar el arsenal químico, enviar el mensaje de que no se tolerará futuros usos, y aminorar el sufrimiento humano. La pregunta de trascendencia es cuestionar si los ataques de estas tres potencias son legales bajo el derecho internacional. La respuesta no es taxativa y clara a como comuchos defienden. Para responder a la pregunta necesitamos comprender primero que sucede en el Consejo de Seguridad previo a la intervención de los tres poderes mundiales en Siria.

El Veto Ruso y la Legitimidad del Régimen Sirio

El 10 de abril, Rusia bloqueó una resolución para identificar quién era responsable del ataque ejecutado con armas químicas en Douma. Rusia ha usado su veto en 12 ocasiones con respecto a Siria y desde que comenzó el conflicto en 2011. Todos los bloqueos han sido hechos con relación a la aprobación de investigaciones sobre el uso de armas químicas o cuestiones como la condena buscada del bombardeo de Aleppo y el cese del fuego en setiembre de 2016. En abril de 2017, Rusia vetó una resolución de la ONU propuesta por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia que buscaba imponer sanciones a Siria, después de un ataque con armas químicas reportado contra la ciudad de Khan Shaykhun, controlada por los rebeldes. Además, un año después, previo al 7 de abril de 2018, hubo nueve rondas de conversaciones de paz, mediadas por la ONU, para encontrar una solución política al conflicto (4). ¿Qué implican estas cifras?

Rusia ha estado escudando diplomáticamente a Damasco, mientras refuerza el régimen de Assad con suministros de armas. También, Rusia ha asegurado que cualquier resolución que pueda dañar la soberanía clásica del régimen sirio sería bloqueada mediante el uso del veto en del Consejo de Seguridad de la ONU. (5) El uso del veto ruso y la consecuente parálisis del Consejo de Seguridad para actuar, le permite a Rusia fortalecer al régimen sirio mientras lo mantiene como su bastión geopolítico en el Medio Oriente.

¿Cuáles son las consecuencias de la parálisis del Consejo de Seguridad?

Considerando los intereses rusos en Siria, así como el cuestionamiento serio de la legitimidad del régimen sirio por parte de la comunidad internacional, debido a los ataques químicos ejecutados contra la población civil, una solución política o diplomática al conflicto es difícil de verse, de momento, en el horizonte. Tal solución demanda la aquiescencia de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

¿En dónde se encuentran las fuentes normativas de la legitimidad?

Los criterios de legitimidad de un régimen en el sentido normativo provienen del sistema legal internacional. El argumento más importante es que los Estados aceptan cada vez más que sus gobiernos deben cumplir las expectativas jurídicas de la comunidad internacional si se quiere que sean aceptados como legítimos.  La mayoría de estas expectativas jurídicas, como la protección de los derechos humanos, el Estado de derecho o gobernanza efectiva en la medida de lo posible, etc.  se establecen en tratados internacionales de derechos humanos y en aquellos que establecen organizaciones regionales, como ECOWAS, la OEA, la ASEAN o el Consejo de Europa. En consecuencia, los Estados han reconocido que sus gobiernos no solo necesitan la legitimidad nacional, es decir, la aceptación del pueblo, sino que también la legitimidad internacional, en otras palabras, la aceptación de la comunidad internacional. (6) Así, por ejemplo, El Reino Unido, Francia y Alemania afirmaron en agosto de 2011: “nuestros tres países creen que el presidente Assad, el cual recurre a la brutal fuerza militar contra su propio pueblo y es responsable de la situación, ha perdido toda legitimidad y puede ya no pretenden liderar el país” (7).

¿Cuáles son estas normas que conllevan a la pérdida de la legitimidad? Hasta ahora, la práctica de los Estados es escasa, aunque clara. No hay casos, fuera del derecho convencional, en los que los Estados hayan invocado el derecho internacional para negar la legitimidad de un nuevo gobierno. No obstante, sí se considera que las violaciones graves a las normas perentorias y erga omnes del derecho internacional socaban la legitimidad. En otras palabras, infracciones a aquellas disposiciones que no permiten derogación (a menos que sea por una norma similar o de igual rango), y que son claramente aceptadas reconocidas por la comunidad internacional, las cuales incluyen las prohibiciones de la agresión, el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y la tortura y la tortura entre otros. En consecuencia, las infracciones del derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos cumplen el criterio que conduce a la pérdida de legitimidad.  El empleo de la violencia indiscriminada por parte del régimen sirio contra la población civil encaja dentro de esta posición.  En teoría, otras violaciones de las normas esenciales del derecho internacional, como la prohibición del uso de la fuerza o la violación de la integridad territorial de los Estados, no conducen a la pérdida de la legitimidad internacional. (8)

Segundo, la pérdida de legitimidad no es una jurídicamente válida si un Estado interviene con el fin de derribar al gobierno de otro Estado. No existe ninguna norma de derecho internacional que apoye la intervención humanitaria con el fin de restaurar la legitimidad de un gobierno. No obstante, infracciones graves de normas perentorias y erga omnes son de tal naturaleza que se imponen por encima del consentimiento de los Estados y suponen un límite al régimen de la soberanía clásica del Estado. Las normas fundamentales de protección a los derechos humanos entran en esta categoría. En consecuencia, una violación de estas normas por un Estado es un hecho internacionalmente ilícito y constituye una injuria contra todos los demás Estados. Tampoco existe circunstancia alguna que excluya la ilicitud del hecho con relación a la infracción grave de estas normas. ¿Cuáles son las implicaciones de infracciones graves a las normas?

Hay dos implicaciones. Primero, y en referencia al caso de Siria, que la violencia indiscriminada del régimen sirio es una violación contra las normas perentorias y erga omnes del sistema legal internacional, en consecuencia, de incumbencia para toda la comunidad internacional en su conjunto. Segundo, no se puede emplear como escudo de protección la soberanía clásica del Estado cuando violaciones graves y sistemáticas contra normas perentorias y erga omnes que buscan la protección de los individuos han sido comisionadas.  La soberanía no es absoluta y su función no es la protección debida contra aquellos cometen crímenes universales. Considerando que la intervención humanitaria depende de la existencia de las obligaciones erga omnes, es decir, de las obligaciones de un estado hacia la comunidad internacional en su conjunto y que, además la Corte Internacional de Justicia (ICJ) sostuvo que tales obligaciones derivan de la ilegalidad de los actos de agresión y de genocidio, como también de los principios y normas relativas a los derechos básicos de la persona humana; asimismo considerando que la CIJ ha defendido que en el caso de incumplimientos materiales de tales obligaciones, cualquier otro Estado puede considerarse legalmente lesionado y, por lo tanto, tiene derecho a recurrir a contramedidas contra el perpetrador (aunque deban cumplir con la Carta) (9) la cuestión legal de relevancia que se presenta es la siguiente: ¿Es compatible la intervención humanitaria unilateral  con la Carta de la ONU? Específicamente, ¿es la intervención de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido legal en virtud del derecho internacional?

Lo cierto es que la respuesta a esta pregunta no es clara a como muchos han afirmado. Existen dos escuelas de pensamiento diametralmente opuestas que tratan de aclarar la cuestión. Todo depende de la posición legal que se tome con relación al derecho internacional contenido en la Carta de San Francisco. El punto de partida para responder a la pregunta es observar el contenido sustantivo de las disposiciones de la Carta de la ONU.

La Carta de la ONU y el Uso de la Fuerza

Las disposiciones de transcendencia concernientes a la intervención humanitaria unilateral, para el caso que nos interesa, son el artículo 2(4) y 2(7) del Capítulo VII.  El artículo 2(4) estipula el principio de la no intervención; específicamente codifica que “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.” El artículo 2(7) complementa la estipulación anterior y reafirma la soberanía del Estado: “ninguna disposición de [la] Carta…autorizará a la ONU a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados…pero este principio no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el Capítulo VII.” El objetivo básico de estos principios es proporcionar algunos de los derechos más básicos y establecer responsabilidades fundamentales parta los Estados.

Bajo los artículos 39 y 42, de conjunto, el Consejo de Seguridad determinará las situaciones que constituyen una amenaza para la paz y seguridad internacionales y, a la luz de la decisión tomada podría justificar el uso de la fuerza.

El artículo 51 de la Carta codifica la legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas

El Argumento Restriccionista: La Intervención Humanitaria Unilateral es Ilegal

Los que se alinean con esta escuela de pensamiento no encuentran ningún motivo persuasivo para defender la existencia de un derecho legal y limitado de intervención humanitaria unilateral. Las disposiciones 2(4) y 2(7) proporcionan una clara base textual para que los restriccionistas concluyan que la Carta prohíbe el uso de fuerza para fines humanitarios. Así, solo existen dos únicas excepciones explícitas a la prohibición general del uso de la fuerza: una excepción permite el uso de la fuerza como un mecanismo de autodefensa en respuesta a un ataque armado y, la segunda permite el uso de la fuerza con autorización del Consejo de Seguridad. La intervención humanitaria como una tercera excepción a la prohibición del uso de la fuerza está ausente en el texto de la Carta, defienden.

La posición de Nicolas Boeglin, por ejemplo, es restrictiva al referirse a las operaciones militares realizadas por Estados Unidos, Francia y Reino Unido en Siria el 13 de abril del 2018. Según Boeglin, los bombardeos de las tres potencias contra el presunto arsenal químico sirio “fueron realizadas sin autorización previa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas…y… constituyen una clara y abierta violación a lo dispuesto en la misma Carta de Naciones Unidas sobre la prohibición del uso de la fuerza.” (10) Boeglin afirma que “ninguna norma internacional permite recurrir al uso unilateral de la fuerza en represalia a actos cometidos en el territorio de otro Estado contra su población, o en respuesta a sospechas de tenencia y de uso de armas de destrucción masiva por parte de un Estado inmerso en un conflicto interno (como el que vive Siria desde varios años).” (11) Boeglin continúa defendiendo que “las únicas excepciones a la prohibición del uso de la fuerza militar por parte de uno o varios Estados contra otro Estado” son aquellas codificadas en el artículo 51 de la Carta de la ONU. En consecuencia, “el argumento…de una operación basada en consideraciones “humanitarias“, según externado por la siempre original diplomacia del Reino Unido, constituye una nueva evidencia de la ausencia de argumentos válidos y creíbles desde el punto de visto jurídico.” (12)

Pues bien, dejemos a un lado el argumento de que si el conflicto en Siria es un conflicto interno. Este es un asunto de debate diferente que debe de someterse a juicio en virtud de las categorías binarias consagradas en la maquinaria legal del derecho internacional humanitario, y según el contexto de las nuevas perturbaciones sistémicas del nuevo ambiente estratégico. Asimismo, aislemos el asunto de una investigación en situ que permita identificar los responsables de los ataques químicos. Con prueba o sin prueba la problemática de la intervención humanitaria unilateral continúa siendo la misma. De hecho, con pruebas existentes, y sin acción alguna del Consejo de Seguridad, aún hay más razón para intervenir.

El 21 de octubre de 2016, el Mecanismo Conjunto de Investigación OPAQ-ONU emitió un informe que constata que el régimen sirio fue responsable de un tercer ataque con gas de cloro ejecutado en la provincia de Idlib el 16 de marzo de 2015. (13) Siria es un Estado Parte de la Convención sobre Armas Químicas. También es miembro del Protocolo de Ginebra de 1925 establecido contra el uso de armas químicas en conflictos. Todos los países que son parte en estos tratados, incluidos Rusia y China, tienen la obligación de hacer cumplir sus disposiciones y actuar en caso de incumplimiento. Las preguntas de relevancia son cómo establecer la defensa del derecho internacional en un ambiente fluido, donde el delincuente es un Estado miembro de los mismos tratados a los que debe respetar. ¿Cómo resolver la tensión entre las principales coordenadas de la lógica westfaliana de la soberanía, establecida desde hace 370 años, y la fuerza normativa de los derechos humanos que impone límites al poder del Estado?  ¿Se superpone la lógica westfaliana de la soberanía, consagrada en la Carta de San Francisco, a la defensa de las normas perentorias y erga omnes concernientes a los derechos humanos?

Si un Estado o grupo de Estados permite que un segundo Estado viole sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos, el primer Estado o grupo de Estados colude con las violaciones del artículo 55 de la Carta al no promover los derechos humanos. Si intervienen por razones humanitarias, derecho inexistente según la perspectiva restriccionista, han violado el artículo 2 (4) debido al uso unilateral de la fuerza. También infraccionarían el artículo 2 (7) al interferir en los asuntos internos de otra nación. La perspectiva restriccionista no explica cómo resolver estas tensiones. Y, sin embargo, de manera simplista se argumenta que las operaciones de los poderes interventores en Siria el 13 de abril de 2018, específicamente la justificación dada por el Reino Unido, basada en consideraciones “humanitarias… constituye una nueva evidencia de la ausencia de argumentos válidos y creíbles desde el punto de visto jurídico.” (14)

La crítica se hace basada en el uso textual de la Carta, mientras que se desechan los argumentos legales presentados por el Reino Unido. Por supuesto se han dado casos de intervenciones que deben de rechazarse.  Además, si bien es cierto que la práctica estatal es escasa debido a que la intervención humanitaria solo se ejecuta en circunstancias excepcionales, si demuestra que hay casos de intervención que demuestran el estado embrionario sino institucionalizado de la misma (no tenemos tiempo para analizarlas en este ensayo).  Los ataques de los poderes interventores en Siria del 7 de abril de 2018 fueron apoyados por Alemania, España, Australia, Arabia Saudita, la OTAN, la Unión Europea y Canadá. Muchos no comentaron al respecto. China, Irán, y Bolivia votaron en contra; era de esperarse. El Secretario General de la ONU, Antonio Guterrez, afirmó que “cualquier uso de armas químicas es aborrecible. El sufrimiento que causa es horrendo [e instó a] actuar de acuerdo con la carta de la ONU y el derecho internacional.” (15)

Paralelamente, tras los ataques aéreos destinados a obstaculizar la capacidad de Siria para usar armas químicas, el Consejo de Seguridad rechazó el 14 de abril de 2018 una propuesta rusa para condenar tal ‘agresión’ de los Estados Unidos y sus aliados por el uso de armas químicas en ese Estado. (16) Si existe ausencia flagrante de argumentos válidos y creíbles desde el punto de visto jurídico ¿por qué el Consejo de Seguridad rechazó una supuesta agresión contra la soberanía siria y los principios fundacionales del derecho internacional consagrados en la Carta? ¿Implica el rechazo a la propuesta rusa del 14 de abril de 2018 aquiescencia de la doctrina de la intervención humanitaria defendida por el Reino Unido y las justificaciones por Estados Unidos y Francia?

Es instructivo el caso de ataques unilaterales por sorpresa ejecutados por Estados Unidos con misiles Tomahawk una base aérea localizada en Khan Sheikhoun, en el noroeste de Siria. Los ataques fueron ejecutados en represalia por el alegado bombardeo sirio con armas químicas el 7 de abril de 2017. Rusia e Irán se pronunciaron en contra, pero la mayor parte de la comunidad internacional se pronunció a favor de los actos. Así, el acto ha sentado el precedente que supone el nacimiento y la construcción de una nueva norma de derecho internacional que aprueba el uso unilateral de la fuerza con carácter punitivo contra actores que utilizan armas químicas, especialmente en contra civiles. Este acto ha sido confirmado por los poderes interventores en Siria el 13 de abril de 2018; también por el asentimiento de las declaraciones hechas por los Estados que aprobaron las acciones.  Con tal aprobación general se ha construido una nueva plataforma para el uso de la fuerza por razones humanitarias. (17)

Es cierto que opino juris es difícil de probarse. No obstante, es erróneo concluir que las disposiciones de la Carta sobre los derechos humanos son una mera declaración de principios carentes de cualquier elemento de obligación legal. La Carta de la ONU no debe ser utilizada como un escudo para la protección de gobiernos represivos que usan a la población civil como centro de gravedad en el tablero geopolítico de un conflicto, violando con ello los pilares normativos que sostienen el edificio jurídico del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario. (18) En consecuencia, la posición restricionista no es sacrosanta.

El Argumento Expansivo: La Intervención Humanitaria es Legal

Brevemente, de acuerdo con esta posición la intervención humanitaria unilateral no solo es legítima pero también legal. La legalidad de la figura también se infiere a partir de las disposiciones mencionadas con antelación.  Específicamente las palabras claves consagradas en el Artículo 2(4) de la Carta son de relevancia: la integridad territorial e independencia política. Ahora bien, el punto de partido para obtener el significado simple y ordinario de estos términos debe hacerse en conformidad al Artículo 31(1) de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados.

Para seguir el argumento textual, de acuerdo al Diccionario electrónico de la Real Academia Española (RAE), integridad se refiere a algo “que no carece de ninguna de sus partes.” El Diccionario Cambridge define integridad como “el estado de ser completo e indivisible.” Es decir, nada ha sido tomado de la totalidad de las partes de un todo o que haya sido dividido. Atendiendo a estas definiciones, podemos equiparar integridad con inviolabilidad. A la sazón, la pérdida, control o división forzada de territorio en un Estado por otro escapan o contravienen el principio de integridad territorial.

Según la RAE la palabra independencia se refiere a la “libertad, especialmente la de un Estado que no es tributario ni depende de otro.” El vocablo “depende” significa “estar subordinado a una autoridad o jurisdicción.” El Diccionario Cambridge define independencia como “libertad de ser gobernado por otro país.” Infiriendo, la palabra independencia puede ser entendida como como preservación de la soberanía. En contraste subyugación política, o cambio de régimen en un Estado se oponen a la noción de independencia. (19)

Entonces, considerando las definiciones y la justificación dada por los poderes interventores el 13 de abril de 2018 en Siria, especialmente la justificación legal sostenida por el Reino Unido sobre la doctrina de la intervención humanitaria, ¿podemos decisivamente defender que la intervención fue ilegal y sin argumentos válidos y creíbles? Es difícil de aceptar una respuesta positiva a esta pregunta.

En efecto, considerando que el uso sistemático del veto ruso ha paralizado al Consejo de Seguridad y no se ha encontrado una solución alternativa práctica y viable para detener las atrocidades y el uso de armas químicas contra la población civil, el uso de la fuerza por razones humanitarias es la alternativa viable. Las consecuencias de no actuar serían permitir que quien haya cometido el ataque quede impune. También la falta de actuación enviaría la señal de que los partidarios de la prohibición internacional de las armas químicas no se preocupan por la ley y su significado para el orden mundial.

Aún más, es difícil de aceptar que después de una operación militar transfronteriza, rápida y precisa, que respete los principios de proporcionalidad y distinción, estrictamente limitada en tiempo y por el alcance del objetivo de aliviar del sufrimiento humanitario contravenga los principios de integridad territorial e independencia política de un Estado estipulados en la Carta de la ONU. La intervención humanitaria no tiene por fin violar la integridad territorial e independencia política de un Estado, en consecuencia, es legal y consistente con los principios de la Carta. Tampoco es justificada sobre el derecho a la legítima autodefensa.  Así, la visión expansiva de la intervención humanitaria unilateral se aproxima mejor al significado ordinario de los vocablos contenidos en el Artículo 2(4), y al nuevo ambiente de seguridad, que la posición restriccionista.

Plausiblemente el Artículo 2(4) solo se limita a codificar la prohibición del uso de la fuerza cuando referida a la integridad territorial, independencia política o en otra manera inconsistente con la Carta de la ONU. En otras palabras, deben de existir otros usos legales de la fuerza; específicamente aquellos que no contravengan los casos cualificados por el Artículo 2(4). Después de todo el Artículo 2(4)  no afirma que “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza” sino específicamente regula que  “los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.”

Finalmente, no existe nada en la Carta que explícitamente sancione la intervención humanitaria per se. La prohibición contenida en el Artículo 2(4) reiteradamente no es absoluta sino general que pretende prevenir el uso ilegal de la fuerza bajo las condiciones específicas determinadas en esa normativa, por lo tanto, la intervención humanitaria unilateral escapa a esas restricciones.

Notas

  1. Arms Control Association, ‘Timeline of Syrian Chemical Weapons Activity, 2012-201,’ https://www.armscontrol.org/factsheets/Timeline-of-Syrian-Chemical-Weapons-Activity.
  2. Resolución 2118 (27/09/2013), La situación en el Oriente Medio (Siria) – S/RES/2118, http://www.dipublico.org/13971/resolucion-2118-27092013-en-espanol-la-situacion-en-el-oriente-medio-siria-sres2118/.
  3. Supra nota 2.
  4. BBC News, Syria: Does Russia always use a veto at the UN Security Council?, 16 April 2018, http://www.bbc.co.uk/news/world-43781954
  5. Allison, R. (2013). Russia and Syria: Explaining alignment with a regime in crisis. International Affairs, 89(4), 795-823.
  6. Odendahl, Kerstin, ‘ESIL Reflection: National and International Legitimacy of Government’, Vol 4, Issue 5, http://www.esil-sedi.eu/node/983.
  7. Odendahl, Kerstin, supra nota 6; The Guardian, ‘Syria: Assad must resign, says Obama’, 19 Aug 2011, https://www.theguardian.com/world/2011/aug/18/syria-assad-must-resign-obama; The Wall Street Journal,  ‘World Leaders Urge Assad to Resign’, https://www.wsj.com/articles/SB10001424053111903639404576516144145940136; ‘Joint UK, French and German Statement on Syria’, 18 August 2011, https://www.gov.uk/government/news/joint-uk-french-and-german-statement-on-syria
  8. Véase Responsabilidad del Estado por Hechos Internacionalmente Ilícitos (AG/56/83). https://www.dipublico.org/4076/responsabilidad-del-estado-por-hechos-internacionalmente-ilicitos-ag5683/.
  9. Barcelona Traction, Light and Power Co., (Belg. v. Spain), 1970 I.C.J. 33, 1 33-34 (Feb. 5); Sima, Bruno, Nato, the UN and the Use of Force: Legal Aspects, 10 European. Journal of International Law, Vol. 1, No. 2 (1999).
  10. Boeglin, Nicolas, ‘Bombardeos de EEUU, Francia y Reino Unido en Siria y Derecho Internacional: un breve análisis’, El Mundo, 15 abril 2018, https://www.elmundo.cr/bombardeos-de-eeuu-francia-y-reino-unido-en-siria-y-derecho-internacional-un-breve-analisis/.
  11. Boeglin, supra nota 9.
  12. Boeglin, supra nota 9.
  13. Arms Control Association, supra nota 1.
  14. Boeglin, supra nota 9; Policy paper: Syria Action – UK government legal position, https://www.gov.uk/government/publications/syria-action-uk-government-legal-position/syria-action-uk-government-legal-position.
  15. The Telegraph, ‘’An Unequivocal Message’: How the World Reacted to the Syrian Airstrikes’, 15 April 2018, https://www.telegraph.co.uk/news/2018/04/14/unequivocal-message-world-reacted-syrian-airstrikes/.
  16. UN News and Media, ‘Following Air Strikes against Suspected Chemical Weapons Sites in Syria, Security Council Rejects Proposal to Condemn Aggression’  , 14 April 2018 https://www.un.org/press/en/2018/sc13296.doc.htm.
  17. Arauz Cantón, B., “La Legalidad de los Ataques Militares Estadounidense contra Bases Aéreas Sirias bajo el Derecho Internacional’, OPI, 8 de mayo de 2017, http://opi.ucr.ac.cr/node/910
  18. Kirkpatrick Jeane J. & Gerson, Allan, The Reagan Doctrine, Human Rights, and International Law, in Right v. Might, at 25-26. (citando a H. Lauterpacht, International Law and Human Rights, 145-146 (1968 ed.).
  19. Real Academia Española, http://dle.rae.es/?id=DgIqVCc; Cambridge Dictionary, https://dictionary.cambridge.org/.