La violencia comunitaria en Tejarcillos de Alajuelita – entrevista con Dennis P. Petri

¿A qué cree que obedece el aumento de la violencia en Tejarcillos de Alajuelita?

Tejarcillos de Alajuelita ha sido una comunidad vulnerable hace mucho tiempo, al igual que otras comunidades del Gran Área Metropolitana de Costa Rica como Los Guido o Los Cuadros.

Antes de contestar su pregunta, es importante recordar que existe una diferencia entre los indicadores objetivos de violencia y la percepción de la violencia que se genera principalmente a partir de los medios de comunicación. Muchos estudios demuestran que muchas veces, y particularmente en Costa Rica, la percepción sobre la violencia supera la violencia real. Esta situación se debe a dos cosas: la influencia de los medios de comunicación y el desconocimiento que tienen muchas personas sobre la realidad de comunidades violentas pero que nunca visitan. En otras palabras: los que le tienen más miedo a la violencia son también los que están menos expuestos a ella.

Habiendo dicho eso, es innegable que hay violencia en Tejarcillos de Alajuelita, y que hubo un aumento considerable de ella en las últimas semanas.

Es muy complejo identificar los factores de la violencia en Tejarcillos de Alajuelita. Propongo diferenciar entre factores estructurales y detonantes directos. Los factores estructurales son los factores sistémicos que generan un ambiente propicio al desarrollo de la violencia. Los detonantes directos son aquellos factores que pueden disparar la violencia en un momento determinado.

En cuanto a los factores estructurales, es importante subrayar que Costa Rica no tiene antecedentes históricos recientes de prolongada violencia como es el caso de Guatemala, Honduras o El Salvador. Por lo tanto no puede hablarse de una “normalización de la violencia” en Costa Rica como sería el caso en estos países.

¿Entonces por qué se da tanta violencia en ciertas comunidades de Costa Rica? A menudo se tiende a pensar que la pobreza es un factor importante de violencia, pero este argumento no tiene validez empírica. Hay comunidades más pobres que son menos violentas, y comunidades menos pobres que a veces son más violentas. A nivel centroamericano, vemos que el país más pobre es Nicaragua, pero no es el país más violento; más bien termina siendo un país relativamente seguro si lo comparamos con otros países de la región.

Los expertos en temas de seguridad consideran que tiene más influencia el contraste visible entre condiciones socio-económicas que la simple pobreza. Por eso es que en Nicaragua hay tan poca violencia: la pobreza es generalizada, y las diferencias socio-económicas no son muy visibles. El caso contrario es Brasil. Una imagen clásica son las favelas de Brasil: esos tugurios tienen vista directa sobre las mansiones y las piscinas de gente rica, y el contraste es muy visible. Es un factor muy importante del desarrollo de la violencia.

El contraste visible entre condiciones socio-económicas podría ser un factor en Tejarcillos de Alajuelita, pues es una comunidad cercana a ciudades muy prósperas del país como Escazú.

Mucha violencia también se explica por las consecuencias de la desintegración familiar. Hay una gran cantidad de niños en las comunidades marginadas de Costa Rica que se crían sin la figura del padre o con un padre ausente. Siempre hay excepciones, pero como consecuencia de la desintegración familiar muchas personas carecen de la estabilidad emocional necesaria para terminar los estudios, tener disciplina en el trabajo, honrar compromisos, y saber que se deben resolver los problemas sin violencia.

Otro punto importante es que la violencia comunitaria muchas veces empieza en el hogar. Si un niño sufrió violencia en su casa, o es testigo de violencia doméstica, tiene una probabilidad mayor a desarrollarse como una persona violenta. Una vez más, siempre hay excepciones, pero en una generación puede desarrollarse una cultura de violencia, pues es común que niños copian en la sociedad los comportamientos que han visto en su hogar.

Un aspecto fundamental que no se puede ignorar es la disponibilidad de armas, que éstas se hayan adquirido para defensa personal o por empresas de seguridad privada. La presencia y la disponibilidad de estas armas, que muchas veces superan el armamento de la misma policía, siempre es un riesgo, y más aún en comunidades vulnerables. Se habla muy poco de este tema, pero es incontestablemente un factor importante.

En cuanto a los detonantes directos de la violencia reciente en Tejarcillos de Alajuelita, me parece que tiene que ver principalmente con luchas entre diferentes bandas por el control territorial, y en el caso más reciente la intervención policial después de una denuncia de extorsión por un taxista.

 

¿Será que hay influencia de las maras o son solo simples delincuentes los que están cobrando en la comunidad?

No tengo información suficiente para determinar si hay influencia de las maras, pero sí es muy evidente que no se trata de simples delincuentes. Son bandas criminales organizadas, con una forma muy profesional de operar. Vemos que se trata de grupos sofisticados que tienen una jerarquía claramente establecida y una distribución de roles dentro de su organización. Tienen inclusive mecanismos de financiamiento, pues cobran peajes a personas y vehículos que transitan por las zonas bajo su control. También cobran un derecho de protección, que es como un impuesto que les cobran a los vecinos para dejarlos vivir con tranquilidad.

En México se conocen este tipo de cobros como “derecho de piso” y en Colombia como “vacunas”, y son claramente una fuente de inspiración para las bandas criminales de Tejarcillos de Alajuelita.

La existencia de ese tipo de extorsiones va más allá de simples asaltos o robos, pero indica que hay una organización detrás de todo esto.

 

¿Ve usted positiva la intervención de la Fuerza Pública o más bien contribuye a agitar las aguas?

Es un debate interesante.

Hay que reconocer primeramente que la mayor parte de la violencia en Tejarcillos de Alajuelita es el resultado de enfrentamientos entre diferentes bandas criminales por el dominio territorial, y mucho menos el resultado de la intervención de la Fuerza Pública. Cuando las diferentes bandas criminales pactan una tregua, o una banda llega a dominar a otra, generalmente hay menos violencia visible, aunque las extorsiones de la población continúen.

No estoy seguro que la intervención de la Fuerza Pública agite las aguas, pues casi siempre que hay operativos de la policía, las bandas criminales se esconden.

Más bien, el problema más grande es que la policía es muy ausente de la comunidad. En muchas comunidades vulnerables, la policía muchas veces evita entrar. En los medios, el alcalde de Alajuelita indicó que se reforzó la presencia policial en la zona de Tejarcillos con 2 vehículos, 6 motorizados y 4 oficiales que realizan recorridos a pie, pero me parece demasiado poco para hacerle frente a los números y al armamento de las bandas criminales.

En realidad considero que es imperativo que haya mucho más presencia de la Fuerza Pública en Tejarcillos. Con eso, no quiero abogar por una política de mano dura, pero tiene que sentirse la presencia de la policía en la comunidad.

 

¿Qué podrían ser posibles soluciones a la situación de dicha comunidad?

Como lo dijo Fernando Carrillo-Flórez en el 2007, ex-ministro de Justicia y del Interior de Colombia, “La problemática de la violencia es, como lo destacan muchos analistas, una especie de telaraña donde las causas – desde lo interpersonal a lo global – y las consecuencias están conectadas unas a otras. La respuesta, por consiguiente, no puede ser única ni referida siquiera a unas pocas variables, sino que debe obedecer a una multiplicidad de acciones en diversos campos.”

En otras palabras, no hay una respuesta fácil.

Lo que necesitamos es una política que combine una mayor presencia de la policía (y mayor justicia y represión) y un mayor énfasis en la prevención de la violencia. En otras palabras, con los policías tienen que llegar ejércitos de trabajadores sociales y educadores.

El ejemplo de la organización SIFAIS en La Carpio ha dado resultados muy positivos, y podría inspirar intervenciones similares en Tejarcillos.

No hay que ser idealista. No podemos resolver las cosas de forma inmediata simplemente con la creación de empleo o de oportunidades de estudio. Hay que atacar las causas estructurales de la violencia, en particular todos los aspectos que mencioné más arriba, en especial la desintegración familiar y la violencia doméstica.

A nivel nacional también tiene que haber un debate sobre la cuestión de la disponibilidad de armas y como se puede contrarrestar esa tendencia.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: