El ocaso del Sultán

Por David Castillo Fernández, Estudiante Relaciones Internacionales Universidad Internacional de las Américas

  • La arriesgada política internacional de Erdogan aumenta tensiones en una región convulsa como Medio Oriente.
  • Su estrategia le ha generado fuertes crispaciones con Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos.

Erdogan se ha convertido a lo largo de sus más de 15 años en la cúpula del Gobierno de Turquía en un líder incontestable dentro de la política interna del país. Dirigió un país con una consolidada estabilidad dentro de un régimen político parlamentario con el cargo de Primer Ministro desde el año 2003 cuando vence en las elecciones parlamentarias y posteriormente en el año 2014 se convierte en Presidente de la República, con lo que inicia un proceso de reforma constitucional para dar un mayor protagonismo a la Jefatura del Estado y convertirse en un sistema presidencialista, estas modificaciones fueron aprobadas en el año 2017, tanto en el parlamento como en referéndum.

            Ni siquiera el intento de Golpe de Estado perpetrado en el año 2016 debilitó su posición como hombre fuerte de Estado dentro de la estructura de Turquía, pero podría ser su estrategia agresiva de política exterior desarrollada en los últimos años en Medio Oriente y el Norte de África su perdición.     

            Turquía se ubica en un espacio de vital importancia geoestratégica, se encuentra en dos continentes, su ciudad más importante Estambul se encuentra en territorio europeo y el resto, la Península de Anatolia, se ubica en Asia. Además de ello, el Estrecho del Bósforo ubicado en su territorio, es el que une al Mar Negro con el Mediterráneo. Por lo que con estas decisiones en los últimos tiempos, ha generado importantes tensiones y dificultades en sus relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y países influyentes del Medio Oriente y el Norte de África.

            La Guerra Civil en Siria, país vecino de Turquía, dio una oportunidad a Erdogan de posicionar sus tropas en el límite entre ambos países y de atacar a uno de sus mayores enemigos, que es interno y externo, la población kurda. La fuerte represión dentro del mismo territorio turco y las constantes avanzadas dentro de territorio sirio para atacar a los bastiones kurdos que se enfrentaban en ese momento tanto al Gobierno de Al-Asad como al Estado Islámico.

            Estas intromisiones en el territorio kurdo han provocado una escalada de tensiones entre Erdogan y Putin que han parecido una montaña rusa en los últimos tiempos pero que están llegando a un punto álgido en este año, según lo anotado por el Diario El País de España, en nota del 12 de febrero titulada “La escalada en Siria tensa la relación entre Turquía y Rusia”, comenta lo siguiente, “Recep Tayyip Erdogan ha roto su moderación hacia Rusia. El presidente turco ha acusado este miércoles a Moscú de participar en la “masacre” de civiles junto a las fuerzas de Bachar el Asad en la provincia siria de Idlib y criticó las “promesas incumplidas” del Kremlin. Rusia respondió acusando a Turquía de no cumplir con los acuerdos destinados a contener las hostilidades en la volátil región y de agravar la situación. Una escalada de ásperos comentarios entre Ankara y Moscú, que hasta ahora han mantenido una alianza diplomática —aunque incómoda porque apoyan a bandos opuestos— para trazar las directrices de una eventual paz en Siria. Ahora, la relación se está agriando.”

            Y en los últimos días, el conflicto aumenta y Erdogan decide no solo mantenerse en Idlib, que es uno de los últimos bastiones de la oposición al Gobierno de Al-Asad, si no que ha aumentado su presencia militar en la ciudad, lo que ha tensionado aún más la frágil cuerda que sostiene la “alianza” entre Moscú y Ankara.

            Pero este no es el único flanco abierto del “Sultán”, el tema de los refugiados sirios que cuentan miles y que intentan desde hace años cruzar a las fronteras de la Unión Europea, llegando a Grecia, han provocado otra escalada de tensiones y amenazas, debido a que el Gobierno Turco asegura que ya no puede sostener a los refugiados e información a la que han accedido distintos medios de comunicación confirma que hasta las mismas autoridades turcas han impulsado a los refugiados a salir de su país. Esto pese a que el encargado de las relaciones internacionales de la UE, Josep Borrell confirma que desde 2016 existe un acuerdo migratorio entre ambos países que Turquía está incumpliendo.

            A los anteriores conflictos también se debe sumar otra intervención de Erdogan, ahora en el norte de África, específicamente en el conflicto interno de Libia, que ha provocado importantes tensiones con países como Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes que en esta situación cuentan con el aval de Rusia. Informaciones internacionales confirman un acercamiento entre la facción del Ejército de Liberación Nacional Libio de Haftar con el Gobierno Sirio de Al-Asad y también un llamado explícito de Haftar en apoyo al Gobierno de Grecia que está enfrentando el tema migratorio sirio.

            El liderazgo fuerte y retador de Erdogan le ha dado importantes réditos como mantenerse en la primera línea del gobierno turco por más de 15 años, pero su desgaste se percibe tanto en el aspecto nacional donde en las últimas elecciones municipales fue derrotado en las ciudades grandes resaltando Estambul, como en el ámbito internacional donde en los últimos años ha convertido a su país en un foco de conflictos y tensiones siendo una zona de contacto y conexión entre importantes partes del mundo (Europa, Rusia y Medio Oriente), por eso considero que si no hay un cambio de rumbo, de actitudes y comportamientos de ultraliderazgo personalista por parte de Erdogan, nos acercamos al ocaso del “Sultán” de Turquía.

El regreso del turquismo

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Por: Gökhan Bacık*

Poco más de una década antes de la desaparición del Imperio Otomano, el intelectual Yusuf Akçura argumentó que había tres ideologías alternativas que podrían unir el estado multiétnico y multirreligioso que se desvanece: el otomanismo, el islamismo y el turquismo.

Un concepto notablemente moderno, el otomanismo tenía como objetivo crear una nación a partir de los muchos grupos religiosos y étnicos del imperio, unidos bajo la bandera de la identidad otomana. 

Pero el principal problema con el otomanismo, como señaló Akçura, era que los turcos no aceptarían compartir el mismo estatus con los miembros de los otros grupos étnicos y religiosos que gobernaron durante siglos.

Más de un siglo después, el estado actual de la política en Turquía no es diferente.

Mustafa Kemal Atatürk intentó Turkificar la nueva República de Turquía que fundó en 1923, pero el proyecto se ha visto afectado por la inestabilidad. En particular, la minoría más grande del país, los kurdos, han seguido siendo socios infelices en el nuevo estado nación. 

El islamismo se ha convertido en otra fuente de oposición al proyecto kemalista. Tanto los kurdos como los islamistas demuestran el fracaso del proyecto kemalista. 

A pesar de sus reservas sobre el kemalismo, el partido gobernante de Turquía logró cierto éxito en su primera década en el poder desde 2002 al tratar de armonizar el islamismo con los valores kemalistas de la occidentalización. El Partido Justicia y Desarrollo fue un ferviente defensor de las reformas de la UE en esos años y fue elogiado por demostrar que el Islam y la democracia no eran incompatibles.

Pero los levantamientos de la Primavera Árabe de 2011 prácticamente destruyeron la marca AKP del islamismo, ya que no logró arraigarse en países de todo el Medio Oriente.

Turquía ha respondido haciendo un brusco giro en U y abrazando el turquismo. Una gran coalición de la élite, que incluye a islamistas y kemalistas, parece creer que la amenaza kurda requiere algún tipo de turquismo, tanto en política interna como exterior.

Partidos con ideologías tan diferentes como el Partido Popular Republicano secular (CHP) y el opositor islamista Felicity Party han abrazado el turquismo con la ofensiva militar turca en Siria este mes. La política se ha transformado en una competencia entre diferentes nacionalismos: nacionalismo de extrema derecha, nacionalismo kemalista y nacionalismo islamista.

El Partido Felicity, que normalmente aboga por el universalismo islamista, ha respaldado ardientemente la ofensiva militar turca contra los kurdos sirios. Los tuits del líder del Partido Felicity, Temel Karamollaoğlu, revelan que es primero un partido nacionalista antes que todo lo demás.

La incursión militar de Turquía en Siria contra los kurdos ha demostrado una vez más que el nacionalismo es el terreno compartido sobre el que se fundan los partidos turcos. Las características distintivas como el Islam o el secularismo están en segundo lugar.

El giro autoritario que Turquía ha tomado en los últimos años prácticamente ha aniquilado la dinámica histórica del occidentalismo, así como los elementos universalistas inspirados en el Islam dentro del AKP. El turquismo se destacó como la única alternativa a los gobernantes de la nueva Turquía.

Fuente: Ahval News

*Gökhan Bacık enseña ciencias políticas en la Universidad de Palacky. Sus intereses de investigación incluyen el Medio Oriente moderno, el Islam y la política, y la política turca.

Traducción CCEIIMO