Las aguas profundas de la historia

roger-mirandaLo que está ocurriendo en Ucrania y Venezuela nos recuerda que no es el viento que agita el oleaje en la superficie lo que determina el curso de las corrientes oceánicas, sino la energía que liberan sus aguas profundas. Este dato sirve tener presente que tampoco son las “influencias externas” lo que hace que los pueblos se subleven contra los imperios y las dictaduras que los oprimen, hasta conquistar la soberanía nacional, la libertad y la democracia. La fuente que determina este comportamiento se encuentra, igualmente, en la profundidad insondable de los seres humanos que, junto con la carne, configuran su naturaleza integral de personas creadas por Dios, a su imagen y semejanza. Esta esencia única, irrepetible, que no está presente en las otras expresiones orgánicas e inorgánicas de la Creación, se llama Parresia, término griego que significa libertad del Espíritu Santo, y es un Don especial que solamente habita en los hijos del Creador. Así nos lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Plaza de San Pedro, al exaltar el carácter valeroso que distinguió a sus predecesores, Juan XXIII y Juan Pablo II, tras proclamarlos nuevos santos de la Iglesia.

San Pablo se refiere a este don de la Parresia cuando le dice en su carta a Timoteo: “Por lo cual te recuerdo que avives el fuego del don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos.” (2 Timoteo 1:6). Se trata, por extensión, de un recordatorio a todos los hijos de Dios para que no olvidemos que, a pesar de nuestra imperfección humana, fruto del pecado original, este don permanece dentro de nosotros, como una brasa que al avivarla hace que surja nuevamente la llama de la esperanza y la acción liberadora. Constituye, no cabe duda, un verdadero tesoro personal y comunitario, que la genial inspiración del poeta Rubén Darío ubica de manera alegórica en el corazón: “mi corazón será brasa de tu incenciario”. Habita, pues, en el fondo del corazón palpitante del pueblo, de todos los pueblos, que al avivar sus brasas han demostrado ser capaces de tumbar muros inexpugnables, acabar con sistemas totalitarios corruptos de dominación y… hasta abrir el mar!

Efectivamente, es en la profundidad del ser humano, de todos los seres humanos y, por consiguiente en la profundidad misma de la historia, donde habita esa esencia espiritual de energía liberadora que es la dignidad humana, y que constituye el sello inconfundible e inalienable, con que Dios ha ungido a sus criaturas. Esto no alcanzan comprenderlo aquellos que aún continúan raspando la superficie de la realidad de la vida con la uñas de su interpretación materialista y, por tanto, les cuesta mucho aceptar que es esta inextinguible llama de la dignidad humana la verdadera fuerza que mueve la historia desde sus profundidades.

Existen incontables muestras de esta incapacidad de los materialistas totalitarios para comprender y asimilar el alcance que tiene la fuerza profunda de la Parresia para transformar la historia, sin necesidad de recurrir al uso de divisiones bélicas blindadas para lograrlo, según las tesis fascistas sostenidas por Hitler y Stalin. Pero baste citar sólo dos muestras.

La primera es la de Vladimir Putin, al calificar como “tragedia geopolítica” (?) la histórica epopeya que significó para la humanidad el derrumbamiento pacífico del muro de Berlín, seguido luego por el colapso del inhumano sistema de gobierno de los gulags soviéticos. (Por eso, tras leer dicha críptica frase, que parece extraída del famoso “newspeak” orweliano, pensé que habría que revivir al autor de “La rebelión en la granja” para que nos ayudara a descifrar la intención que le subyace. Pero, con lo que ya está haciendo en Ucrania y en Siria este heredero de los zares “de todas las Rusias”, es obvio que no hace falta).

La otra muestra es esa repetitiva, ridícula y cansina afirmación de Nicolás Maduro de que son “factores externos” los que inducen al pueblo venezolano a protestar en las calles y plazas, por la escasez de alimentos, la inseguridad y la recurrente violación de sus derechos constitucionales.

Estos singulares actores, pues, como queda visto, en vez de rectificar persistan más bien en su error de querer imponer por la fuerza y el engaño (léase desinformación o “medidas activas”) su fracasado modelo totalitario, que los pueblos condenan y rechazan categóricamente. En efecto, con frases y mímicas extraídas del mismo guión de una vieja telenovela en blanco y negro, ambos intentan convencer a no se sabe cuál tele-audiencia con el cuento chino de que ahora lo que buscan es construir un “socialismo del siglo veintiuno”. Sin embargo, todavía no han logrado explicarnos por qué en su pantalla aparece siempre bailando la misma mona con el mismo rabo stalinista?

Pidamos, pues, la intercesión de nuestros nuevos santos papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, para que Dios ayude a comprender a todos los gobernantes del mundo, lo inhumano e improductivo que resulta invertir en proyectos sangrientos de dominación; y que, desde sus profundidades, la historia se mueve en sentido de la dignidad humana, para todos los pueblos del mundo.

1 Comment

  1. http://papafranciscovideos.com/video-y-texto-completo-homilia-del-papa-francisco-en-la-canonizacion-de-san-juan-pablo-ii-y-san-juan-xxiii-2/

    Estimado Dennis: Tengo a bien adjuntarte el texto de la homilía del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro en la que, al referirse a sus dos valerosos predecesores, hoy nuevos santos pontífices de la Iglesia, Juan XXIII y Juan Pablo II, los describe “llenos de la parresia del Espíritu Santo” (párrafo cuarto de la misma). De ese texto extraje dicho término griego, que me parece muy didáctico para graficar, desde mi particular opinión, la “esencia” del Espíritu Liberador del Señor que habita de manera imborrable, en todas sus hijos hechos a su imagen y semejanza. Hago esta acotación porque veo que, quizás por error inadvertido, la alusión clave de citado término ya no aparece en el “posteado” de mi artículo, diluyendo con ello la centralidad del mensaje, que es la “Parresia del Espíritu Santo”, la verdadera fuente que hace brotar la dignidad humana. Y que ésta, no otra, la verdadera fuerza de liberación que mueve la historia. Gracias por tu atención. RMG

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