Presencia militar turca en el Levante: el Leitmotiv Kurdo

Por Emile Bouvier*

«Erradicaremos la amenaza terrorista al este del Éufrates», dijo el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, el 26 de julio en uno de sus discursos deliberadamente beligerantes, al que está acostumbrado desde la reanudación de las hostilidades con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el verano de 2015 (1).

Aunque estas amenazas no siempre se tomaron en serio al principio (2), el lanzamiento de las diversas ofensivas turcas, contra todo pronóstico (3), finalmente convenció al presidente turco de la seriedad de sus palabras: Operación «Garra «, Lanzado el 27 de mayo de 2019, seguirá a la ofensiva» Olive Branch «lanzada el 20 de marzo de 2018 y al Escudo del Éufrates antes, el 24 de agosto de 2016.

Aunque se han atribuido diferentes objetivos operativos y estrategias distintas a estas operaciones, todas comparten el mismo denominador: la lucha contra los movimientos armados kurdos, entre los cuales el PKK y su filial siria, el PYD (Partido del unión democrática), mejor conocida a través de su ala armada de las YPG / YPJ (Unidades de Protección Popular).

Hoy, en un momento en que las amenazas y los rumores de una nueva ofensiva turca en territorio sirio son cada vez más audibles, se necesita una actualización de la estrategia y los objetivos de Ankara: de hecho, si Las primeras operaciones tenían como objetivo contener la expansión territorial de los YPG, particularmente a lo largo de la frontera turca (I), las siguientes son parte de un deseo de ocupar la tierra y establecer un glacis protector para el Turquía en Siria (II).

I. Contener el creciente poder militar de los kurdos con un ejército perdedor: el desafío turco del período 2016-2018

La reanudación de las hostilidades entre el PKK y el ejército turco en el verano de 2015 marca un regreso a la insurgencia de tipo guerrillero, para lo cual Turquía tiene treinta años de experiencia. Sin embargo, la lucha fue muy violenta, y cada parte se benefició de dos años de negociaciones de paz para reconstruir sus fuerzas y arsenal. El PKK inicia un intento de insurgencia urbana para el que el ejército turco no estaba preparado: los combates en las calles de Diyarbakır, Sur o Nusaybin son destructivos para ambos bandos y para los civiles (4).

Después del fracaso de su estrategia de levantamientos urbanos, el PKK se retira a las montañas, incluido el Kurdistán iraquí, donde continúa la lucha. Sin embargo, un año después de la reanudación de las hostilidades el 15 de julio de 2016, un intento de golpe fallido ha cambiado el rumbo. Parte de las fuerzas armadas turcas, incluida la Fuerza Aérea (5), está aumentando con el objetivo de derrocar al régimen de Recep Tayyip Erdogan. Ante la débil movilización de las fuerzas armadas turcas a favor del golpe, rápidamente se convirtió en un fracaso, después de causar la muerte de unas 251 personas e hirió a otras 2185.

Las autoridades turcas acusan rápidamente al movimiento «Hizmet» («Servicio» en turco), encabezado por el predicador musulmán Fethullah Gülen, de estar detrás de este intento de golpe. Este movimiento, cuyas ramificaciones se extendieron a todas las esferas de la sociedad, es por lo tanto objeto de una caza de brujas en Turquía y el mundo. Muy rápidamente, varias decenas de miles de funcionarios (maestros, magistrados, policías …) son relevados de su función en el momento en que se lleva a cabo una investigación, o incluso son detenidos directamente. Varios miles de personal de las fuerzas armadas turcas son suspendidos o arrestados; En proporción al tamaño del ejército turco, los oficiales de alto rango son particularmente blanco de estas detenciones, así como el personal de la fuerza aérea (6).

Históricamente uno de los pilares, si no la columna vertebral, de la República turca desde su creación por Mustafa Kemal Atatürk en 1923, el ejército turco ahora parece debilitado, tanto en términos de números, moral y gestión. Esta pérdida de velocidad se sentirá muy rápidamente durante la operación del Escudo del Éufrates («Fırat Kalkanı») el mes siguiente, 24 de agosto de 2016.

De hecho, después de derrotar a ISIS en Kobane en Siria en 2014 y obtener un apoyo masivo (7) de la Coalición Internacional, los YPG parecen casi inmutables: lanzan varias ofensivas exitosas contra Daesh y, en 2016, inician una «apisonadora» kurda: material y militarmente apoyada por la Coalición, los kurdos eliminan uno por uno sus fortalezas de Da’esh. En el verano de 2016, los kurdos están a punto de hacer una unión territorial entre el cantón de Afrin, al noroeste de Siria, y el de Kobané, en el norte. Un vasto territorio ocupado por Daesh, en el que se encuentran las ciudades de Al Bab, Jarabulus o Dabiq (8), separa los dos cantones.

Antes de que los kurdos pudieran unirse, lo que los llevaría a controlar toda la frontera turco-siria, Ankara decidió tomar medidas y lanzar sus tropas para atacar los territorios en poder de Daesh. pretexto para liberar estos territorios de la ocupación yihadista. El debilitamiento del ejército turco después del golpe de estado se siente y el progreso es lento, especialmente porque los auxiliares sirios del ejército turco carecen de entrenamiento y supervisión. Después de varios meses de intensos combates, el ejército turco sin sangre ha logrado su misión: los kurdos no han podido unirse y ya no podrán hacerlo. El 30 de marzo de 2017, Ankara termina oficialmente la Operación Escudo del Éufrates,

Al mismo tiempo, las actividades del ejército turco continúan en Turquía e Iraq, incluidas las operaciones especiales y los ataques aéreos destinados a destruir sus escondites de armas, campamentos y eliminar a sus combatientes (9). Poco a poco, la guerra de guerrillas kurda disminuye en intensidad en Turquía y se retira a Irak, en las montañas escarpadas del Kurdistán iraquí.

La fecha límite para las elecciones presidenciales turcas, programadas para el 24 de junio de 2018, junto con el control relativo de la guerrilla kurda en Turquía y el reempaque de tropas, llevó a Recep Tayyip Erdogan a considerar rápidamente una nueva ofensiva contra los kurdos, ahora comprometida en la liberación de los territorios en poder del Estado Islámico en el valle del Éufrates, es decir, en el sur de Siria.

II. El surgimiento de una dinámica de conquista territorial de áreas controladas por los kurdos (período 2018-2019)

El 20 de enero de 2018, las Fuerzas Armadas turcas lanzan la Operación «Rama de olivo» («Zeytin Dalı» en turco). El objetivo claro es expulsar a los combatientes de YPG del cantón de Afrin, retratados como milicias terroristas por el gobierno turco, y colocar en su lugar a los auxiliares sirios árabes leales a Ankara (10). La lucha también es particularmente dura (11): el terreno muy accidentado del cantón de Afrin (cuyas montañas se llaman acertadamente las «montañas kurdas») ofrece defensas naturales muy eficaces cuyas YPG se beneficia de manera muy eficiente. Consciente de los errores cometidos durante la Operación Escudo del Éufrates, el personal turco esta vez en el frente de los rebeldes sirios respaldados por Turquía para salvar a los soldados turcos. El apoyo aéreo turco será crucial hasta la captura de Afrin el 18 de marzo. Ante el despliegue de fuerzas especiales francesas y estadounidenses en la región de Manbij para disuadir a los turcos de continuar su ofensiva, este último se detuvo en el único cantón de Afrin. El noroeste de Siria está por lo tanto bajo el control de Ankara.

Luego, el estado turco organizó la ocupación territorial del cantón, instalando en particular familias de combatientes sirios en lugar de civiles kurdos que huyeron de los combates; Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), unos 167,000 kurdos han abandonado el enclave. Desde entonces, las ONG y los kurdos denuncian regularmente los actos cometidos por los rebeldes sirios en la zona, en los que las milicias pro-turcas reinarían un «clima de terror» contra los kurdos, según la ONG Amnistía Internacional en un informe. del 2 de agosto de 2018.

Continuando con esta dinámica de ocupación territorial, el 24 de mayo de 2019, los turcos lanzaron esta vez la Operación «Pata» («Pençe», en turco), en el Kurdistán iraquí. Esta operación difiere de todas las demás realizadas hasta ahora por Turquía en territorio iraquí, porque Ankara hasta ahora se ha contentado con operaciones especiales y ataques aéreos, guiados por puestos avanzados instalados en las montañas de Kurdistán con aguas abajo de las autoridades locales (12), ansiosas por debilitar al PKK como una molestia. Esta vez, la operación Griffe tiene como objetivo ocupar el suelo, para evitar que el PKK se mueva libremente nuevamente; La idea es crear una zona de amortiguación en el norte de Iraq para evitar que los combatientes del movimiento kurdo realicen ataques en suelo turco.

Esta operación, cuya primera fase finalizó el 12 de julio de 2019, es un éxito mundial para Ankara. La región de Hakurk, en el noreste de Iraq, en la región trifronteriza de Iraq, Irán y Turquía, ahora está controlada por el ejército turco. La segunda fase, iniciada a raíz de la primera, es esta vez para extender este control más al oeste, en la región de Amedi y Dohuk. Una campaña intensiva de ataques aéreos ha dado paso a esta nueva fase y aún continúa, en paralelo con las operaciones en tierra.

El principal enlace fronterizo que aún está en manos de los kurdos es el norte y el noreste de Siria, desde Kobane hasta Al Malikiyah. El gobierno turco ha amenazado, desde el final de la Operación Rama de Olivo, atacar estos territorios, hasta ahora salvaguardados por la presencia militar de la Coalición. Sin embargo, el reciente deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía (13) podría llevar a Ankara a lanzar su ofensiva contra los kurdos sirios, apostando por la inmovilidad de la comunidad internacional (14).

En cualquier caso, el ejército turco ya ha comenzado el despliegue de sus tropas en la frontera, especialmente frente a las ciudades sirias kurdas de Kobane, Tall Abyad y Ras al Ain. Las tropas turcas establecieron bases allí y fortalecieron sus posiciones, en particular las de su arma autopropulsada T-155 Fırtına, orgullo de la producción industrial turca utilizada masivamente durante la ofensiva contra Afrin (15). El objetivo de esta operación sería «completar» la banda territorial ya iniciada en el oeste de Siria con las operaciones Rama de Olivo y Escudo del Eufrates. Invocando el Acuerdo de Adana de 1988 que otorga a Turquía el derecho de intervenir militarmente a menos de cinco kilómetros del territorio sirio (16),

Conclusión

Al hacerlo, Turquía justificaría su intervención sobre la base del derecho a la legítima defensa y el derecho internacional; Siria, que sin embargo ha expresado su hostilidad hacia todas las intervenciones militares turcas, solo podrá ver la «legalidad» de la operación de Ankara, como parte de un acuerdo firmado por los dos países. Sin embargo, la presencia de las fuerzas de la Coalición a lo largo de la frontera en el lado sirio, incluida la realización de patrullas de vehículos militares en la parte superior de las cuales aparentemente ondea banderas estadounidenses, puede disuadir a los turcos de llevar a cabo una operación que podría percibirse. tiempo, no solo como una provocación, sino como un peligro real para los soldados de la Coalición.

Fuente: Les cles du Moyen Orient

(*) Emile Bouvier es estudiante de la Universidad de París

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

Para leer sobre Claves para el Medio Oriente: 
 ¿Qué pasará con los kurdos en Siria ocho años después de la revolución siria? 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/What-to-be-for-Kurdes-de-Syrie-huit-ans-after-the-Syrian-revolution.html 
  Entrevista con Hamit Bozarslan sobre la situación de los kurdos en Irak y Siria 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/Maintenance-with-Hamit-Bozarslan-on-the-situation-of-Kurdes-inIra-and-Syria.html 
  El papel de Turquía y la cuestión kurda en los conflictos iraquíes y sirios. Parte I: Ankara vs Damasco 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/The-role-of-Turkey-and-the-the.html 
 Los kurdos, desde un estado de personas marginadas hasta el de jugadores estratégicos clave. Un pueblo estratégicamente ineludible (2/2) 
https://www.lesclesdumoyenorient.com/The-Kurdes-of-a-poor-status-marginalizes-at-the-strategic-action-of-speople-2953.html 
  Dorothée Schmid , Turquía en 100 preguntas https://www.lesclesdumoyenorient.com/Dorothee-Schmid-Turkey-in-100-questions.html

Bibliografía: 
 KASAPOĞLU, Can, ÜLGEN, Sinan y PRESIDENTE, EDAM Operación Rama de olivo: una evaluación político-militar. Centro de Estudios de Economía y Política Exterior (EDAM), 2018. 
 SHIELD, Operaciones Eufrates y RAMA, Oliva. Evaluación del ejército turco posterior al 15 de julio. 2019. 
 CALHO, Julio Miranda. Inestabilidad en el sur. Asamblea Parlamentaria de la OTAN, 2018. – ROUHI, Mahsa. Tensiones entre Estados Unidos e Irán y el factor del petróleo. Survival, 2018, vol. 60, núm. 5, pág. 33-40. 
 PELINO, Elettra. La operación militar turca de 2018 en el norte de Siria: la ambigua Realpolitik de Turquía entre Estados Unidos y Rusia. 2018. 
 FAVIER, Agnes. Siria después del estado islámico: «¿Todo tiene que cambiar, para que todo pueda permanecer igual»? 2018. 
 HOFFMANN, Clemens. ¿Neo-otomanismo, eurasianismo o asegurar la región? Una visión más larga sobre el intervencionismo de Turquía. Conflicto, seguridad y desarrollo, 2019, vol. 19, núm. 3, pág. 301-307. 
 HALLINAN, Conn y col. El tablero de ajedrez sirio. Socialista Australiano, 2018, vol. 24, núm. 3, pág. 13. 
– COSTEA, Cătălin, y col. EUPHRATES SHIELD: UN ANÁLISIS DE LA INTERVENCIÓN DE TURQUÍA EN SIRIA. En: Conferencia Científica Internacional Estrategias XXI-Volumen 1. Editorial de Defensa Nacional «Carol I», 2018. p. 47-58. 
 SLEE, Chris y col. Turquía aumenta la intervención militar en Irak. Green Left Weekly, 2019, n. ° 1225, p. 12.

Sitografía: 
 jefes militares turcos discuten posible ofensiva en Siria, Reurers, 25/07/2019 
https://www.reuters.com/article/us-syria-security-turkey/turkish-military-chiefs-discuss-possible-offensive- in-syria-idUSKCN1UK17L 
  ¿Las fuerzas armadas turcas golpearon un hospital en Afrin? ; Ahval News, 17/03/2018 
https://ahvalnews.com/afrin/did-turkish-armed-forces-hit-hospital-to-hospital-afrin 
  El fuego de artillería turco hiere a seis en el centro de la ciudad de Afrin, ANF News, 21 / 02/2018 
https://anfenglish.com/rojava-northern-syria/turkish-artillery-fire-wounds-six-in-afrin-city-centre-25049 
  Turquía ‘borrará’ las fuerzas kurdas al este del Éufrates – Erdoğan, Ahval Noticias, 26/07/2019
https://ahvalnews.com/turkey-syrian-kurds/turkey-will-obliterate-kurdish-forces-east-euphrates-erdogan 
  Turquía Purga | Supervisión de abusos contra los derechos humanos en el golpe posterior a  Turquía 
https://turkeypurge.com/ 
 Tiro de Turquía: ¿Quién estuvo detrás del intento de golpe de Estado en Turquía? – BBC News, 16/07/2016 
https://www.bbc.com/news/world-europe-36815476 
  Afrin, civiles privados de sus derechos, Amnistía Internacional, 08/02/2018 
https: //www.amnesty .fr / conflictos-armas-y-poblaciones / noticias / afrin-the-civil-private-from-their-rights 
  PKK confirma la muerte del alto funcionario en Qandil después del ataque aéreo turco, Rudaw, 07/07/2019 
https: // www .rudaw.net / Inglés / Kurdistán / 070720191

Crisis y redefinición del mapa de Medio Oriente

El Medio Oriente y particularmente la región del Golfo Pérsico atraen una vez más atención global. En este caso un nuevo capítulo en las tensas relaciones entre Estados Unidos e Irán en un contexto del programa nuclear del gobierno de Teherán.

Por Paulo Botta*

El año pasado el gobierno del presidente Trump inició su retiro del denominado Acuerdo Nuclear 5+1 firmado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Alemania y la Unión Europea con Irán. Para Estados Unidos el acuerdo es considerado como insuficiente para limitar el desarrollo nuclear de Irán y además no toca otros dos temas de grandes implicancias para la seguridad internacional: los desarrollos misilísticos y la política regional de Irán.

Para el resto de los países firmantes y para el Organismo Internacional de Energía Atómica, el acuerdo estaba cumpliéndose. De todas maneras, no debemos quedarnos en la superficie del cumplimiento o incumplimiento. 

Lo que está en juego es algo estructural para el sistema regional y así es como debemos entenderlo.

Más allá de las discusiones técnicas lo cierto es que la crisis nos señala cuales son algunas tendencias de la actualidad de la región. 

En primer lugar, las diferencias existentes entre Estados Unidos y los tres países europeos firmantes del acuerdo (y la Unión Europea, por cierto), Reino Unido, Francia y Alemania. El caso iraní no es el único caso donde los intereses norteamericanos y europeos chocan, lo mismo podemos decir de otros temas como las relaciones comerciales transatlánticas, las relaciones con China, etc. Seguir denominando “países occidentales” a los estados europeos (como un actor unificado) y a Estados Unidos, como si constituyeran una unidad sin diferencias, ya no refleja una realidad. Se evidencia un regreso claro al unilateralismo y una disminución de los ámbitos de cooperación particularmente en el marco de organizaciones internacionales. 

En segundo lugar, detrás de la voluntad iraní de desarrollar un programa nuclear que le permita dominar el ciclo completo del uranio se encuentra la decisión de convertirse en una potencia regional y, con eso, el deseo de reorganizar el sistema regional de Medio Oriente. Este sistema, conformado luego de la segunda posguerra mundial, está en crisis. Israel y Arabia Saudita intentan mantener su posición de preeminencia mientras que Turquía e Irán pugnan por una reorganización sustancial. En esta lucha por la conformación de un nuevo orden regional los actores, sin excepción, no dudan en traspasar las fronteras estatales en abierto desconocimiento al principio de no injerencia en asuntos internos del otro estado. Los ejemplos abundan. 

La lucha por la reorganización del sistema regional se realiza en tres niveles: estado a estado (a través de los medios clásicos de la diplomacia y las fuerzas armadas), cada estado buscando apoyo de potencias ordenadoras del sistema global y de los estados intentando ejercer diversos niveles de injerencia en el interior de los otros estados.

Los cambios en Medio Oriente no se derivan solo del intento de Irán por desarrollar una capacidad nuclear. Pensemos en las crisis de Siria e Irak, dos estados que durante la segunda parte del siglo XX intentaron ejercer posiciones de preeminencia en la región y que hoy se desangran en conflictos sangrientos. Si a eso le agregamos los conflictos, con abierta participación de actores externos, en Yemen o Libia podemos ver como el sistema regional de Medio Oriente que conocimos ya no existe.

En tercer lugar, se evidencia una accionar creciente de potencias extra regionales en Medio Oriente. No solo se trata de las potencias coloniales del siglo XIX y XX o de los Estados Unidos. Rusia y China, por poner dos ejemplos, están cada vez más activos en la región. La participación del gobierno de Moscú en la guerra de Siria es un ejemplo claro. Hoy Rusia tiene una presencia en el Mediterráneo oriental que no tenía hace solo cinco años atrás y esa presencia no va a desaparecer en el corto plazo.

Otro ejemplo es la venta por parte de Rusia de los sistemas de defensa antiaéreo S-400 a Turquía que han generado una crisis entre Washington y Ankara, ¡entre el primer y el segundo ejército de la OTAN! El gobierno del presidente Putin ha logrado lo que ni el Imperio de los zares ni la Unión Soviética lograron, que Turquía se posicione (por lo menos por el momento) del lado ruso. Las implicancias geopolíticas de lo sucedido no son menores.

En el caso chino, la iniciativa de la nueva Ruta de la Seda, el conjunto de proyectos de infraestructura de transporte multimodal, no solo vinculará a China con la península europea sino que rediseñará los flujos de comercio que se conformarán en base al mercado chino. La influencia comercial y financiera seguramente se traducirá en influencia política en un futuro no muy lejano. Pekín llegará para quedarse.

Como puede verse no solo estamos discutiendo los alcances del programa nuclear iraní sino la estructura del orden regional de Medio Oriente, la posición de los actores extra regionales ante el mismo y los mecanismos de reordenamiento.

Desde Hispanoamérica, entender cuáles son las modificaciones que están teniendo lugar en regiones como Medio Oriente resulta esencial. No es una curiosidad académica, es una necesidad. 

No podemos pensar en actuar en el sistema internacional sin tener un “mapa actualizado”. Los riesgos de interactuar en un mundo que pertenece al pasado son inmensos. Los errores que cometen las elites dirigentes los pagan los pueblos.

Fuente: La Mañana (Uruguay)

(*) Profesor protitular de la Universidad Católica Argentina (UCA) donde dirige el Programa Ejecutivo en Medio Oriente contemporáneo.

(**) Las opiniones acá contenidas no representan el pensamiento de todos los miembros del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios Sobre Israel y Medio Oriente.

¿Existe estrategia estadounidense en Medio Oriente?

Federico Martín Gaón

Entre los analistas está en boga preguntarse cuál es la estrategia de Estados Unidos en Medio Oriente, si es que acaso existe. Como vengo discutiendo en este espacio, desde la presidencia de Barack Obama se percibe que la hegemonía norteamericana en tierras árabes está terminando.

Esta impresión estriba en una serie de decisiones de alto nivel que mermaron la reputación de Washington para con sus aliados. A los efectos de sintetizar, entre otras cosas podría decirse que la retirada estadounidense de Irak facilitó la rápida expansión de la insurgencia yihadista, dando pie al llamado Estado Islámico (ISIS). Durante la Primavera Árabe, la Casa Blanca abandonó a su suerte a los autócratas amigos, dando lugar a un renacimiento islamista que, en Egipto, llevó a los hermanos musulmanes al poder. En cambio, Obama no mostró empeño por apoyar revueltas populares en países enemigos, so pena de contrariar al Gobierno iraní con el que finalmente acodó el pacto nuclear. Tampoco hizo valer las líneas rojas que él mismo estableció para amedrentar al régimen damasceno, posibilitando que los rusos intervinieran Siria sin miedo a retaliaciones.

Indistintamente de si estas políticas constituyen errores o aciertos, la presidencia de Donald Trump parece seguir transitando por esta ruta. Más allá de una postura dura contra Irán, el mandatario anunció la retirada de un número reducido mas no obstante significante de tropas en Siria, ofreciendo concesiones gratuitas a rusos e iraníes. Si existe una estrategia estadounidense, esta podría describirse como un desentendimiento orquestado de Medio Oriente. Para los críticos, la ambigüedad distintiva del presidente habla más bien de un enajenamiento improvisado, sugiriendo que –si bien Estados Unidos está retirándose de dicha región– no sabe cómo hacerlo de forma ordenada y sin causar embrollos.

Esta es la disyuntiva que plantea la revista Mosaic a lo largo de cinco artículos publicados en enero y planteados con el formato de un debate. ¿Tiene Estados Unidos un plan para Medio Oriente?

Existe una estrategia: retirarse de Medio Oriente sin contrariar a los aliados es viable

Michael Doran introduce la cuestión argumentando la existencia de una estrategia racional de retirada que viene siendo ejecutada desde los tiempos de Obama. Se refiere a ella como “doctrina [Sarah] Palin”, en referencia a un postulado lacónico articulado por la antigua gobernadora de Alaska y excandidata a vicepresidente. En 2013, la republicana dijo tener la solución al problema de la conflagración siria, afirmando que lo mejor es “dejar que Alá lo resuelva”. Doran argumenta que, pese a diferencias políticas, tanto Obama como Trump han adoptado la creencia aislacionista de que las botas estadounidenses no contribuirán a la paz o a la seguridad de Medio Oriente, y que por tanto las opciones militares son una carga innecesaria en el tesoro nacional.

Para Doran, miembro del Hudson Institute, los marcados contrastes de estilo entre el demócrata y su sucesor republicano son un asunto secundario. En este sentido, poco importa que Obama diera la imagen de ser más sobrio y ordenado al llevar a cabo sus decisiones. Lo que sí vale, por otra parte, son las convicciones subyacentes entre uno y otro presidente. Aunque ambos líderes creen en la inutilidad de invertir recursos castrenses en una región tan convulsionada, Obama hipotetizaba que los históricos aliados de Washington no han hecho otra cosa salvo provocar conflicto y embarrar el escenario. Doran sugiere que Trump, en cambio, intenta ejecutar esta retirada sin contrariar innecesariamente a sus aliados históricos, mitigando así el impacto a la Casa Blanca.

Doran argumenta que Estados Unidos puede retener su influencia a través de sus aliados, por lo que debe empoderarlos y velar por sus intereses en el plano internacional. Identifica a Israel, Arabia Saudita y Turquía como los tres principales amigos de Washington capaces de hacer frente a tres problemas fundamentales en la región: las zonas o Estados fallidos como Siria y Yemen, los grupos terroristas o yihadistas sunitas, y finalmente las milicias chiitas vinculadas a Irán. Según esta mirada, con Obama Estados Unidos falló en avanzar una solución para estos problemas porque no hizo cosa relevante que no causara distancia con sus tres mejores aliados. Sucintamente hablando, el demócrata se peleó con los israelíes y los sauditas por su acercamiento a Irán, y se ganó el oprobio de Turquía por su asistencia a las fuerzas kurdas (YPG, SDF), empujando a Ankara a la órbita de influencia rusa.

El autor ilustra esta diferencia haciendo analogía a una mesa de negociaciones. Obama entendió Medio Oriente como si fuera una mesa redonda, en donde Irán y Rusia tenían un rol protagónico como pares de Estados Unidos. Obama creía que rusos e iraníes tenían ambiciones puramente defensivas y que las palabras duras eran solo eso: palabras; a lo sumo utilizadas para expresar frustración por la falta de legitimidad y seguridad en la arena internacional. Coincido con Doran al indicar que esta noción errada permitió a Teherán llevarse concesiones gratuitas, expandiendo sus operaciones militares en Irak, Siria y Yemen, haciendo de Medio Oriente un lugar más impredecible; socavando la imagen de Estados Unidos como un aliado confiable.

 

La concepción de Trump entiende a Medio Oriente como si fuera una mesa rectangular. En un lado están los norteamericanos y sus aliados tradicionales. En el otro, adversarios como Rusia, Irán, las milicias chiitas y los terroristas sunitas. Bajo este esquema, Estados Unidos tiene el desafió de elevar la capacidad de negociación y disuasión de sus amigos, a la par que debe mediar entre sus peleas internas

En definitiva, Doran sostiene que la única opción viable es utilizar este enfoque, acaso una visión pragmática o realista que hace a una estrategia coherente. Trump debe por tanto apoyar y aprovechar la capacidad de sus aliados para contener a los adversarios de Estados Unidos.

No existe una estrategia: un sistema de seguridad sin el componente militar es inviable

El primer comentario al artículo de Michael Doran lo hace Elliot Abrams, un prominente neoconservador que sirviera como asistente y consejero en las administraciones de Ronald Reagan, George W. Bush y Trump. (Recientemente ha sido nombrado Representante Especial para Venezuela). Para Abrams, la premisa fundamental que introduce Doran está errada. Es muy difícil sino imposible desentenderse militarmente de Medio Oriente y sin embargo velar por los intereses de los aliados, especialmente a la hora de contener a Rusia e Irán.

Abrams argumenta que para construir un sistema de seguridad es necesario ensuciarse las manos. No alcanza con facilitar inteligencia y armamento a los aliados. Si lo que se busca es disuadir a los enemigos y garantizar un orden regional favorable, inevitablemente hay que colocar fichas en el campo de juego. Esto no significa dar luz verde a una invasión a gran escala, o a la presencia indeterminada de grandes contingentes. Más bien, el veterano funcionario apunta a la necesidad de preservar la presencia de tropas en puntos vitales. Critica así –y creo que con justa razón– el impulso del presidente por evacuar a los 2.000 soldados asentados en Siria, decisión que le costó al comandante en jefe la renuncia de James Mattis, el hasta hace poco Secretario de Defensa, y el evidente malestar de John Bolton, el Consejo de Seguridad Nacional.

Tal como marca Abrams, existe consenso bipartisano acerca de la importancia de mantener números reducidos de tropas en Medio Oriente para prevenir mayor infiltración iraní, yihadista, o dar lugar a injerencia rusa: precisamente los problemas principales que Doran identifica. Por esta razón, Abrams duda de que Trump tenga la claridad que describe su contraparte cuando ilustra la mesa rectangular.

Para este autor, las decisiones de los últimos dos años reflejan el auge y decadencia de los múltiples personajes que tuvieron protagonismo en el proceso de toma de decisiones. El caso es visible con los constantes cambios de gabinete en la administración Trump. Desde este punto de vista, Doran interpreta una estrategia coherente para Medio Oriente en donde no la hay. Abrams asegura que la posición anterior es demasiado optimista, prometiendo falsamente resultados rápidos y baratos evitando el inevitable componente militar. La mejor apuesta, posiciona en cambio, consiste en exigir un liderazgo que entienda que no hay sistema defensivo sin la dimensión castrense y sin un involucramiento activo en los asuntos que competen a los intereses de seguridad nacional y a las metas de los aliados.

Estrategia o no: en Medio Oriente Estados Unidos es crónicamente inconsistente

Martin Kramer, historiador de Medio Oriente, interviene en segundo lugar. Kramer comienza por cuestionar la consistencia de Michael Doran, notando que antes de que Trump anunciara en diciembre que traería a los soldados en Siria a casa, el intelectual se mostraba en contra de tal medida. Efectivamente, hasta el año pasado Doran argumentaba que Washington tenía que sancionar una presencia permanente en Siria para evitar que Irán tenga acceso terrestre para aprovisionar a sus aliados desde Irak y a través del noreste sirio. Incluso llegó a recomendar el establecimiento de una base en el medio del país, situada en el valle de Éufrates, bajo la premisa de que esto contrarrestaría la influencia de Rusia.

Apoyándose en estas contradicciones, Kramer duda que la estrategia que Doran identifica tenga sentido o asegure tranquilidad a largo plazo. Según expone, dejar el vecindario árabe a la buena de Rusia e Irán es un riesgo elevado como para ser desdeñado. Cualquier garantía que Washington le ofrezca a sus aliados –como cancelar el plan nuclear con Irán, comprometerse a no apoyar a las fuerzas kurdas, o trasladar la embajada norteamericana a Jerusalén– difícilmente podrá servir de compensación por una geopolítica que los aliados interpretan como adversa y duradera.

Es imposible saber que actitud tomarán los sucesores de Trump cuando se enciendan las alarmas y los aliados pretendan cobrar la póliza de seguros ofrecida directa o indirectamente por el actual inquilino de la Casa Blanca. El rechazo de Trump al acuerdo nuclear pactado por Obama muestra que en el traspaso de poder no hay cauciones que aseguren que un presidente entrante respete lo que dijo su predecesor.

Sin embargo, Kramer piensa también que los aliados de Estados Unidos sobredimensionan muchos de los riesgos existentes en Medio Oriente. Duda de que Siria se vaya a convertir en un bastión iraní (yo también lo hago) a partir de la retirada de las tropas norteamericanas, pero así todo reconoce que dichas acciones son un golpe a la reputación y credibilidad de su país.

Ahora bien, el argumento que el autor quiere introducir tiene que ver con la reflexión que permite la perspectiva histórica. Tal y como Doran se muestra inconsistente, Estados Unidos es crónicamente ambivalente y contradictorio en su accionar en Medio Oriente, siendo rehén de la coyuntura internacional y las diferencias ideológicas entre republicanos y demócratas a lo largo del tiempo; problemas propios de cualquier potencia que además sea democrática. No por poco, consciente de esta inconsistencia recurrente, el liderazgo israelí está intentando capitalizar la pérdida de influencia estadounidense acercándose a sus vecinos y forjando un entendimiento con Rusia. (Recomiendo el magistral libro de Dennis Ross, Doomed to Succeed: The U.S.-Israel Relationship from Truman to Obama, que da cuenta de dichas inconsistencias norteamericanas a lo largo de las décadas).

No hay estrategia: tampoco aliados necesariamente confiables y permanentes

Steven A. Cook, miembro del Council on Foreign Relations, escribe la cuarta respuesta. Cook vuelve a la noción de una geopolítica adversa, coincidiendo en que los aliados de Estados Unidos recibirán con escepticismo cualquier consuelo que Washington pueda dispensar para mitigar el impacto de su aislacionismo. Como es el caso de la relación entre Israel y Rusia, esta coyuntura llevará a los tradicionales aliados a tomar cartas en el asunto y procurar la consecución de sus propios intereses, aún si deben contrariar las preferencias de Estados Unidos.

Esto puede ser dañino para la estrategia que Doran concibe. Para ilustrar, el autor se vale del caso de Arabia Saudita. Dejando de lado el asesinato (geopolíticamente incorrecto) del periodista Jamal Khashoggi en octubre del año pasado, Cook argumenta que los sauditas han actuado irresponsablemente en asuntos de elevada trascendencia, complicando y atentando contra el orden que Estados Unidos quisiera establecer. En otras palabras, aunque los aliados son en definitiva aliados, sin la supervisión que solo la presencia activa de la primera potencia mundial puede dar, el comportamiento de países amigos puede convertirse en un lastre y en un dolor de cabeza para la diplomacia estadounidense.

Cita por ejemplo la renuncia forzada que Riad le impuso al primer ministro libanés, Saad Hariri, en noviembre de 2017, por no ser lo suficientemente vocal en su oposición a Irán. Pero el tiro salió por la culata, pues los analistas coinciden en que el incidente fortaleció el agarre de Hezbollah en el país de los cedros. También cita el bloqueo saudita de Qatar en junio de ese mismo año, una medida que no ha tenido éxito en obligar a Doha a alejarse de Irán, creando una fractura en los países sunitas del Golfo; retrasando los esfuerzos norteamericanos por limitar la influencia iraní. Finalmente, Cook hace un análisis parecido en relación con la intervención sunita en la guerra civil en Yemen.

Por otro lado, el autor hace un balance más negativo de Turquía, cuestionando su papel como uno de los principales amigos de Estados Unidos en la región. Es una crítica similar a la que esbocé al abordar la membrecía de Turquía en la OTAN. Cook evoca la identidad islamista del Gobierno turco y menciona una medida afinidad entre Ankara y Teherán, incluyendo gestiones para ayudar a Irán a evadir sanciones internacionales. Asimismo, ataca el postulado de Doran de que Estados Unidos enojó sin necesidad a Recep Tayyip Erdogan al apoyar a los grupos kurdos que combatían al ISIS. Cook marca correctamente que Ankara fue reticente (algunos dirían cómplice) a enfrentarse a los yihadistas, siendo que no quería terminar por fortalecer a la resistencia kurda, especialmente tan cerca de la frontera turca. Visto así, el autor marca que Obama acudió a los kurdos solo después de que los turcos se rehusaran a ayudar en la lucha contra el califato.

 

Para Cook es evidente que es necesario replantear un sistema de seguridad sin Turquía, y la estrategia que Washington adopte tiene que prever que sus amigos de la vieja guardia kemalista ya se han jubilado, dando lugar a una nueva élite profundamente antiestadounidense. Por ello, el analista encuentra paradójico que Doran critique a Obama por poner a los adversarios en una posición de igualdad en la mesa redonda, y empero defienda la necesidad de apoyar a Turquía, un peso pesado que cuestiona con ahínco a Occidente.

Offshore balancing: un sistema de seguridad a lo Guerra Fría

Volviendo a las premisas, en los debates que plantea Mosaic el primer colaborador siempre tiene la oportunidad de responder las críticas de sus colegas. En este caso, Michael Doran revindica lo siguiente: pese al carácter imprevisible o desatinado del presidente, bajo su liderazgo Estados Unidos mantiene coherencia en cinco puntos principales.

Primero, la aversión por desplegar tropas en el terreno. Segundo, la determinación no obstante de utilizar la fuerza en ocasiones puntuales para intimidad a los adversarios. Tercero, su disposición mucho más favorable hacia los aliados que la que mostraba Obama. Cuarto, rechaza la anticuada noción izquierdista de que el conflicto israelí-palestino es la dinámica central del conflicto en Medio Oriente. Quinto, es muy hostil a Irán y consciente del riesgo que presentan sus ambiciones.

Concluye por consiguiente que, si la administración Trump produce caos, entonces se trata de un caos con una forma por lo pronto positiva. Asegura que no hay que sobredimensionar el riesgo que supone la retirada de tropas de Siria, y sostiene que durante la Guerra Fría Estados Unidos trabajó con sus aliados sin desplegar contingentes para no provocar a la Unión Soviética. Este es el sistema de seguridad que propone Doran: que los aliados persigan sus intereses, tomando en cuenta las preferencias norteamericanas a contraprestación de armamento, dinero y apoyo diplomático.

Sobre las aparentes contradicciones que subraya Martin Kramer, Doran se defiende admitiendo que, como perdió el debate, es momento de move on y seguir adelante. Ahora que la retirada de tropas se vuelve una realidad, es momento de abandonar las críticas y esbozar nuevos argumentos constructivos para refinar la estrategia de seguridad en Medio Oriente.

En cuanto a Turquía, a razón de los postulados de Steven Cook, Doran opina que su colega exagera el grado de amistad entre Ankara y Teherán, aludiendo a rivalidades geopolíticas históricas, incluyendo la actual tensión entre ambas capitales sobre la legitimidad del Gobierno de Bashar al-Assad. Y en defensa de Arabia Saudita, Doran cree que las políticas de Riad, aunque tal vez excesivas en su antiiranismo, no dejan de ser positivas para los objetivos estadounidenses. Para él, sus colegas exponen argumentos liberales, idealistas, ponderando consideraciones morales en donde no debería haberlas.

Tener valores en común no es prerrequisito para formar una alianza dentro de un sistema de seguridad. Lisa y llanamente, define que Washington necesita ser servicial a Turquía y perdonar los excesos de Arabia Saudita a los efectos de contrarrestar el orden estratégico que busca Irán. Este es un argumento muy parecido al que realizan los reconocidos teóricos realistas John Mearsheimer y Stephen Walt al hablar de offshore balancing, concibiendo a Estados Unidos como un “equilibrador a distancia”. Esta concepción propone utilizar a los aliados para dirimir la influencia de los poderes rivales, y solo intervenir militarmente cuando no quede otra salida.

En mis artículos suelo indicar que Estados Unidos parece no tener estrategia en Medio Oriente. El debate que ofrece Mosaic reafirma esta percepción. Las medidas contradictorias entre una administración y la siguiente hablan de visiones contrapuestas que a veces pueden confundirse como improvisación o desinterés. Haya estrategia o no, lo cierto es que Washington no tiene una política clara para con todas las partes involucradas. A mi criterio esto es grave. Para bien o para mal, las percepciones ocupan un papel central en las relaciones internacionales e influyen en el comportamiento de los Estados, tanto aliados como enemigos.

En mi opinión, el desentendimiento de los norteamericanos con Medio Oriente, orquestado o no, arriesga dar impresiones equivocadas. Por eso, de momento creo que el principal desafío de Estados Unidos en la materia consiste en encontrar un balancear entre políticas contradictorias, y reafirmar el tipo de equilibrio por el cual quisiera velar.

Fuente: https://federicogaon.com

Erdogan, Trump y el asesinato de Khashoggi

Bulent Aliriza, Director y Asociado Senior, Proyecto Turquía

El periodista disidente saudí Jamal Khashoggi fue nombrado póstumamente «Persona del Año» de Time junto con otros cuatro periodistas, por «correr grandes riesgos en busca de verdades más grandes» el 11 de diciembre. El terrible destino de Khashoggi, que pagó el precio final en el consulado de Arabia Saudita en Estambul el 2 de octubre a manos de 15 agentes que habían llegado de Riad el día anterior, no solo provocaron una tormenta mundial de indignación sino que también pusieron en marcha una gran táctica diplomática del presidente Recep Tayyip Erdogan en la búsqueda de una serie de objetivos relacionados que involucran al presidente Donald Trump e impactan las relaciones entre Estados Unidos y Turquía.

El objetivo principal de Erdogan era vincular de manera efectiva e irrevocable la desaparición y el asesinato de Khashoggi a Arabia Saudita y, sin nombrarlo directamente, Mohammad bin Salman (MBS), el príncipe heredero y gobernante de facto de Arabia Saudita, que se había elevado a un obstáculo para Los cálculos regionales de Turquía a través de su identificación pública de Turquía bajo el liderazgo de Erdogan como «una amenaza importante en la región junto con Irán», así como su bloqueo en curso de Qatar. Su siguiente objetivo era tratar de forzar a la administración de Trump, que había estado respaldando a MBS sin ninguna reserva aparente antes del asesinato como socio clave en sus planes de Medio Oriente, para revisar su relación con él. A falta de un apalancamiento directo significativo sobre Riyadh,

Al mismo tiempo, Erdogan deseaba utilizar la interacción en este tema con Washington para mejorar su relación con Trump, que había sido sacudida por el encarcelamiento del Pastor Andrew Brunson en Turquía y las sanciones asociadas de los Estados Unidos para lograr su liberación, así como por el la continua ausencia de progreso en los temas, que han dividido por mucho tiempo a los dos países, como el estancamiento de la extradición de Fethullah Gulen, el compromiso del Pentágono con el YPG kurdo sirio y el caso Halkbank. Por último, pero no menos importante, Erdogan esperaba aprovechar la vigorosa defensa de Turquía por la justicia en el horrible crimen contra un periodista en territorio turco para intentar revertir el flujo negativo de noticias relacionadas con el historial de Turquía en materia de libertad de prensa.

El núcleo de la estrategia fue una serie diaria de filtraciones por parte de funcionarios anónimos a corresponsales con sede en Estambul, especialmente periodistas estadounidenses, para garantizar que el tema permaneciera en los titulares mientras se destruyen los intentos de Arabia Saudita de negar el asesinato. El 23 de octubre, Erdogan intensificó personalmente la campaña en un discurso en la Gran Asamblea Nacional de Turquía en el que pidió a Arabia Saudita que «dejara al descubierto a todos los perpetradores de arriba abajo y los hiciera responsables ante la ley» y que el «equipo de ejecución» Ser extraditado a Turquía. El costado de Erdogan fue seguido el 31 de octubre por una acusación formal emitida por un fiscal de Estambul, que acusó tras extensas investigaciones que el cuerpo de Khashoggi «fue desmembrado y destruido después de su muerte por asfixia … de acuerdo con los planes hechos de antemano.

A pesar de la evidencia aparentemente irrefutable que se está divulgando, Erdogan decidió no solo abstenerse de nombrar a MBS como el instigador del crimen, sino también a mantener el contacto con Arabia Saudita durante todo el mes. Esto incluyó una reunión con el emisario de Salman, el príncipe Khalid bin Faisal, el 11 de octubre, durante la cual, según el New York Times.el 22 de octubre, citando a una fuente turca anónima «cercana a Erdogan», ofreció ayuda financiera e inversión y puso fin al bloqueo de Arabia Saudita en Qatar a cambio de que Turquía retirara el caso Khashoggi, una oferta que Erdogan rechazó «enojado». como un «soborno político»: dos conversaciones telefónicas entre Erdogan y el Rey Salman el 14 de octubre y el 20 de octubre, seguidas de una con el propio MBS el 24 de octubre, así como conversaciones infructuosas en el contexto de un Grupo de Trabajo conjunto acordado con el Fiscal saudí General en Estambul del 29 al 30 de octubre. Sin embargo, está claro que, como lo demostró su profundo respeto por Salman y el énfasis en la importancia de la relación turco-saudí en su discurso del 23 de octubre, la ofensiva de Erdogan contra MBS se basó principalmente en tratar de persuadir a Trump para que lo presionara.

El 15 de octubre, Trump manifestó públicamente que estaba consciente de la vigorosa campaña mediática emprendida por Erdogan sobre este tema al comentar que «Turquía estaba siendo muy dura, muy dura». Luego instruyó al Secretario de Estado Mike Pompeo para que discutiera el caso con Erdogan en Estambul. el 17 de octubre, cuando regresaba de una reunión con MBS en Riyadh. Es interesante observar que la NBC informó el 15 de noviembre, citando a numerosos funcionarios estadounidenses, que Erdogan había usado la reunión para presionar nuevamente a Pompeo por la extradición de Gulen. Luego, los dos líderes hablaron por teléfono el 21 de octubre y, de acuerdo con la lectura de la Casa Blanca, estuvieron de acuerdo en «la necesidad de aclarar el incidente de Jamal Khashoggi con todos sus aspectos». Esto fue seguido por la visita de la Directora de la CIA a Turquía, Turquía, El 23 de octubre, que, a diferencia de la de Pompeo,

El 2 de noviembre, Erdogan intentó aumentar la presión doméstica sobre Trump a través del Washington Post.con la que Khashoggi se afilió como columnista. En un artículo de opinión, preguntó: “¿Dónde está el cuerpo de Khashoggi? ¿Dónde está el «colaborador local» a quien los funcionarios sauditas afirmaron haber entregado los restos de Khashogui? ¿Quién dio la orden de matar a esta amable alma? «Continuó:» Desafortunadamente, las autoridades sauditas se han negado a responder esas preguntas. . . Sabemos que la orden de matar a Khashoggi vino de los niveles más altos del gobierno saudí. Algunos parecen esperar que este «problema» desaparezca a tiempo. Pero seguiremos haciendo esas preguntas. . . Como miembros responsables de la comunidad internacional, debemos revelar las identidades de los maestros títeres detrás del asesinato de Khashoggi y descubrir a aquellos en los que los funcionarios sauditas, que aún intentan encubrir el asesinato, han depositado su confianza «.

Sin embargo, a pesar de la evidencia presentada por Ankara y su esfuerzo sostenido de los medios, la administración de Trump no rompió con MBS como Erdogan había esperado. Pompeo declaró el 1 de noviembre que Estados Unidos tenía «relaciones comerciales importantes, relaciones estratégicas importantes, relaciones de seguridad nacional con el Reino de Arabia Saudita, y tenemos la intención de asegurarnos de que esas relaciones permanezcan intactas». Tras el anuncio del fiscal público saudí de que buscaría la pena de muerte para 5 de los 11 acusados ​​de asesinato por Khashoggi, un movimiento descrito por la mayoría de los forasteros como un encubrimiento, el Departamento de Estado anunció de inmediato sanciones simbólicas el 15 de noviembre contra 17 saudíes por sus supuestos roles. Después de sus reuniones con el asesor de seguridad nacional John Bolton y Pompeo en Washington el 20 de noviembre, donde se discutió el caso Khashoggi, El ministro de Relaciones Exteriores turco, Mevlut Cavusoglu, expresó su decepción pública por la posición de Estados Unidos. Dijo: “Muchos países no quieren dañar sus relaciones con Arabia Saudita debido al asesinato de Khashoggi. Nosotros tampoco. Sin embargo, el asesinato debe ser descubierto.

Incluso después de que fue reportado el 16 de noviembre por el Washington Postque la CIA había llegado a la conclusión independiente de que MBS había ordenado el asesinato, una declaración de la Casa Blanca con el estilo inimitable de Trump reafirmó el 20 de noviembre que Estados Unidos continuaría respaldando a MBS. Decía: “El rey Salman y el príncipe heredero Mohammad bin Salman niegan enérgicamente cualquier conocimiento de la planificación o ejecución del asesinato del Sr. Khashoggi. Nuestras agencias de inteligencia continúan evaluando toda la información, pero es muy posible que el Príncipe Heredero haya tenido conocimiento de este trágico evento, ¡tal vez lo hizo y quizás no! Dicho esto, es posible que nunca sepamos todos los hechos relacionados con el asesinato del Sr. Jamal Khashoggi. En cualquier caso, nuestra relación es con el Reino de Arabia Saudita. Han sido un gran aliado en nuestra muy importante lucha contra Irán.

El 22 de noviembre, Trump restó importancia al informe de la CIA diciendo: «No sé si alguien podrá concluir que el príncipe heredero lo hizo». Pero si lo hizo o no, lo niega con vehemencia. «La CIA no dice que lo hicieron, sí señalan ciertas cosas y al señalar aquellas cosas en las que puede llegar a la conclusión de que tal vez lo hizo o quizás no». Cavusoglu, quien acababa de regresar a Turquía, respondió directamente a los comentarios. el 23 de noviembre diciendo: «Las declaraciones de Trump equivalen a que él diga ‘Voy a hacer la vista gorda, pase lo que pase’. Este no es un enfoque correcto. El dinero no lo es todo. No debemos alejarnos de los valores humanos ”.

El continuo rechazo de Trump a actuar fue confirmado por el secretario de defensa Jim Mattis y Pompeo en una audiencia cerrada en el Senado el 28 de noviembre. Luego, Pompeo advirtió que «degradar los lazos con Arabia Saudita sería un grave error para la seguridad nacional de los EE. UU. aliados El Reino es una fuerza poderosa para la estabilidad en un Medio Oriente que de otra manera estaría cargado ”. Mattis agregó:“ Debo notar que rara vez somos libres de trabajar con socios impecables. . . Arabia Saudita, debido a la geografía y la amenaza iraní, es fundamental para mantener la seguridad regional e israelí y para nuestro interés en la estabilidad del Medio Oriente. «Pompeo subrayó aún más la posición del gobierno en una entrevista televisiva el 1 de diciembre diciendo:» He leído cada pieza de inteligencia que está en posesión del gobierno de los Estados Unidos. . . No hay evidencia directa que lo vincule [MBS] con el asesinato de Jamal Khashoggi. . . Son una relación que ha importado durante 70 años en las administraciones republicana y demócrata por igual. Sigue siendo una relación importante, y nuestro objetivo es mantener esa relación «.

Haspel, quien al parecer no fue admitido por la Casa Blanca para unirse a la sesión informativa del 28 de noviembre, ofreció una sesión informativa especial por separado al Senado el 4 de diciembre, lo que llevó a un número limitado de participantes a declarar después que confirmó la participación directa de MBS así como su inclinación a apoyar la posible acción del Congreso. Es posible que Haspel también haya contribuido a facilitar una visita inusual y no anunciada al Senado el 7 de diciembre por parte de su homólogo turco, Hakan Fidan, uno de los colaboradores más cercanos de Erdogan, que, según un informe de Reuters del mismo día que cita cinco fuentes, incluyó una reiteración de El caso turco sobre el asesinato de Khashoggi.

Sin embargo, no habría ningún cambio en la posición de Trump. El 10 de diciembre, el yerno y consejero principal de Trump, Jared Kushner, identificado durante mucho tiempo como el contacto más cercano de MBS en el gobierno de los Estados Unidos, dijo que el enfoque de la administración se había alejado del caso Khashoggi. Dijo: «Estamos concentrados ahora en la región más amplia, que es de esperar que descubramos cómo llegar a un acuerdo entre los israelíes y los palestinos». Cuando se le preguntó si quedarse con Arabia Saudita significaba quedarse en MBS el 11 de diciembre, Trump dijo: «Bueno, en este momento, ciertamente lo hace. Él es el líder de Arabia Saudita. Han sido un muy buen aliado «. Agregó:» Realmente espero que la gente no sugiera que no deberíamos tomar cientos de miles de millones de dólares que van a llevar a Rusia y China, principalmente a aquellos dos, En lugar de dárnoslo. Estás hablando de cientos de miles de trabajos. Estás hablando de enormes contratos militares y de otro tipo «.

Hay pocas dudas de que el deseo de Trump de continuar confiando en MBS para lograr el objetivo de implementar el plan de paz de Medio Oriente desde el exterior en Kushner se ha estado desarrollando durante casi dos años; Mantener una alta producción saudí para mantener bajos los precios del petróleo, especialmente cuando el petróleo iraní está siendo sancionado por los Estados Unidos y se enfrenta a Irán en toda la región, junto con las ventas de armas proyectadas de los Estados Unidos a Arabia Saudita, cuyo valor ha sido invariablemente exagerado. por Trump en todas sus declaraciones sobre Khashoggi, han bloqueado el objetivo de Erdogan de abrir una cuña entre los dos países. Al sentirse envalentonado por el apoyo del gobierno de Trump, Arabia Saudita rechazó la solicitud de extradición de Turquía para los involucrados en el asesinato de Khashoggi el 10 de diciembre.

A medida que el asesinato de Khashoggi desaparece de las primeras páginas, también está cediendo su posición prominente en la agenda de la relación bilateral entre Estados Unidos y Turquía. Si bien es difícil determinar con precisión el impacto en las relaciones, es seguro decir que la decepción de Erdogan por la obstinada renuencia de Trump a actuar contra el MBS se corresponde con la decepción recíproca de Trump en Erdogan por tratar un problema con el que nunca quiso tratar tal determinación Sin duda, Turquía disfrutó de la cobertura de prensa inusualmente positiva que recibió en los EE. UU. Al defender la necesidad de tomar medidas contra el instigador y contra los autores del asesinato de Khashoggi. Sin embargo, como el interés de los Estados Unidos.

Bulent Aliriza es un asociado senior y director del Proyecto Turquía en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, DC.

Fuente: CSIS | Center for Strategic & International Studies

Turquía: el canario en la mina de la economía euroasiática

Bryan Acuña Obando

La situación política y económica de la República de Turquía hace temblar a los principales mercados del mundo, principalmente a las denominadas economías emergentes. La inflación del país ya alcanza la escandalosa cifra del 15%, una política fiscal expansionista disparando el gasto público, una depreciación de la moneda del 40% frente al dólar (moneda de reserva).

A esto se suma además una crisis política por la reelección del presidente Erdogan, quien además generó un cambio político en el país para migrarlo a un sistema presidencialista (casi “Sultanezco”) con acusaciones de nepotismo al instalar a su yerno como ministro de finanzas, sumado a diferencias con el gobierno de los Estados Unidos por una guerra arancelaria y además una política después de la detención de un predicador cristiano estadounidense Andrew Brunson que quieren canjear por el opositor al régimen erdoganista, el también predicador (musulmán) Fethullah Gülen.

Pero en materia económica para Turquía, los problemas comenzaron con la expansión cultural y económica, en un intento de forjar una nueva posición geopolítica y una política exterior imperialista que chocó contra la falta de recursos energéticos internos y una burbuja crediticia que terminó alentando la especulación como lo deja entrever un artículo publicado el 20 de agosto Asia News.

El efecto directo de la caída de la lira turca ha impactado en economías emergentes y ha empujado hacia la baja los precios de otras monedas, tales han sido los casos del peso argentino, la rupia india, el rand sudafricano y hasta el real brasileño. De igual forma los impactos han llegado hasta mercados un tanto más fuertes como ha sido el caso del yuan chino y en los mercados indonesios donde han tenido en los últimos días que aumentar las tasas de interés para aplacar la especulación.

Pese a que países como Rusia, Irán, Siria y Qatar – conformados como una especie de nuevo eje euroasiático de relaciones funcionales – han intentado salvar a su “aliado” turco, a través de la inyección de capital o de compra de reservas en liras, el gobierno de Ankara tiene un escandaloso déficit complejo de cubrir. Considerando que poseen una deuda de más de $450 mil millones, contemplando que la mayoría es a corto plazo y que están a punto de vencer otros $180 mil millones. Según el mismo informe del rotativo asiático mencionado previamente, los turcos deben cubrir en cuestión de un año una deuda de $230 mil millones producto de la factura de gas y petróleo, y cuentan solamente con una reserva de $40 mil millones. A esto se le suma un profundo analfabetismo económico del presidente Erdogan que en vez de buscar salidas, empuja aún más al país hacia una hiperinflación que, como ya fue mencionado, espanta a propios y extraños en la región.

La Unión Europea, conociendo la cantidad de capital que los bancos turcos adeudan con ellos y que representa uno de los principales mercados de manufacturas, temen que una escalada en el descalabro financiero turco les pueda generar una desaceleración económica y comercial. A lo anterior se suma que se prevé un eventual contagio indirecto (o quizás muy directo) en su sistema bancario, debido al involucramiento de bancos italianos con homólogos turcos en condición de vulnerabilidad.

Pero sin duda un efecto que se obvia cuando se habla de la crisis turca, es lo que a nivel estratégico esto pueda ocasionar. Con una Turquía cada vez más vulnerable, se debe tener en consideración primero que este país es la “barrera natural” que ayuda a evitar que las crisis de Oriente Próximo lleguen a Europa a través de Grecia o Bulgaria. También por otra parte, la presencia importante de este país muy cerca de las regiones del Cáucaso; región rica en recursos estratégicos, donde la región turca es una ruta de salida fundamental para algunos de estos, tal es el caso del gas natural proveniente de Azerbaiyán.

Y por último en cuanto a este repaso estratégico, el gobierno del presidente Erdogan se aleja cada vez más de algunos gobiernos occidentales para optar por alianzas emergentes (el eje funcional mencionado anteriormente y China), aunque este temor se ve minimizado contemplando su presencia necesaria en la OTAN y la dependencia que todavía tiene Turquía de los mercados occidentales.

Los alcances de la crisis turca seguirán siendo un elemento de estudio en los próximos días. La resaca que cause su deterioro se verá de manifiesto casi de inmediato en los mercados emergentes y cercanos de la zona, y las soluciones seguirán apareciendo como una necesidad sustancial de evitar que sea este el detonante de una hecatombe mayor.

Fuente: Aurora (Israel)

*Bryan Acuña Obando es Analista Internacional, profesor universitario y co-fundador del Centro Costarricense de Estudios Interdisciplinarios sobre Israel y Medio Oriente (CCEIIMO)